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DIARIO I LÜS T R A D O DE INF 0 RMACI ÓN GENERAL ABC D I A R I 0 I L V S T R A D O DE I N F 0 RM A C I N GENERAh cional. Sus amigos le llaman el incorruptible, y ni una sombra altera la palidez de su rostro anguloso y macilento cuando se le ve pronunciar una inapelable sentencia de muerte. Se llama Maximiliano Isidoro Robespierre. Es el hombre virtuoso por excelencia, si por virtud se ha de entender el rigor implacable de la razón deificada. Pero, cuidémonos de creer que en nombre de la virtud sólo se destruye y asesina. La ética revolucionaria es enemiga asimismo del latrocinio y de la corrupción de las costumbres. La verdadera moral revolucionaria es implacablemente, férreamente ascética. El ascetismo de la revolución es el más riguroso, el más implacable que quepa imaginan No en vano el puritanismo nació también de Una revolución. Ahora bien, la ascética revolucionaria ha dado múltiples testimonios de su puritanismo moral: eri Francia se sometía al escarnio público a. los defraudadores de las remas del Estado, a los especuladores no fue mendr el rigor revolucionario contra la prostitución. Algo semejante se ha visto en otras revoluciones recientes, v. gr. en la Cuba de Castro allí se ha fusilado a negociantes inescrupulosos al paso que los jerarcas políticos se han esmerado de mostrarse limpios de todo afán de enriquecimiento y codicia. A muchos ha sorprendido el caso de la limpieza moral que exhibe el cine soviético, pero a quien comprenda el valor- -estudiado por Stheler en lo que tiene de grandioso y de terrible- -del espíritu ascético de las épocas revolucionarias, tal hecho no tendrá nada de misterioso ni desconcertante. La nota de austeridad que tan visiblemente impregna la vida colectñra allí donde se ha implantado el racionalismo metódico de la revolución, suele despertar en ciertos espíritus incautos un sentimiento de irreprimible admiración. Pero ya Scheler acertó a mostrar la honda diferencia que separa al autentico ascetismo, el que pertenece a la tradición del pensamiento cristiano, del falso ascetismo, el que se proyecta, Como un claroscuro de estricta moralidad y de terrorismo implacable, sobre el ambiente, tenso de zozobras y de ilusiones, en que se ha desencadenado la revolución. El espíritu de sacrificio y de desprendimiento de la moral cristiana, dice Scheler, en nada se asemeja a la ética revolucionaria, inspirada en el resentimiento y tan inconciliable con aquélla como lo es el amor con el odio. La moderna crítica histórica ha indagado con acierto las más hondas razones psicológicas jue hacen del tipo humano del revolucionario- -a la par virtuoso e inspirado en el más detestable fanatismo- -una de las figuras más representativas de nuestra época. Por lo que hace a la historiografía actual escrita en nuestro idioma, es importante destacar la claridad y la hondura con que estos temas han sido tratados por el profesor don Jesús Pabón. Su libro sobre Franklin y Europa contiene a este respecto un caudal de inobjetable y luminosa doctrina. Jorge SILES SALINAS P A R T E su estricta significación ¿tica, como cualidad espiritual opuesta al vicio, el vocablo virtud ha experimentado una singular evolución semántica, viniendo a designar, en diferentes momentos de la historia, ideas y actitudes humanas de valor muy dispar. Así, la virtus romana alude a una específica condición de fortaleza moral propia del vir por donde virtud, vigor y virilidad aparecen como conceptos desprendidos de una misma raíz significativa. Para el Renacimiento, en cambio, por boca de Maquiavelo, la virtú es el atributo de las almas fuertes a quienes la fortuna ha hecho conocer los azares y asperezas de la política. Pero es en los tiempos convulsos de la Revolución francesa cuando la palabra adquiere una más alta y clara resonancia. Se diría que no hay voz que haya alcanzado más dilatada expansión en los años finales del siglo XVIII que esta palabra breve, que los oradores de 1789 pronunciaban con una actitud parecida a la devoción, pues en ella cifraban toda su mística revolucionaria, su optimismo, sus anhelos de reforma