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¡Cierto! ¿Y crees que Extremadura es tierra apta para formar escultores? -No es que lo crea, sino que tienes el ejemplo de que mi pueblo, Emérita Augusta fue siempre tierra de escultores. No hay más que pasearse por su Museo para darse cuenta de que allí existió una personalísüna escuela: la emeritense. Yo soy romano por la gracia de Dios y a los míos me debo. ¿Tienes la pretensión, como Platón o Miguel Ángel, de descender de una nobilísima familia? No tengo pretensiones de lo que en mis padres fue natural. ¿Recuerdas el ama de Gabriel y Galán? Esa fue mi madre. Y mi padre, un gran señor en el cual se cebó la desgracia. ¿Y por tal desgracia de índole económica partiste de cero? -Casi. En mi casa pensaron en una carrerita corta para que la vida me fuese leve. -Pero, ¿úe dónde arranca tu vocación de escultor? -Era un sueño de niño que se hizo acuciante cuando me vi oblisrado a fresar muebles y barrer el taller de antigüedades de don Antonio López, en la calle de Santa Catalina. Entonces observé que los tallistas oficiales realizaban obras sin saber casi dibujar, y pensé que yo podía hacer lo que ellos. Fue cuando comenzaron mis estudios en el Casón del Buen Retiro y en la Escuela Superior de Bellas Artes. ¿Me quieres decir algo genealógicamente del apellido Avalos? -Desconozco a fondo pergaminos y genealogías de mi apellido. Pero amigos, muy sabidos en estas cosas, me trajeron libros y me hablaron de parentescos con los títulos de Bastos y Pescara, y hasta del arqui-