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ü I ARI 0 T R AD 0- G I L U SD E I N- F 0 RM A C I 0 N ENERAL ABC FUNDADO EN 1305 POR DON TORCUATO LUGA DE TENA D I A RIO I L U S T R A DO D E I N GENER Á F 0 R M AC I 0 N L E recibido por correo un recorte de un p e r i ó dico titulado Prensa libre que se publica, por lo visto, en América, donde se contiene un artículo con el título Un episodio de la España franquista en Salamanca Se refiere a un episodio ocurrido en la celebración del Día de la Hispanidad en la Universidad salmantina el 12 de octubre de 1536, y cuyo protagonista fue don Miguel de Unamuno. El relato no contiene casi una línea que se ajuste a la verdad histórica. Yo me apresuro a suponer aue tío se trate de mentiras urdidas de intento, sino de errores debidos a la deficiente información, al tiempo transcurrido y a la pasión. Y hasta esto último lo disculpo. En todo diálogo de español exiliado y español en España la obligación de serenidad y ecuanimidad hasta la inocencia está de parte del que escribe desde España, Yo no sé si llegaría a la mentira, pero sí llegaría a la hipérbole y a la trampa si, estando fuera, con ello creyera que podía aligerar el recobro de ese supremo privilegio que es vivir en su Patria, H LA VERDAD DE AQUEL DÍA conferencia de Millán a la que Unamuno replicó con gallardía. No hay tal cosa. Nosotros, Maldonado y yo, hicimos dos oraciones puramente universitarias de Hispanidad. Al acabar nosotros, sin que Millán, que estaba en el estrado como público, hubiera dicho ni pío, se levantó don Miguel: cosa que a nadie extrañó, pues presidía y bien podía cerrar el acto. No recuerdo exactamente lo que dijo en los pocos minutos que habló: aunque desde luego no creo que dijo una palabra de lo que pone el artículo; por la sencilla razón de aue esa referencia toda viene a ser como una respuesta a Millán Astray, cosa imposible puesto que éste no había hablado. Desde luego sí recuerdo pue el discurso fue objetante para varias cosas de las que andaban en curso en aquellos días exaltados. ¿Recuerdo que combatió el excesivo consumo de la palabra Anti- España que dijo que no valía sólo vencer sino que había que convencer La frase sobre el catalán y el vasco que dice la referencia sí creo es Ni me predispone a la pasión polémi- cierta, pero de ningún modo como una ca la estampilla que trae el recorte y que réplica a nadie, y menos a Millán que indica que lo remite no sé qué entidad no había hablado. antifascista Yo tampoco soy fascista, Cuando terminó y se sentó, se levantó, ni lo era José Antonio Primo de Rivera, como movido por un resorte, el general que se negó a ir al Congreso fascista de Millán Astray, inesperada y para mí innecesariamente. Su pasión era justificaMontreux. Ya ve el periodista de Prensa libre ble en la atmósfera bélica que nos roque hablo desapasionadamente. Le hablo deaba: y no había que exigir al general hasta con la emoción que me produce que se comportase en aquel instante cotodo compatriota que permanece en to- mo un pulcro universitario. No fue diszuda lejanía. Pero me parece que, como curso. Fueron unos gritos arrebatados de evidentemente, el articulista querrá ela- contradicción a Unamuno. No hubo ese borar su apostolado sobre certezas y no muera la inteligencia que luego se ha sobre mentiras, puedo ayudarle con la dicho y que denuncia claramente su posrectificación total del fantástico relato terior elaboración culta. El general mutique hace de la sesión salmantina. Puedo lado, mal podía darle a su muera el senhacerlo, bajo mi honor y mi palabra, con la autoridad de quien estaba bien cerca del jolgorio, pues el profesor Maldonado y yo acabábamos de pronunciar los discursos de la sesión; por cierto personalmente invitado, por mi parte, en telegrama que desde Salamanca me envió a Cádiz don Miguel de Unamuno. La versión fantástica empieza por suponer que Millán Astray pronunciara un PRAVIANA discurso en ese acto después de las foranís de la malidades iniciales Supongo que esas formalidades iniciales se refieren a los discursos de Maldonado y yo que eran todo el programa del acto. El que lea el artículo se creerá que se trataba de una Hüffl tido cultural y técnico de increpar la Inteligentzia corno posición y grupo: de dar el muera se hubiera referido a la inteligencia como facultad personal. cosa de la que no venía al caso abominar y que estoy seguro que él mismo creía poseer. Lo que dijo fue mueran los intelectuales Hizo una pausa. Y como vio que varios profesores hacían gestes de protesta, añadió con un ademán tranquilizador: los falsos intelectuales traidores, señores Terminó los gritos, que no llegaron un minuto, diciéndole imperativamente a don Miguel: Y ahora dé el brazo a la. señora del Jefe del Estado. Don Miguel se levantó y le dio el brazo a doña Carmen Polo que presidía, y con ella salió del salón. Por cierto- -y ello demuestra que el ambiente no era tan arrebatado como pinta el artículo- -que yo, que tenía prisa porque regresaba a Andalucía, me adelanté a despedirme tíe Unamuno cuando éste venía aún por el estrado; y él me dio la mano desprendiéndola un instante de la señora de Franco, a la que en seguida volvió a dar el brazo. No creo que sea cierto que estuvo arrestado en casa, ni siquiera que no saliera de ella. Yo, como he dicho, me fui de Salamanca: pero tengo entendido que don Miguel fue luego aún alguna tarde al casino. Eso es todo. Supongo que le interesa rá la verdad al articulista, pues no puedo creer que sólo en el engaño cifre sus esperanzas. En otro lugar del periódico se lee un viva la República Nada tengo que objetar si esa es la idea de sus redac- tores, pero no creo que deseen que viva del cuento. E n realidad, quizá el profesor Maldpnado y yo tuvimos un poco la culpa de todo. Nuestros discursos, sin política, de pura Hispanidad, en aquellos días c a l i e n t e s levantaron tempestades de aplausos. Ni Unamuno ni Millán Astray eran hombres a los que les gustara pasar inadvertidos en una sesión en la que, hubo, con tanta abundancia, ovaciones y entusiasmos. Los dos estaban acostumbrados a exponer el pecho a cuerpo limpio, el uno a las ideas contrarias y el otro a las balas enemigas... Eran dos españoles. Dios los tenga en su gloria. en, el lugar que reserva a los santos y mártires de la vehemencia española. José María PEMAN De ¡ÍI Seal Academia Española.