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EL JOVEN KUBALA AL HABLA BREVE ENCUENTRO CON CARLOS V POR LOS CAMNOS DE M HISTORIA. EVOCACIÓN DE LA PLAZA DE LORETO. OTRA VEZ CON EL PERIODISMO A VUELTAS. ADIÓS, MLAN, HASTA LA VISTA... Por José SALAS Y GUIRIOR Bf nko Kubafa. (Polo Píe! M ILÁN. -Branko Kubala, hijo de Ladislao Kubala, es un muchachón de quince años, a quien dejamos en nuestra última crónica milanesa corriendo bajo la lluvia para incorporarse a su escuadra, que le esperaba para jugar un partido de entrenamiento. Branko Kubala es una de los cinco o seis que, según Vianni, director técnico del Milán, llegarán a ser figuras de primer orden, como resultado de ese gran centro de experimentación deportiva llamado el Milanello. Branko Kubala tiene, pese a sus pocos años, un mechón blanco en la frente. Y cuando el interrogatorio le da que pensar, se lo atusa distraídamente, como si fuese una barba senatorial de esas que ayudan a que la respuesta sea cauta, medida y diplomática, que es como deben ser las contestaciones importantes. Se ve que a este muchacho le han enseñado ya a escamarse ante los periodistas que preguntan cosas. Y yo le digo en español que no se preocupe, ya que al fin y al cabo somos compatriotas y puede fiarse. Pero Branko Kubala sonríe muy levemente. ¿Cuánto tiempo lleva aquí? -Seis meses. Y verdaderamente he aprendido muchísimo. Y me cuenta con entusiasmo meticuloso todo el disciplinado tipo de vida a que me referí en mi última crónica. No hay la más leve queja en sus palabras. Y como de cuando en cuando le oigo di- rigirse a unos y otros en un italiano casi perfecto, le hablo de su nacionalidad. -Tengo pasaporte español como hijo de españoles naturalizados- -me dice- Yo nací, como mi madre, en Checoslovaquia, pero vine a España cuando tenía dos años. -Y el padre... -Mi padre es húngaro de origen. Yo creo que de él toe heredado mi afición a los deportes y, sobre todo, al fútbol. ¿Sabe que aquí tienen grandes esperanzas sobre sus posibilidades? -Puede ser. Yo ya quisiera no defraudarles. -Pero esto del deporte no es fácil. En fin, ya veremos... El joven Kubala mira su reloj y vuelve a atusarse el mechón blanco, como un subsecretario del tiempo de Canalejas lo hubiera hecho con las guías de su bigote. (Por lo visto, ni hablando en español se le olvida el rígido horario del Milanello. Y así es imposible usar el tuteo con nadie, aunque tenga quince años y esté estudiando el bachillerato. -Dígame usted, Kubala, ¿qué idioma hablan ustedes en su casa? -Pues el español. ¡Lo digo ¡porque con tantos orígenes diferentes y tantas estancias en diversos países podrían hacerse un lío. Vamos a ver, ¿usted qué se considera? -Pues español. Yo no veo ningún lío. Tengo la nacionalidad española, el pasaporte español y soy hijo de españoles. Aparte de que el español es mi primer idioma y de que en España he pasado la mayor parte de mi vida. Por tanto, todo está muy claro. El joven Kubala vuelve a mirar su reloj y yo le imito. Compruebo que me quedan sólo unos minutos para coger el coche que me llevará a Milán. -Bueno, Kubala... Le deseo mucha suerte. Le haré la próxima entrevista cuando sea famoso. -Gracias. Ojalá sea verdad. Ahora lo que tengo es que hacer gimnasia. Y se va corriendo bajo la lluvia. Una lluvia insistente, capaz de verdear un melancólico paisaje, pero no de detener las actividades deportivas en unas instalaciones para tal fin en el siglo XX. De vuelta en Milán, un periodista de esos más bien socarrones y dispuestos a sacarle punta a ¡todo, me acompaña a dar la última vuelta por la ciudad. Una especie de última ronda a algo que tiene un encanto difícil. Lo digo porqué Milán gusta a muy pocos. Y, sin embargo, atrae a muchos. Y a la hora de decirle adiós se siente algo así como una tierna y complicada melancolía, Prefiere uno decirle que hasta la vistaíMi amigo me dice: -Me parece que no te ha gustado Milán. ¿Acierto? -No sé. Pero es que ¡viajando por Italia se espera uno otra cosa. A mí me recuerda una copla de mi tierra...