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DEL ANECDOTARIO Mucho se ha dicho acerca de la, persecución de que le hizo objeta k dictadura del general Primo de Rivera, pero la última palabra correspondió al prot pío Unamuno, qué aseguró públicamente c üe él fue quien la persiguió mucho más y más sañudamente que la Dictadura a él, que en rigor, no me persiguió Al fugarse de su destierro en Fuerteventura, y tras de vivir una larga temporada en París, se instaló en Hendaya, donde siguió observando su habitual costumbre, no obstante el horario francés, de acostarse a las ocho de la noche, sin perjuicio dé levantarse a las ocho o las nueve de la mañana. Apareció en la tertulia que se reunía en torno suyo un señor sin más mérito que dormir cinco horas diarias, con lo cual presumía de ser superior. Así quiso hacerlo delante de Unamuno, al jue dijo un dia: -Usted duerme más que yo, -Es verdad. Cuando yo duermo, estoy dormido; pero el resto del tiempo estoy bien despierto. Y usted, lo que se llama despierto, no lo está nunca. Usted, cuando no está dormido del todo, está adormilado. WiUandose refugiado en París, asomado. junto a Blasco Ibáfiez. al balcón de un hotel de la avenida de la Oliera, contemplaban durante las últimas inoras de la tarde el brillante espectáculo que ofrecía aquella parte especialmente populosa de la capital de Francia. Blasco, eran gostador dé la vida, ponderaba la beíle -y la fuerza del instante, ¿Qué puede- -se preguntaba Blasco en alta voz, entuBiasmado- eeharse de menos, en esta hora magnifica, desde este gran balcón del mundo? Unamuno contestó sencillamente con la voz rota f. mirando, por inclina de las luces de la dudad, los últimos reflejos del crepúsculo: ¡Credos! Estas anécdotas, ¿no reflejan bastante exactamente aí Unamuno que todos hemos alcanzado a conocert Serán horribles en su sentir. Sin embargo, de ellas trasciende aquella bondad suya, que sabia hacer compatible eon su sinceridad agresiva, fruto de una rápida, audaz certera apreciación de las cosas. En ellas, mugue na siempre Uts transcripciones sean exaeki j se aprecia, su. lenguaje mstiso y cáustico. Y M acendrado amor a España, v su devocíén casi fanática por la verdad, y una reciedumbre de pensamiento que acertaba a emparejar con la ¿encittea de sus maneras, Ásf- -como en tos fersos 4 e Luis Fernandos ArdavM- -vjvió siempre Don Miguelde Unamuno haciendo pajaritas de papel y sin estar de acuerdo con ninguna. Ni siquiera consigo mismo. Recopilación de VTCENTE VEGA