Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
I A R I O I L usT RADO 1O í INF O R MA C I Ó N C ENE R A L t i FUNDADO EN 19O S POR DON TORCUATO LUCA DE TKNA ON el fallecimiento de don Bald o m e r o Argente ha desaparecido el único ministro de Alfonso XIII que sobrevivía a lo que bien pudiera llamarse- -y muchos así lo llaman: Antiguo Régimen en relación con la Dictadura del general Primo de Rivera. Ya no quedaba ningún ex ministro del partido conservador, ni del grupo que a los efectos de este recuento se pudiera calificar de t é c n i c o s- -l o s hubo ya, de tiempo ateas, empezando por militares y marinos- -ni tampoco dé aquellos otros hombres públicos que fueron llamados a los Consejos de la Corona, precisamente en atención a su independencia política. Don Baldomero Argente ha sido, pues, el último ex ministro liberal. Y por ese privilegio, entre gozoso y melancólico, que confiere la edad, cabía asignarleel decanato del periodismo de resonancia nacional y no sin ecos en la Prensa hispanoamericana. V muy pocos podían disputarle, entre las figuras de relieve por los cargos desempeñados a través de su larga vida, su condición de último de Filipinas Muy variadas fueron las actividades y experiencias vividas por don Baldomero Argente. En 1895 ya era redactor- jefe del Diario de Manila y muy a poco director de El Porvenir de Bisayas en Ilo- Ilo. Pero no podía sentirse ajeno a la lucha que por entonces sostenían con España los filipinos anhelosos de su emancipación y Argente se alistó en uno de los Cuerpos de Voluntarios que la urgencia bélica hizo surgir. Volvió a España ai arriarse nuestra bandera en el Archipiélago magallánico, bien ejercitada su pluma en los menesteres periodísticos a que le empujó su inequívoca e infalible vocación. Profcsionalmente, las realidades de la Prensa y de la política, estrechamente ligadas, justificaban la f r a s e tantas veces citada de Girandin: El periodismo es un camino que lleva a todas partes, con tal de salirse a tiempo de él. Pero Baldomero Argente no tuvo que abandonar ese camino, porque su especialización en temas políticos y sociales- -e s t o s últimos de creciente interés y tentadora n o v e d a d- -l e capacitaba, sin mayor esfuerzo, para el desempeño de cargos públicos. Y, en ese sentido, no tuvo que improvisar nada ni dar saltos de ninguna especie, porque de los escaños que ocupase en la Diputación Provincial y en el Ayuntamiento de Madrid, pasó a los del Congreso, y, disfrutando de la plena confianza del conde de Romanoncs, a quien siguió con acrisolada lealtad, fue llamado a la Subsecretaría de la Presidencia cuando el conde por antonomasia, formó Gobierno la primera vez, a raíz del asesinato del malogrado Canalejas. Luego fue Argente subsecretario de Gracia y Justicia y de Instrucción Pública. Y culminó su carrera política en 1918 al sentarse en el banco azul como ministro de Abastecimientos. La coyuntura no podía serle más desfavorable: la primera conflagración mundial era de recentísimo finiquito. Pero la liquidación efectiva habría de ser demoraaísitna. Argente hubo ABC de afrontar problemas harto complicados y no ciertamente en clima propicio a la- acción rápida y a colaboraciones ajenas al juego de los partidos, porque las cuestiones de carácter político- -catalanismo mal avenido, sindicalismo en pie de guerra y las Juntas de defensa en gravísima tensión- -no pudieron por menos de enredarse con la acuciante crisis de las subsistencias, y en la pugna de agricultores e industriales se malogró la gestión superatoria de Argente, que en uno de sus rasgos de independencia de criterio presentó la dimisión a los dos meses de haber recibido la cartera. Otros periodistas habían llegado- -prestigiados por el ejercicio profesional- -a los Consejos de la Corona: Mellado, Burell, Francos Rodríguez, por ejemplo. Pero la verdad es que la política había podido en ellos más que el periodismo, y ya no lo vivían, ni mucho menos, con la intensidad de sus buenos tiempos en las redacciones o en el sillón directorial. La vocación de Argente no conoció paréntesis y aunque ya no se consideraba