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ULTIMO GRAN CUADRO DEL ESCORIAL, RECIENTEMENTE INAUGURADO Pedro Martínez- Tavera, CS padres agustinos de El Escorial han conmemorado en estos días, con un homenaje religioso- estético- litera rio, el recuerdo de los ciento ocho mártires del Real Monasterio, inmolados por la persecución roja durante la cruzada. Presidió los actos el propio general de los agustinos, padre Luciano Rubio, miembro de la misma comunidad escurialsnse y primero de esta procedencia en el generalato de la Crden, quien también en su hora compartió con los mártires la prueba de prisión y calvario en las cárceles de Madrid. Le acompañaban en la presidencia el superior provincial de los agustinos escurialenses, padre Gabriel del Estal, y los demás provinciales españolas padres Isidro Martin, Modesto Santamaría e Isaac ínsunza, juntamente con los tres superiores locales del Real Sitio, padres Saturnino Alzarez Turienzo, Licinio González y Víctor Escancian A ellos se unían, en sitiales de h o n o r las autoridades del Patrimonio Nacional. Ayuntamiento, Parroquia y relevantes representaciones de la Crden agustiniana y sociedad de San Lorenzo. Los ciento ocho mártires agustinos de El Escorial ofrendaron sus vidas a Dios, bajo los fusiles del marxismo, en distintos días y lugares. De un solo golpe, sesenta y tres de ellos, sacados de la cárcel madrileña improvisada de San Antón para el paseo de la ruarte triste fueron sacrificados en Paracuellos del Jarama, ahora en su honor Paracuellos de los Mártires, en los días 28 y 30 de noviembre de 193 S. Ee ahí el porqué del recuerdo, precisaman. te en estas fechas. El número central del homenaje consistió en la presentación al público del cuadro que lleva por título Mártires Agustines de El Escorial obra del pintor Pedro Martínez- Tavera, Es éste un lienzo de grandes proporciones, 6 X 5 metros, concebido en línea de inspiración clásica, a tono con los imperath os estéticos de El Escorial y respondiendo en ejecución y logro a sus máximas exigencias. Puede contemplarse en el Claustro Alto de Evangelistas, dentro de la antigua Sala de Capas, que desde ahora se llamará Sala de los Mártires En la disciplina interior de este óleo, ultimo de los grandes de El Escorial, perfectamente ajustado a la serenidad y pureza L de la arquitectura que le sirve de marco. se perciben fuertes irradiaciones coloristas y ambiéntalas, emanadas del San Mauricio del Greco, y de Los fusilamientos de Goya, sin desmerecer notablemsnte en el modo y con continuidad de formas y valores. El juicio de la crítica recoge estas motivaciones básicas, no ajenas a la mente generadora ni a la confesión explícita del autor, con sentencia de elogio francamente favorable. Transcribimos seguidamente una explicación del cuadro, original dsl propio autor. Martínez- Tavera. He dividido el lienzo en dos partes fundamentales: figuras humanas de mártires y ejecutores, en la mitad inferior; representaciones alegóricas, en la parte media superior. En la parte inferior, a la derecha, represento, vestidos con indumentaria y atusndos bélicos, a los ejecutores de estos fusilamientos. Unos, en plena acción agresora, disparan y gritan amenazadores, envueltos en un ambiente de polvo y humo, que vela una lejanía de milicianos con banderas. Otros, en primer término, expresan su asombro al contemplar la resignación, paz y alegría con que los religiosos aceptan la muerte: uno vuelve la cabeza, horrorizado: otro, arrepentido, pisotea la bandera roja... En el centro, a la izquierda, he situado el grupo de mártires. El padre Avelino Rodríguez, vestido de hábito y dando la absolución a sus hermanos de martirio, se destaca del conjunto. A sus pies, uno, en el instante de morir, deja caer el rosario que, hasta entonces, había conservado fervorosamente entre sus manos. Hacia, el centro, figuras orantes que viven los últimos momentos, ya casi fuera de lo terreno, envueltas en la suprema Verdad, despreocupadas del dolor que el tránsito pueda producirlas, y manteniendo en sus expresiones la alegría y la paz de los santos. En segundo término, el gesto caritativo de uno que sostiene a otro ya fallecido, con cariño y hermandad, en actitud de ofrecimiento y ayuda. Y en primer plano, un cuerpo yacente sobre un madero, símbolo martirial. Más a la izquierda, el grupo compacto de religiosos que ofrecen serenos su vida por Cristo. Entre estas figuras, muchas de ellas de significado renombre, los retratos de los padres Juan Monedero, Conrado Rodríguez, Benito Rodríguez, Mariano Revilla, Gerardo Gil, Julián Zarco Cuevas y el pintor fray Macario Sánchez. Delante de ellos, una interpretación simbólica de la grandiosidad espiritual que poseían los mártires agustinos, representada en dos figuras, una de las cuales sujeta ex crucifijo en sus manos, y la otra dirige la mirada al cielo. En la parte superior, por el centro, entre el polvo y el humo, surge una estela luminosa de mártires, que ascienden entre un desgarren de nubes. Un ángel les presenta la corona y la palma del martirio, como estímulo. San Agustín, vestido de hábito y con las insignias episcopales, tenidas por ángeles, intercede por ellos y reciba jubiloso las almas de los caídos. Como notas representativas, tanto de la precedencia de los mártires como del lugar del martirio, aparece el Real Monasterio de El Escorial y un paisaje de pinos, aún existente en Paracuellos. Posiblemente alguien piense que el cuadro carece de dramatismo. Quiero advertir, a éste, que una representación excesivamente dramática estaría justificada, si me hubiera propuesto representar la barbarie de los milicianos, y no la sublimidad y espíritu de los mártires. Intencionadamente he tratado de evitar exageraciones, porque mi propósito ha sido dejar un grato recuerdo a los agustinos de El Escorial, de sus hermanos inmolados. Esta es la razón de haber prescindido, en ios primeros planos, de mutilaciones, heridas, abundancia de sangre... Ss traba de conmemorar el hecho glorioso del martirio, no las circunstancias desagradables, ni los sucesos posteriores al mismo. He preferido conservar la anatomía y belleza de los desnudos de primer plano, y no empobrecer con borrones y salpicaduras de sangre, profusamente repetidos, las figuras que, por otra parte, tienen en conjunto un sentido simbólico Nada queremos agregar a las modestas palabras del autor. Ofrecemos aquí una vista general del cuadro, un momento de su presentación a las autoridades, con explicación gráfica de motivos por el artista, y una instantánea del mismo. UN AGUSTINO SUPERVIVIENTE DE I, A TRAGEDIA