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bre todo, en la cuenca del Guadalquivir, y todo el Sudeste. Las nevadas y precipitaciones líquidas, según regiones, que se han producido, de una manera casi general al comenzar la segunda decena de este mes, no han pasado de- -constituir un alivio de la situación, sin que falten importantes excepciones que se refieren a dilatadas superficies puestas por el momento fuera de peligro, como sucede en todo el litoral mediterráneo, en muy ancha faja interior y en las islas Baleares. Lo esencial era que se quebrantase la cortesía del suelo, que se había tempanlzado en los terrenos fuertes y oprimía el cuello de las tiernas plantas, a la vez que impedia la salida al exterior del brote del grano germinado. Sin humedad a fondo, no se puede decir que se haya producido una acción de capilaridad o de contacte entre la leí subsuelo y la superficial, porque la primera no existía. Las recientes condensaciones han tenido solamente efectos superficiales que, naturalmente, no podemos desdeñar desde el punto de vista puramente cerealista, pues se ha producido una mutación favorable. Esta transformación se refiere a una especie de súbito cambio de los matices de la campiña. Los sembrados que estaban nacidos aparecen ahora vivificados, con más saludable verdor; y sobre el pardo manto terreo que cubría la semilla oculta y dormida se insinúa el brote vegetal, con lo cual parece que se reducirá mucho el área para la que estaba prevista la resiembra. Por otra parte, la misma brevedad de las precipitaciones, seguida del retorno de la estabilidad atmosférica, que aparece como poco segura, ha permitido echar otra vez tractores y yuntas al campo para intentar la conclusión de la siembra. En esta situación se hallaban a primeros de diciembre, por lo que se refiere al trigo, unas 500.000 hectáreas, lo que representa aproximadamente el 12 per 100 de la superficie total de cereal rey- -unos 4.100.000 hectáreas- para la campaña 1964- 65. Por otra parte, en esa misma fecha el trigo sembrado y no nacido todavía, o con nascencia deficiente o irregular, debido a la sequía, quizá no bajara de 1.500.000 hectáreas. Ya hemos dicho antes que a partir de la semana pasada el panorama se ha hecho menos hostil, y confiamos que para la próxima podamos registrar un cambio sustancial del mismo, en sentido favorable. Por esta misma época el año pasado la superficie triguera que estaba por sembrar era de unas 400.000 hectáreas, debido a los grandes temporales de lluvias, copiosas nevadas y fuertes heladas que se sucedieron durante el mes de noviembre y primera quincena de diciembre. Esta situación se vio agravada con el desbordamiento de muchos ríos y por el eneharcamiento de dilatadísimas extensiones cultivadas, especialmente en Andalucía y Extremadura, que tuvieron que ser resembradas. A esas calamidades se sumaron las pérdidas ocasionadas en el algodón y en el maíz, por retraso en la recolección y daños en las producciones y las penosas condiciones en que tuvo que efectuarse el arranque de la remolacha azucarera y la recogida de las patatas, por estar convertido el terreno en lagunas y barrizales. Para la floricultura de la Maresma barcelonesa fue luctuosa la helada que se produjo la noche del 14 al 15 de diciembre, porque arrasó la producción de claveles y de lechuga trocadero. Este año, en cambio, se ha puesto fin, sin novedad, a la recolección de diversas cosechas de otoño, entre ellas, las de algodón y de maíz, mientras continúa la de la remolacha azucarera sin más contratiempos, en este último caso, que el derivado de la capacidad del terreno, atenuada ya en parte. Como se recordará, pese a aquellos diluvios, nevadas y hielos de noviembre y diciembre, se llegó a los primeros días de mayo de este año con un panorama nacional cerealista tan prometedor, que de un modo autorizado se dijo que existían posibilidades de que recolectásemos cosechas records en particular por lo que se referia al trigo. Pero después, ese mismo mes de mayo, con su sequía atroz y sus vientos abrasadores sin precedentes en España, guillotinó todas esas esperanzas que, ciertamente, aparecían como bien fundadas. ¿Qué nos reserva el año agrícola 196465? Nos guardaremos muy bien de formular vaticinios. Hemos de esperar a ver cómo evoluciona esta segunda quincena de diciembre, en el orden pluviométrico y en el térmico. Lo ocurrido en los pasados días ha sido un primer impulso hacia adelante, pero nada más. Si volviese a llover pronto, seguirían disipándose las graves preocupaciones que había en lo que concierne a la evolución de la nueva campaña agrícola. Elíseo DE PABLO (Fotos Sanz Bermejo. -V f i. -rf ¿Naperá? ¿No na eré? M Estas eran las p f tiUs que se hacián, llenos te Inquietud, mucho Jabradoee porque no veto germinar la se mlila. en a gunas tonas por falta de humedad. La reciente precipitaciones, aunque na Imoortantes han servido para originar la sa ida de la piúmula de la ptontas i estertor. -Apenas se destacan los UMos, pero un verdor IneU Fíente matiza ya el que era, pardo color del suelo. ¡Suena suerte! J j