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Modesto Ciruelos: Pintura, 1863 (Sala de Santa Cataiina) cientos ducados, pero ello no quita valor al ejemplo. CIRUELOS Modesto Ciruelos (Cuayas de San Clemente, Burgos, 1908) puede ser, entre nosctx- os. el que más madrugó ante lo abstracto. En 13 7 fue seleccionado por el Salón de los Cnce, y Luis Moya, que lo apadrinó, no pudo dejar da decir que era costumbre enfadarse cuando se ve en una exposición un grupo de cuadros como estos de Modesto Ciruelos y eso que entcnces sólo se amparaba nuestro pintor en un vago fantasmalismo, demasiado esquematizado para aproximarse a Mateos, y todavía metido en ritmos figuracionales para ser considerado abstracto puro. Por aquel tiempo nos lo señala Gaya Ñuño más certeramente, claro está, como un inquiato profesor de pintura que en sus rebuscas ha llegado casi a lo abstracto y cuya manera más auténtica parece residir en sus más expresivos retratos El tiempo ha pasado, y Modesto Ciruelos arribó fatalmente a la abstracción. Fatalmente, no caprichosamente, ni mucho menos cucamente. Ciruelos es ¡uno de los hombres más honestos que conocemos, y su cbra. aunque a nosotros no nos conmueva demasiado, es honestísima consecuencia de una estética, fatal arribo del catedrático de dibujo y de pintura a una pura consecuencia de color. El investigador que es Ciruelo tenía forzosamente que rebasar su inicial expresionismo y encararsa paulatinamente con la pintura como mera materia y como color intrínseco, desposeyendo a esos tradicionales vehículos temáticos de su capacidad sensible y emotiva. l a pintura de Modesto Ciruelos se quedó en sus propios huesos. Yo, que respeto esta obra, tampoco niego que prefería al pintor de antaño, cuya resurrección míe obstino en esperar a lo largo de una y otra exposición. (Sala de Santa Catalina. F, REVELLO DE TORO No es la primera vez que veo los retratos de este inteligente pintor malagueño, cuya exposición actual en Grifé Escoda me place por diversos motivos, el primero de los cuales es su cafcal sentido de lo que debe ser, de lo que es, el retrato. Revello de Toro, además de captar un parecido y, posiblemente, adentrarse en el espíritu de sus modelos, pinta ¡un cuadro, es decir: ofrece a los que no conocemos a sus retratados (tampoco conocimos a Felipe IV, ni a Erasmo, ni siquiera a Juan Ramón una obra pictórica íStrüisscamente buena, que es lo que, en un plano más ilustre, nos concedieron Velázquez, Holtoein y Vázquez Díaz. Estas mujeres que ha pintado Félix Reve llo (muy lindas, ciertamente) para nosotros son únicamente cuadros, pero estoy seguro de que también serán dulces testimonios, que es lo que hay que exigir al retrato, pues el parecido, sin más contenido pictórico, es algo que la cámara fotográfica arrebató en buena hora a los apariencialistas, para decirlo con frase de Camón Aznar. Revello de Toro, en sus bodegones y composiciones se manifiesta como un vivo colorista, suelto y jugoso, capaz de un intímismo que podría cultivar más y más. TORRE- CAVERO Alberto de la Torre- Cavero (Zamora, 1 S 38 exhibe en la Galería Quixote una serie de obras alegremente ilustrativas, pintadas con movida paleta una veces, y cas: ntonteromas otras. Son pueblos de perfil. a base de pulcras geometrías enfriadas que adquieren aires de juvenü decorado, y en ccasicnes nes sale con un paisaje mu-