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HACE YA 83 AÑOS FUE FUNDADA EN BARCELONA LA COMPAÑÍA GENERAL DE TABACOS DE FILIPINAS Se debió a la i n i c i a t i v a del i l u s t r e y muy querido marqués de Comillas A pesar de las penosas vicisitudes sufridas por el archipiélago, y cuyas salpicaduras alcanzaron a la Compañía, ésta se impuso con sacrificio y las superó con elevadas miras En la larga y fecunda g e s t i ó n ha ido engrandeciéndose la obra hecha La Compañía General de Tabacos de Filipinas, S. A. (Tabacalera) se constituyó en Barcelona, el 26 de noviembre de 1881, por iniciativa del Excmo. Sr. D. Antonio López y López, primer marqués de Comillas, juntamente con el Banco Hispano Colonial, la Sociedad General de Crédito Inmobiliario Español y el Banco de París y de los Países Bajos. El objetivo de la Sociedad era el de hacerse cargo de la explotación de las fábricas tabaqueras que el Gobierno español poseía en Filipinas, en donde acababa de decretarse el desestanco del tabaco, y también el más general y ambicioso de valorizar las riquezas del archipiélago, desarrollando la agricultura, la industria y el comercio. En cumplimiento de sus fines, la Compañía no sólo arrendó las cinco fábricas del Gobierno español, anteriormente explotadas en régimen de estanco, sino que creó una propia, la fábrica de cigarros y cigarrillos La Flor de la Isabela inaugurada en 1895 y que sigue operando en la actualidad, mundialmente conocida por sus marcas de cigarros y cigarrillos. Para la compra de tabaco rama con destino a la exportación, la Compañía estableció una tupida red de agencias y subagencias en las zonas tabaqueras, con almacenes para el beneficio, clasificación y preparación del tabaco. También adquirió en 1882 importantes haciendas en el Valle de Cagayan, bajo el nombre de San Antonio Santa Isabel y San Luis en las que desde entonces viene cultivando tabaco de primera calidad. Superada la difícil crisis que la guerra hispano- filipina- forzosamente hubo de representar para una corporación española, y establecida en Filipinas la soberanía norteamericana, la Compañía prosiguió su marcha ascendente, consolidada durante los años de la primera guerra mundial, iniciándose en los negocios de compra y exportación de azúcar, copra y abacá, mediante la creación de una nutrida red de agencias compradoras. Dada la pobreza del sistema de comunicaciones y transportes en aquella época, hubo de crear la Compañía una importante flota de su propiedad que se mantuvo en servicio hasta las vísperas de la segunda guerra mundial. También creó, en 1937- una Compañía de Seguros, la Tabacalera Insurance Co. En los primeros años del siglo inició la Compañía el cultivo en gran escala de la caña de azúcar, en la extensa hacienda Luisita en Tarlac, y en la hacienda San José en S a n C a r l o s Negros Oriental. También participó activamente en el desarrollo de la industria azucarera, con la creación de dos sociedades. Central Azucarera de Bais (1918) y Central Azucarera de Tarlac (1927) haciéndose cargo de la gerencia general de las mismas. En 1940 creó la Compañía de Celulosa de Filipinas, estableciendo en Bais (Ne- gros Oriental) una de las primeras plantas industriales en el mundo para la elaboración de papel y cartón mediante el aprovechamiento del bagazo de la caña de azúcar. Durante los veinte años que van de 1919 a 1939, las actividades de la Compa- En ei corazón de ía capital, a dos pasos dé la plaza de Cataluña, en la rambla de los Estadios, se levanta con su señorial empaque el edificio, sede social, de la Compañía General de Tabacos de Filipinas, en Barcelona, nía en Filipinas e x p e r i m e n t a r o n un asombroso crecimiento. Convertida en una de las empresas más importantes y famosas en el país, con cerca de 27.000 personas dependientes de ella, la Tabacalera constituyó, no sólo en el orden económico, sino también en el social y cultural, un símbolo de la permanencia en Filipinas de los intereses y de la vida española. Bien pudo decir de ella en 1935 el presidente Hon. Don Manuel L. Quezón: ha continuado en el terreno de la cooperación fecunda la labor de progreso aquí iniciada y emprendida en el dilatado espacio de tres siglos por la nación española La segunda guerra mundial, la ocupación de Filipinas por los japoneses y la posterior liberación de aquel país por el Ejército norteamericano, representaron una gravísima crisis para la Compañía, Vio destruidas casi todas sus instalaciones y fábricas e incluso el edificio de sus oficinas centrales en Manila, en la calle del Marqués de Comillas, y paralizados la mayor parte de sus negocios. Llegada la paz, y elevada Filipinas a la categoría de Estado independiente y soberano, la Compañía emprendió en circunstancias particularmente difíciles, la apremiante tarea de reconstruir sus instalaciones y negocios, abriendo nuevamente sus centros de compra de azúcar y tabaco y poniendo en marcha nuevamente las industrias filiales. Esta etapa de reconstrucción y consolidación resultó prolongada, debido a las circunstancias por las que entonces atravesaba Filipinas, y también a las que experimentó España durante el mismo periodo, pudiendo decirse que no concluyó hasta 1953. Con la iniciación del mandato del presidente Magsaysay adquirió singular empuje en Filipinas la política de industrialización, iniciada ya por su antecesor, el presidente Quirino. En este terreno, adaptándose a las nuevas condiciones vigentes en el país, la Compañía tuvo la principal iniciativa en la incorporación, juntamente con un grupo de capitalistas filipinos, de Salt Industry of the Philippines, para la obtención de sal industrial, haciéndose cargo de la gerencia general de la nueva industria, que comenzó a operar en 1959. Dos han sido los objetivos principales perseguidos por la Tabacalera en esta nueva etapa de su brillante historia en Filipinas. El primero ha consistido en un reajuste de la estructura general de sus actividades e inversiones, poniéndolas más en consonancia con las necesidades y con las condiciones económicas y sociales imperantes hoy en Filipinas. El segundo ha sido el de buscar una cada vez más estrecha cooperación con los grupos capitalistas y empresariales filipinos. Con ello se abre, sin duda, un nuevo período de la historia de la Tabacalera en Filipinas, en el cual, adaptada la Compañía a las exigencias del presente, sin duda habrá de realizar una labor tan beneficiosa y fructífera como la desarrollada en el pasado. -N. P. B.