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i. Reina Do 4 Amett y Don Alfonso X I I I berilo Carlos v DON ALFONSO X I I I EN LISBOA Por ñamón SIERRA E h 10 de diciembre de 1908. cuando aún no había cumplido los diecisiete años, llegaba a Lisboa, en. viaje oficial, el Rey Don Alfonso XHt para devolver la visita que, a la Corte de España, había hecho el Rey de Portugal, don Carlos I. Unos meses antes, Lisboa ge había engalanado también para dar una cordial y fastuosa bienvenida a Eduardo TO, Sobre los hombros de un monarca adolescente gravitaban las primeras y serias responsabilidades. La tradicional alianza anglo- portuguesa estaba en su cénit y el viaje del monarca británico había dejado una brillante estela; las relaciones hispano- lusas eran normales, pero afectadas todavía, en el ambiente popular, por los ecos de viejas y reiteradas querellas peninsulares. Era el primer viaje que Alfonso X m hacia al extranjero y por primera vez no estaba a su lado la Reina María Cristina. El primer ensayo, ante una Corte extranjera de los gestos amables, de las sonrisas, de las palabras justas, de los discursos, que había que pronunciar sin balbuceos, sin, vacilaciones cuando llegaba algrún trabalenguas. Su Augusta madre le había cuidadosamente elegido su colección de uniformes, y no faltarían las tradicionales advertencias maternas: No te quites el capote en los actos al aire libre; en Lisboa no hace mucho frío pero estamos en diciembre y es mejor que te abrigues bien. Ten cuidado con las bebidas fuertes. Haz honor a todos los platos que te ofrezcan pero no olvides que tendrás que probar muchos durante el día... Lisboa se disponía a recibir al Rey de España con estremadas gentilezas. El número bomba eran las iluminaciones de la avenida y de las rúas que iba a cruzar el real cortejo. En la plaza de Pombal, donde aún no residía la efigie del marqués, se había levantado un pabellón, uno de los muchos quioscos que adornaban la ciudad, destinado a los Reyes y sus séquitos. T un lector escribía al Diario de Noticias dando la voz de alerta: Cuando llegó Eduardo VTt- -decía- -estábamos en junio y las personas reales no pudieron permanecer en el pabellón de Pombal más de quince minutos, porque allí soplan siempre vientos fríos. ¿Qué va a suceder ahora, en el mes de diciembre? La capital se llenaba de forasteros. No había plazas disponibles ni en los hoteles ni en las fondas y la gente se metía en las casas particulares. Los cocheros iban a hacer su agosto, y habían fijado unos precios que los lisboetas consideraron escandalosos: diez escudos por todo el día y veinticinco por el día y la noche. Los presos de poca monta, los raterillos y camorristas, se dirigían a los periódicos suplicando que, para conmemorar la visita regia, se perdonasen sus delitos. La Es- cuadra española, representada por el acorazado Carlos V el crucero Cardenal Cisneros y el contratorpedero Audaz estaba anclada en el Tajo. Varios navios de guerra ingleses se preparaban también para rendir honores al regio visitante. Los periódicos publicaban vibrantes editoriales. En el Diario de Noticias se hacía un amplio examen del panorama internacional: Todo predispone a un risueño futuro, a no ser que las rosas oculten algunos espinos, preparando el aislamiento de Alemania, creándole una situación idéntica a la del primer imperio napoleónico Por su parte, Zeno decía en un artículo publicado en el mismo periódico: En cuanto España sea, en política, lo que en matemáticas se llama una cantidad despreciable nuestro valor es completamente nulo. Luego que España sea valor considerable en el problema europeo, la actitud de Portugal será un factor importante no sólo para España sino para Europa entera Y refiriéfidose a las relaciones lusoespañolas, se decía en otro trabajo: El único peligro para nosotros vendría de perturbaciones en el pais vecino. El medio de evitar esas perturbaciones, tan perjudiciales para nosotros, seria cooperar sinceramente con el Gobierno español en el engrandecimiento público y la prosperidad económica de los dos países Y también se escribe: Últimamente, por el concurso