social. Robespierre, Saint Just, Desmoulins, Vergniaud; en fin, todos aquellos utopistas del 89 proclamaban a la virtud como el ideal de vida del ciudadano. Todos deseaban revestirse del prestigio inmaculado de la virtud. En los discursos, en las proclamas revolucionarias, en la correspondencia privada de la ¿poca, en fin, en todas las expresiones de la vida y de la política aparece esta palabra mágica que parece concitar todos los fervores de aquel período exaltado y tumultuoso. A VIRTUD Y REVOLUCIÓN como en esta ¿poca turbulenta e idealista en que se asesinaba a mansalva a sacerdotes y a meros sospechosos al tiempo mismo en que se organizaban procesiones encabezadas por vírgenes y ancianos para rendir culto al Ser Supremo y a la diosa Razón. Peto, ¿qué significa, de un modo preciso, esta extraña virtud en cuyo nombre se guillotina? ¿De qué virtud se trata, supuesto que puede ella tan fácilmente conciliarse con la violencia y el terror? Sin duda, la virtud de los revolucionarios, reducida a. su más rigurosa acepción, no significa otra cosa sino una trasposición al plano de la política y de la ¿tica social, del racionalismo dominante en el siglo de las luces Ya desde Descartes se había preconizado una ¿tica rigurosa en que la razón- -convertida en la nueva divinidad de la ¿poca del Iluminismo- -debía prevalecer sobre las pasiones y reducirlas a ideas claras y distintas. De un modo cartesiano y racionalista proceden, pues, los revolucionarios al pretender reedificar con arreglo a principios abstractos el orden social definitivo y perfecto de la nueya Francia. La Revolución es, ni más ni menos, que un intento para reformar a fondo la sociedad conforme a un esquema racional. Este proceso de racionalización política, al pretender adecuar la realidad al esquema racional y no éste a la realidad, tiene ya que contar de antemano con el Terror. Dicho con otras palabras: no es posible la Revolución sin el Terror. Van, pues, descaminados quienes atriLa paradoja más honda que presenta buyen el río de sangre y la explosión de aquel momento histórico no es otra, sin rencor que la Revolución suscita nada duda, sitio aquella extraña mezcla de que más que a la maldad intrínseca de deterdan cuenta los documentos de la época, minados hombres, como Marat y Foude aspiración a la virtud, por una parte, quier Tinville. Los revolucionarios no y de ferocidad y dureza en la represión, son terroristas por perversidad, sino, fun. por otra. La Virtud coexiste con el Te- damentalmente, por obedecer a la forrror he aquí la singular fórmula que ma más inhumana e implacable del fadefine a la Revolución. Mientras más se natismo, a saber: el fanatismo de la mata, mientras más ancho es el caudal razón. Ahí le tenemos, al hombre en quien el del odio que divide a los franceses, a medida aue se hace más densa la sombría espíritu de la Revolución se halla encaratmósfera de intimidación que todos res- nado. Frío e imperturbable, no Conoce piran- -gobernantes y gobernados, vícti- forma alguna de amor o de inclinación mas y Verdugos- mientras más trabaja afectiva. Es el hombre que sólo ama su la guillotina, lo verdaderamente sorpren- idea, la idea de una Francia perfecta, edidente es que más se habla de virtud y de ficada con arréelo a un esquema mateincorruptibilidad moral. Además, esta ac- mático limpio de toda adherencia Irratitud es sincera. La aspiración a la virtud no es hija de Una torpe hipocresía. Es que los ideales de la Revolución comportan Un concepto de la vida humana en que la virtud constituye un ingrediente esencial. No en balde Robespierre adquiere lá reputación y el calificativo de incorruptible. Ni es extraño que Saint Just, el ángel terrible de la Revolución, al tiempo aue envía al cadalso a centenares de víctimas y pide la cabeza del rey, no tenga a menos invocar en sus Instituciones republicanas un mundo ideal de justicia y fraternidad en que los hombres que han vivido libres de culpa deberán vestir blancas túnicas, símbolo de su inocencia. Jamás han sido pronunciados de un modo tan enteroecedor los TELEVISIÓN conceptos idílicos de fraternidad y paz atención en fije su WERNER