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E N este continuo evocar el pasado que es el privilegio de la experiencia y de los años, personas, sucesos, paisajes y cosas reviven en nuestra imaginación con su regusto sentimental hijo del romanticismo. Dicen que recordar es volver a vivir, y uno siente dentro de sí el alegre, y a la vez triste, placer evocativo. Este retrotraerse en el tiempo, este volver hacia atrás, nos rejuvenece y conforta, hasta casi nos iníantlliza. Tai vez por eso, cuando la vida se va acabando, más nos gusta el sujetarnos a ese madero de la ilusión perdida que flota más o menos a la deriva, i Cuántas cosas, S e ñ o r han sucedido! ¡Cuántos seres queridos o admirados se los LOS QUE FUERON s MANUEL TOVAR llevó ese tremendo vendaval que va arrasando los campos de la vida! Hace poco- ¡cómo pasa el tiempo! -se han cumplido treinta años de la muerte de Manuel Tovar, del gran dibujante y humorista del lápiz Manolo Tovar, una de las figuras más representativas del Madrid periodístico del primer cuarto de aislo. Manuel Tovar, granadino dé nacimiento y madrileño por voluntaria adopción, formó parte de aquella ilustre pléyade de artistas que dieron vida y carácter al Madrid literario y teatral, noctámbulo y bohemio de una época perdida en los encantos sui generis de la belle époque Yo recuerdo a Manolo Tovar sin que el tiempo haya podido borrar en mí su fisonomía, su carácter, su manera de ser y de sentir, con aquel alegre privilegio de su humor y simpatía. Olla, Tovar, XltUaS ró, Fresno y Silencio llenaron toda una época de la dibujística española. Puestos a elegir en el arte y en la obra de Manolo Tovar, no sabríamos qué distinguir mejor, si la caricatura personal, en la que fue maestro, el chiste político o el mono de costumbres. En todo alcanzó Tovar el diploma de la supremacía Corren aquellos años de antes y después de la Guerra del 14. Madrid es la ciudad alegre y confiada que vive su vida al margen de todos los conflictos internacionales. Madrid entero es un saínete. La puerta del Sol y la calle de Alcalá, hasta la Cibeles, es el más gracioso escenario en el que se desenvuelve la noble y rancia picaresca española. Bien pudiera aplicarse aquella docta sentencia de nuestro inolvidable don Jacinto: Gente de toda condición, que en ningún otro lugar se hubiera reunido, comunicábase allí su regocijo; que muchas veces, más que de la farsa, reía el grave de ver reir al risueño, y el sabio al bobo, y los pobretes de ver reir a los grandes señores, ceñudos de ordinario, y los grandes de ver reir a los pobretes, tranquilizada su conciencia con pensar ¡tan bien los pobres ríen. Que nada prende tan pronto de unas almas en otras como esta simpatía de la risa Aquel Madrid de Fw nos, de Parisiana, del Suizo, de Pombo y Platerías, de Maxlm s y doña Mariquita, aquel Madrid elegante, presumido y postinero de las cenas de Lhardy fue muriendo poco a poco, conforme los hombres que le animaban obtenían su pasaporte para ese viaje sin fin, para el que no hace falta el peso molesto de las maletas. ¡Madrid, del año 1920! Van quedando atrás los días de El Cuento Semanal de Los Contemporáneos La novela teatral La novela corta Se vocea en la calle La Acción La Libertad Heraldo de Madrid La Correspondencia de España El Imparcial La Tribuna ABC, La Libertad La Voz E 1 Sol El Debate Blanco y Negro La Espera Nuevo Mundo Mundo Gráfico M Mentídero Hay crisis frecuentes en el Gobierno y de vez en cuando el anuncio de alguna huelga por pequeñas reivindicaciones sociales. España va tirando, tirando, como vulgarmente se dice. La Prensa madrileña está en todo su apogeo. Hay un gran plantel de directores, de colaboradores literarios y artísticos. La crítica cumple su alta misión, en manos de ilustres personalidades de las letras. Un estreno es un suceso. La zarzuela, y todavía el género chico dan días de lauro y de prestigio. Madrid se acuesta tarde. Con las primeras luces del alba se disuelven las tertulias, al tiempo que salen a la calle los barrenderos y suenan los enérgicos timbrazos del primer tranvía Todo Madrid, dijo un día un poeta, ea un piropo. Todo Madrid, digo yo, era un saínete. En esta atmosfera, en este ambiente, Manuel Tovar creaba sus célebres caricaturas. En los últimos años de su vida yo le vi trabajar en su finca de Chamartin muchas m a ñ a n a s en el mono que a diario escribía para La Voz Dibujaba mientras sostenía una conversación; mientras comentaba con su fina ironía y gracejo andaluz el suceso del día. Manolo Tovar era un hombre feliz. Se acabó su vida de repente. Después del almuerzo, tomando el café. Su vida no fue larga, pero sí fecunda y provechosa. Se fue sin decir adiós, sin. despedirse de nadie, como si no quisiera molestar. Se fue silenciosamente, como si fuera a volver a vernos. De vez en cuando viene a nuestro recuerdo, que es una forma incorpórea de retorno y, como el gran fray Luis, parece que quiere repetirnos: Deciamos ayer... y ese ayer se repite un día y otro día como una supervivencia de su persona. Mariano SÁNCHEZ DE PALACIOS