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EN TORNO A SVEN HASSEL L A vida de Sven Hassel va ligada, desde su juventud, a un uniforme. Hijo de un oficial austríaco y de madre danesa, Hassel- -nacido en Dinamarca en 1917- -cuenta sólo diecisiete años cuando ingresa en I Regimiento de Húsares de la Guardia; un año después abandona su país natal y se incorpora al Ejército alemán. En 1935 sirve como recluta en Breslau; en agosto de 1939 pasa al 11 Regimiento ¡Panzer de guarnición en Paderborn, y en sus filas recibe su bautismo de fuego. Lucha en Polonia, Francia, Yugoslavia y Orecia, y en el verano de 1941 entra en Rusia con la 1 S División Panzer hecho prisionero en Stalingrado, Hassel logra evadirse y alcanzar las líneas alemanas, integrándose: en el 27 Regimiento Blindado, con el que vuelve al frente ruso. Teniente en 1943 y primer teniente en 1945, el final de la guerra le sorprende en Berlín, donde los rusos le hacen prisionero. Repatriado tres años más tarde, Hassefl. fija su residencia en Dinamarca, desempeñando un alto cargo en una importante factoría. En 1951 contrae matrimonio con. una, doctora en Filosofía y comienza su carrera de escritor. Un año después nace su hijo. Y dentro de sí, el soldado Hassel, el primer teniente Hassel, ve también nacer un hombre renovado, distinto. Bastan veinte líneas para encerrar una wida: vida agitada, varia, increíble, que no cabría en veinte libros. Hassel empieza a escribirlos: a escribir su vida de soldado en posesión de la aguja de plata alemana, lograda por haber tomado parte en dos mil combates en primera línea. Da Fordomtes Legio su entrega inicial, alcanza un éxito resonante- -caen mil ejemplares en Dinamarca, quinientos mil en Inglaterra, un millón en América- -y es vertida a doce idiomas, entre ellos el español, bajo el título de La legión de los condenados Hassej se erige, pues, en protagonista de su propia obra y hace desfilar ante nuestros ojos los múltiples episodios de su azarosa existencia, comenzando en ese día en que un bonsejp de guerra le condenó, en nombre del Führer, a quince años de trabajos forzados, por deserción. Enviado al campo de exterminio de Lengries y transferido luego al de Fagen, es devuelto a Lsngries y destinado finalmente a un batallón disciplinario. Lo? 1 primeros capítulos de este libro podrán difícilmente ser olvidados. Quien afirmó que la (prosa de Hassel estaba escrita en estilo sobrio y sangriento acertaba. M escritor austro- danés sale ya, desde un principio, ¡al paso de posibles reacciones o censuras en el lector o en el crítico. Por un lado, la veracidad: Los que nunca han perdido su libertad- -escribe- -me miran como si desearan tratarme de mentiroso... Tal vez haya, sin embargo, un alma valerosa que se atreva a escuchar y ver sin estremecérsie. Necesito ese alma, esa persona, s i n la que todo sería únicamente soledad. Neces i t o taan ién contar mi historia y desemb a r a ¡a r m e de ella; Tal vez sólo sea (por éso por lo que escribo. Por otro l a d o la cal i d a d literaria: Pese al tiempo transcurrido, H a s s e l se confiesa d e m a s i a d o cansado, demasiado aturdido, d e masiado desesperado y, a veces, demasiado furioso, para dedicarse a b u s c a r expresiones sutiles, lo q u e por otra parte, considera inútil. Incluso ahora, después de tantos años- -escribe- esos recuerdos me oprimen, a veces hasta un punto en el que me siento con derecho a pediros qus colméis las deficiencias de mi vocabulario. Pero hay otra poderosa razón por la que H a s s e l acometió la empresa de narrar su aventura. Et y sus compañeros- -un grupo reducido, con el qus el lector llega a familiarizares- -se juramentaron p a r a escribir un libro contando su pesadilla, el mal sueño de su vida militar. Hasssl fue el único superviviente del gnupo y cumplió su promesa. Estremece pensar que de los veinte mil hombres que, entre 1938 y 1945, desfilaron por el 27 Regimiento Disciplinario Blindado, sólo siete regresaron a sus casas al final de la guerra. De ellos, uno enloqueció y dos murieron tuberculosos unos años más tarde. Los cuatro restantes, aunque debilitados gravemente por las fiebres, sobre vivieron. Uno de ellos es el autor de este libro, de estos libros. Porque el éxito del primero hizo a Hassel repetir el intento. Los de la muerte y Batallón de castigo volvieron a poner ante el lector, de una manera viva; directa y hasta diríamos feroz, cruel, los horrores de una guerra sin fronteras que asoló al mundo hace ya veinte años y que pesa todavía en cada conciencia, en Cada corazón. Alfredo Crespo, traductor de la primera, vertió también al castellano las dos siguientes (una cuarta, Los camaradas del frente aguarda su turno) en las que Hassel hubo de resucitar a algunos de los personajes muertos en aquélla. Hinka, Von Barring, Steige, Eicken, Alté, Porta, Breuer y todos esos otros apodos familiares, El viejo Pulgarcito Hermanlto Fflutón Barcelona etc. bailan ante nuestros ojos la danza de la muerte, sobre un escenario impresionante. Esos hombres, que odiaban al Führer y a su régimen, y que cayeron (por una causa Sven Hassel. que no era la suya, vieron morir- -antes- -en ellos todo lo que alienta y sostiene: la fe y la esperanza. Muertos en vida, luchaban como autómatas, odiaban, mataban- ¿en qué nos han convertido, que liegamos a matar con satisfacción? -y, por todos los medios, trataban de salvar sus vidas, condenadas sin remisión. Dios está ausente en la obra de Hassel, y este vacío hace aún más triste su brutal experiencia. En determinado momento, al conocer el protagonista la muerte de su esposa, su reacción consiste en pulverizar a tiros de revólver un crucifijo y una imagen de la Virgen fijos en la pared; luego permanece embriagado días y días. Cada hombre parece aquí esforzarse por alcanzar la frontera de lo animal, por traspasarla incluso. Hacia el final de su primer libro, tras registrar los nombres de los muertos más allegados, Hassel rompe en una exclamación desgarrada: ¡Dios, si es que existes, haz qué este innumerable ejército de muertos desfile eternamente ante los ojos de los mariscales responsables! ¡Haz que los pasos lúgubres de esos soldados muertos no les dejen ni un momento en paz! ¡Que las madres, las esposas, las hermanas, desfilen ante filos y les lancen eternamente al rostro la lista de los crímenes que han cometido! Duele comprobar que estas palabras son las de un hombre que no ha sabido- -o no ha querido- -perdonar. Cierto que sus recuerdos son muchos y amargos. Pero también es cierto que eJ perdón es más noble y más hermoso cuanto más hondo nace y más olvida. Pese a todo ello, la trilogía bélica de Sven Hassel es, como ha dicho un crítico, una de las más emocionantes, descarnadas y terribles sobre quienes hicieron la guerra contra su voluntad Nosotros lo ratificamos. Carlos MURCIANO.