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OLVIDO Y MISERIA DE FERNANDO DE ROJAS L Bachiller Fernando de Rojas fue el autor de la Tragicomedia de Calisto y Melibea libro también llamado lia Celestina que, según parece, fue leído y alcanzó bastante faina hace algo más de cuatro siglos. Su fortuna ha decaído tan profundamente que hoy seria difícil encontrar arriba de unas docenas de españoles que recuerden su nombre o que hayan leído su libro. Esto parecerá exagerado pero espero probar que no lo es. Contaré una curiosa historia, absolutamente cierta, que me ha sucedido no hace mucho tiempo. Una mañana se presentó en mí casa un señor alto, elegante, -ya de bastante edad, de voz honda y resonante. Llevaba una cartera y fue sacando de ella y enseñándome un testamento, unos cuadernos de partición y, por último, una especie de árbol genealógico en el que figuraban enlazados el nombre de Fernando de Hojas y el de mi propio visitante: don Fernando del Valle. Yo habia ojeado todos aquellos papeles con bastante incredulidad; pensaba que serian copia o apuntes suyos. Le pregunté, por hablar, si acaso él era descendiente o heredero de Rojas y si aquellos documentos eran reales. Así es, me contestó. Y le aseguro que por uno sólo de ellos me han ofrecido no hace mucho mil libras. Vi que la cosa iba en serio y leí el testamento y la hijuela. Allí estaba todo el contorno familiar del escritor, minuciosa, detalladamente descrito. Y también estaban señalados los lugares precisos de su tumba y de sus casas en la villa de Talavera de la Reina. Desde aquel día no he vuelto a ver a don Fernando ni sé qué habrá sido de aquellos documentos de Rojas que él poseía. E La ruina total de esta casa de Rojas, en Talayera, no es para ningún futuro lejano. ÍNSstfí 4 1 Í Í Í Hace unos días quise comprobar los datos del testamento y me fui a Talavera. Tuve la suerte de encontrar un magnifico mentor, raro ser que todavía recuerda el nombre de Rojas: Almiro Robledo. Con él estuve y reconocí el lugar donde con entera certeza (milagro único en nuestra historia literaria) sigue enterrado el autor de La Celestina bajo unas pesas, aros y cuerdas de una especie de gimnasio- corral, sin lápida ni la menor indicación que lo recuerde. Vi también la casa entre la Colegiata y el río a la que este año se ha hundido parte de la techumbre y de las tapias. Y vi el pórtico de la iglesia de San Miguel, tan recordada por el autor, transformado en humildísima vivienda. En una palabra, confirmé la idea que antes indicaba y que ya hace tiempo venía sospechando: ni Fernando de Rojas ni La Celestina Importan dos piñones a nadie en nuestro país: -Manuel CRIADO DE VAL (Fotos del autor. Es raímenle óüríosa ia transformación de esté pórtico de la iglesia de San Miguel, en l