en trance de dirigir, como a principios de siglo, periódicos de batalla, como lo fue El Globo ni de prodigar su asiduidad en redacciones como la del Diario Universal nunca dejó de colaborar en la Prensa- -dígalo La Vanguardia -ni en revistas c o m o las que, al modo de Nuevo M u n d o se abrían al comentario de la política nacional o internacional y a los temas sociales de actualidad candente, aquí o allá, si bien reservase al libro o a la tribuna académica más extensas d i s q u i siciones como las que hubieron de inspirarle, verbigracia, l a s teorías de Henry George, tan en auge p o l é m i c o a principios de nuestro siglo, o el problema de la tierra en g e n e r a l y la subsiguiente reforma agraria. Tierras sombrías y La esclavitud proletaria son títulos que claramente transparentan la preocupación dominante en el inquieto espíritu de Argente, cualificado por un tipo de estudios no tan difundidos hasta entonces como pudiera creerse, entre las más escogidas minorías políticas e intelectuales. Argente, como Dato, en la generación anterior, figura indudablemente entre los DIARIO ILUS T R A D O DE I N F 0 RM AC I ÓN GENERAL UN PERIODISTA Abra mercados a sus productos en lodo ei mando anunciándose en la Edición Aérea de ABC precursores de la todavía morosa política social, aunque el precedente de dotar a la Monarquía de este contenido venia de Cánovas. En los años sobremanera revueltos y azarosos que van desde las vísperas de, la Septembrina hasta la Restauración y correlativa normalidad, nace una generación de periodistas estimulados por la reacción conservadora claramente acusada en la actitud transaccional que hizo posible una convivencia que parecía utópica entre las revoluciones y guerras en la España peninsular tanto como en la ultramarina. De años bobos habló Galdos, sin apreciar las ventajas que la Monarquía revivida en Alfonso XII y la Regencia de doña María Cristina deparaba en relación con los años embravecidos. Y cuanto viniese después, a partir del 98, sería otra cuestión. Elfo es, por lo que hace a la Prensa, que ese grupo generacional evocado a propósito de Argente, se realzó con periodistas de muy acentuada y acrisolada significación. Pensamos, por ejemplo, en Salvador Cañáis, personalidad no por olvidada m e n o s acreedora a ferviente recuerdo; en Dionisio Pérez, en Gómez de Baquero... y al frente de todos ellos el gran Ramiro de Maeztu, hombre de pensamiento, y en su línea de cronista, Manuel Bueno. Pues bien, a ese patriciado periodístico perteneció Baldomero Argente, sin desviarse del camino a que se refería Girardin, ya que su inteligencia de largo alcance le hacía factible el compaginarlo todo, y si no dejó de escribir por hacer política activa, tampoco en su fe de monárquico leal conoció la tibieza como a l g u n o s otros ex ministros, menos avanzados que él en materia social y económica. En la longevidad no decayó él interés más vehemente- -señal cierta del periodista de razaí- -por el mundo que le circundaba. Estaba Argente siempre al día, o procuraba estarlo, luchando con la feroz Cronología, gozando en tonificarse con el recuerdo de sus afanosos e s t u d i o s Para que Romanones, en la zona nacional, conociese lo más puntualmente posible la vida en el Madrid rojo Argente le informaba, según tenemos entendido, sabe Dios a costa de cuanto esfuerzo y riesgo, a través de no menos aventurados enlaces. Era un servicio que, de corazón, le debía al conde, su jefe. Antes, mochos años atrás, los d o s fueron moretistas. Argente estaba casado con una distinguidísima mujer, Elena Prendergast, sobrina de don Segismundo. Y cuando éste le instaba a su sobrino para que le tutease, Argente replicaba, con elegante sencillez: Usted, ante todo, es mi jefe y preside gobiernos. Me s e r í a imposible apearle el tratamiento. A una sociedad jerarquizada, a un Estado constituido en Monarquía, tendió siempre don Baldomero Argente. De hacer política en Ingla- térra, hubiera sido, probablemente, laborista por sus m a t i c e s socializantes. En España, monárquico a todo evento. M. FERNANDEZ ALMAGRO D la Itta i Academia