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ARTE Y ARTISTAS tiste haya de ser forzosamente la de Ben- üdades- que parecen dadas por el tiempo, venuto Cellini, en cuyo inquieto taller le. así Bfcencillas y perfectas son, mas, habría gustado trabajar a Kaydeda; la de ¡cuanta invención para conseguir estas Yelázquez, por el contrario, fue una estre- apariencias naturales! Cuánta contenida lla tranquila. Pero hemos Querido perfi- imaginación, cuánto lujo frenado y translar humanamente a Kaydeda porque pare- formado en objetos austeros, cuantísima cen corresponderse el signo aventurero de noble artesanía en esta obra tan de hoy y su vida y la proteica aventura de su arte. tan intemporal. Las obras que expone en la Sala del Prado, en efecto, significan una pura búsqueJOSÉ MANAUT da, una constante experiencia con los materiales: con el hierro y con ei barro, con José Manaut Viglietti (liria, Valenla madera y con el vidrio. Cualquiera de cía, 1838) obtuvo el titulo de profesor de estas obras es, además de un logro intrín- Dibujo en 1923. En 1930 fue nombrado ayusecamente bello, un experimento muy per- dante de Cecilio Plá; en 1936, ganó una sonal. cátedra de Dibujo, y desde 1946 es proKaydeda, aunque perfectamente ambien- fesor de artes plásticas en el Liceo Frantado en su tiempo, parece un artista so- cés de Madrid. Su trayectoria académica litario, sin fácil filiación, autor de muy es así de clara también en su obra, en la ingeniosas y perdurables artesanías. Pinta, que no es difícil advertir la luimnística esculpe, hace cerámica, dibuja. pero nos huella de su maestro Soroüa, al que Madesfilan como móviles montañas df algodón. El paisaje urbano está realizado aquí en en su preceptiva versión arqueológica, con la Plaza Mayor de Trujillo, las ruinas de Mérida o las de Ampurias, en las que el dibujante confirma su dominio del oficio. Y después, el Mediterráneo, siempre azul. Se trata, como es de imaginar, de una ortodoxa visión de España, fiel y pormenorizada en sus diferentes luces y perfiles, de la cual prefiero yo la correspondiente a Vizcaya, menos luminística y captada con una soltura de acuarela. Creo que es en las pequeñas notas de color donde más notablemente se expresa José Manaut Viglietti. Y saludemos, de paso, la aparición de esta nueva sala de exposiciones, excelentemente dispuesta por la Editora Nacional, sala donde las obras de arte que se expongan tendrán siempre el noble acompañamiento de los libros. RIBERA BERENGUER Juan de Ribera Berenguer (Valencia, 1935) está empeñado en elevar la basura a categoría estética, mejor dicho: para él es la basura un pretexto temático no exento, ciertamente, de alguna originalidad. No es la poetización de la basura en sí, como tan entrañableblemente ha hecho Rafael Morales, sino la trasposición del basurero a constante temática de sus cuadros, desposeído ya de su realista tufillo de muladar. Es una basura transformada en oros apagados y en finos carmines, paradójico motivo pobre suntuosamente desarrollado, tratado con una rica paleta preciosística. Recordábamos de Ribera Berenguer un bello gouache titulado Ave en la noche muy en línea de Viola. Ahora es otro el pintor, con su teoría de escobas casi en relieve de tan empastadas como están, con su reiterada serie de suburbios barojíanos exultantes de color. Si esta pintura no fuera opulenta, barroca, sus motivos podrían ser una lección de franciscano hallar: hojas de col podridas, cochecitos de niños desvencijados, canastas miserables a las que, milagrosamente, les brota alrededor, oro y carmín. El despojo como protagonista de un cuadro que, íntimamente, pugna por ser lujoso, la contradicción entre el asunto y su técnica. Sin duda que estamos ante un pintor demasiado empastado, sí, pero que se expresa con genuina dicción pictórica, que monotoniza su pintura hermosa por ese obsesivo, y bastante pueril, variar sobre un único tema. Ribera Berenguer quiere hacernos ver que su musa es el basurero, pero pero yo creo que su temperamento está más cerca del palacio de Dos- Aguas, que es el máximo rococó de Valencia (EVBOSCO) Juan de Ribera Berenguer: La cesta (Galería El Sosco I, equivocaríamos si tratásemos de adscribir- naut Vigli tti ha dedicado recientemente lo a cualquiera de esas artes. Es, por se- un buen libro. Viendo ahora su exposición parado, todo eso, pero su originalidad hay en la Sala de la Editora Nacional, por él que localizarla en su capacidad de integra- inaugurada, se ve también hasta qué pundor. Compone suntuosos cuadros de sor- to puede darse una fidelidad al origen, leda entonación, con calidades fantástica- vantino en este caso, y una duradera admente esmaltadas, pero la pintura que miración por su primer modelo pictórico, emplea, mágicamente, pueden ser limadu- Sorolla y su pasión por la luz. ras metálicas, polvo mineral vibrante de coManaut Viglietti gusta de los cielos lulor, con calidades táctiles que hacen pan- minosos, de los tonos encendidos del alba sar en un Kaydeda alquimista. y del atardecer, de la rápida pincelada que ¿Pretende producir en su taller un frag- deja su leve impresión sobre la tela ligemento de naturaleza, la veta misteriosa de ramente imprimida. Y es en el paisaje, nalina piedra profunda, la volcánica fundi- turalmente, donde más a gusto se siente el ción del hierro o de la plata, la última luz pintor, cara a la sierra del Guadarrama, que el crepúsculo va abandonando en un en la que descubre luios y nieves; frente charco o en el tronco de un árbol escon- a los soleados campos de Cnptana, o perdido Son algunas de estas obras, sí, tro- diéndose entre las luminosas calles de zos de naturaleza en los que el artesano ha Chinchón y de Sigüenza, o a orillas del Heinfundido su aliento creador. En sus pin- nares, donde el sol de la tarde tiñe de roturas al sílice y en sus cerámicas hay ca- sáceos tonos los cerros y los cúmulos que ALICIA MURIEL Alicia Muriel (Sala Abril) es, j n primer lugar, puro y delicioso dibujo. Sus cuadros son eso: lindos dibujos oleados sobre hirsuta arpillera, sobre las que consigue efectos de un realismo muy grato. Sus temas tiran a un dulce melodrama, pero se salvan por la ternura con que están tratados. Tiene paisajes que parecen líricos de- j corados maltratados por el uso, composi-