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SANTIAGO ALBA, MONÁRQUICO DE RAZÓN Por M. García Venero Ediciones (Agutlar. Madrid. 471 págs. OS decía no hace mucho un ilustre amigo que ha vivido muy da carca la política española en determinados (periodos: Tres hombres da Gobierno- -Canalejas, Santiago Alba y Cambó- -hubiesen influido decisivamente en el porvenir de España y de la monarquía, si no se hubiese frustrado su propia suerte... Presumimos Que no le será, difícil a la mayor ¡parte de nuestros lectores completar el razonamiento por su cuenta: a Canalejas le malogró el pistoletazo de un anarquista; a Cambó, le sorprendió la caída del Trono, hallándose aún en la primer fase, de su evolución del regionalismo catalán a una política nacional de alto porte, y a (Alba... Pero de Alba hemos de hablar por separado, ya que sugiere este artículo una biografía del político castellano. Es el autor Maximiano García Venero, que en libros de corte similar- laica de Tena Melquíades Alvarez -y en su Historia de las Internacionales en España aparte otros sobre distintos movimientos políticos, ha acusado un especial conocimiento de España en el transito del siglo XIX al XX. Ha gustado de trabajar García Venero materiales de primera mano, como en esta biografía de Santiago Alba, construida sobre una cimentación documental allegada, sin duda, por un celo familiar que puede servir de ejemplo a tantos como, en caso análogo, se despreocupan de tos papeles heredados, no ciertamente por despego aifectivo, sino mis iblen por falta de sentido histórico. A los personajes que, por la Inexorable marcha de los tiempos, se van incorporando a la fantasmal procesión de la Historia, nada tes perjudica tanto como la reacción, en cierto modo automática y casi biológica de la generación siguiente. Es instintivo revisar con prevención, cuando no con hostilidad, el legado inmediatamente recibido, con el deseo de superarlo, y a veces ejercitando un c r i t e r i o negativo. Realmente, la política de ayer o de antesdeayer no puede ser juzgada en bloque hasta que el tiempo, en un cómputo de difícil cronología, deje percibir el conjunto. Mientras se Va abriendo esa perspectiva, bueno es que se estudie a los políticos en adecuadas biografías o semblanzas, ya que cada uno de ellos habla con voz propia en el concertante del pasado. Existen muy estimables biografías de algunos gobernantes del reinado de Alfonso XHL Pero aún en ese caso, queda todavía mucho camino por recorrer. Y, sobre todo, se echa de ver el vacío a este respecto en torno a otros hombres públicos, de primera fila, sin duda, como Santiago Alba, muy borroso ya en la próxima lejanía, dicho sea sin paradoja, de la Historia anterior a nuestra guerra. García N que le caracterizara, contribuyendo a darle el primer impulso la circunstancia de pasar por Valladolid el meridiano de la política española en el ciclo abierto por Costa, capitaneando las Cámaras agrícolas y luego las de Comercio, secundado por don Basilio Paraíso. Alba fue secretario da la Unión Nacional, movimiento frustrado, entre otras razones, por el error inicial de apoyarse en la burocracia de las clases campesinas, mercantiles e industriales: error inevitable, puesto que bajo la estructura, más aparente que real, de aquellas Cámaras, no existía organización más auténtica y eficiente. H a b í a acreditado Alba, a la vez que palabra elocuente, preparación en cuanto a la política, que por Venero ha experimentado la necesidad de entonces comenzó a llamarse de realidacubrir esa laguna y ha realizado su em- des y como ningún otro gobernante, la peño en un libro cuya lectura servirá, de venía sirviendo con tanto acierto como Vimucho, no sólo al que desee conocer la llaverde. Alba se adhirió al grupo conservida de un hombre público alentado por vador de que era jefe el gran ministro de inequívocas posibilidades de triunfo, sino Hacienda del 98. No poco debió de aprentambién por quien necesite establecer con- der de Vlllaiverde, quien evidentemente tacto, con treinta o cuarenta años de la fundó escuela, p u e s t o que andando el tiempo, llegado Alba a regentar la misma, muy agitada vida nacional. Santiago Alba hizo su aparición en el cartera, proyectó un p l a n de reformas maltrecho escenario de la política espa- económico- financieras, que hubiesen fijañola hacia fines de siglo, esto es, cuando do nuevas y provechosas etapas en el asse hacía cada vez más urgente no ya el cendente camino iniciado por d o n Raiapuntalamiento, sino la renovación de las mundo. instituciones, muy removidas en su base. Fue en ¡un Gobierno presidido por el conSantiago Alba, que aun no había cumplido de de Romanos cuando Alba, ministro de treinta años, captó con rápido entendi- Hacienda, izó la bandera de la reconstrucmiento de las cosas, la onda del rege- ción económica de España con un presuneracionismo que venía emitiendo Joaquín puesto extraordinario y variedad de proyectos de ley, entre los que ss contaba la Reforma agraria y la fiscal Pero probablemente influyó, más que ninguno en el fracaso de tan compleja iniciativa, el proyecto por el que se imponía contribución a los beneficios extraordinarios de la gran guerra en curso, y de no acudir a la Prensa coetánea, el lector de hoy tendrá que buscar referencias de e s e dilatado momento en el libro de García Venero. Afta no halló a su izquierda, en general, el apoyo que le regatearon las derechas; y no es ocioso recordar, por minúsculo que parezca el hecho, la atribución a Alba de haber intervenido en la crisis del papeUto en la forma que García Venero rectifica, pero que cuando se produjo aquel hecho le dejó en desairada postura, explotada por los adversarios del hombre liamado a asumir en día, al parecer no lejano, la jefatura d e l partido liberal. E n cuantos Departamentos ministeriales ocupase ¡Alba, antes y después d e j ó firme huella de su paso, sin que el aura de la popularidad le acariciase, por las misteriosas razones de juego político, y el advenimiento de la Dictadura del general Primo de Rivera le sometió a prueba muy dura, que le llevó al destierro voluntario, pero no sin recibir la reparación del sobreseimiento de las causas en que hubo de ser encartado. Nueva coyuntura favorable a Alba le deparó el restablecimiento de la vida constitucional, apetecida y frustrada, por el Gobierno Berenguer. Pero las c o s a s se Maximiano García Venero. (Foto T. Naranjo. complicaron de tal manera, que pudieron más que los hombres. Entre las olas del Costa de quien no tardó en ser su íntimo mar de confusiones que trajo la Repúblicolaborador. Pertenecía Alba a la gene- ca, v e m o s bracear a Alba inútilmente: ración que indudablemente estaba llamada c o n los constltucionalístas primero, y a marcar un nuevo rumbo en la política desde la presidencia de las Cortes del biecomo en las letras, y aunque el joven abo- nio radical- cedista, después. Era ya tarde, gado vallisoletano se sintiera propicio a demasiado tarde para que sonase la hora solicitaciones puramente intelectuales, fue que Alba había esperado siempre, con su la tentación política la que le hizo seguir entereza de castellano viejo. Esta razón de el rumbo que habría de mantener hasta geografía histórico- sentimental no le falló los penúltimos años de su vida siempre con n u n c a al defensor, tan enterizo, como ímpetu renovador. docto, de la Unidad Nacional en tiempos Vallisoletano decimos que era Alba, aun de penosas fricciones. García, Venero ha a sabiendas de que nació en Zamora: íme- prestado un gran servicio al conocimiento nacieron en Zamora pudo decir como de nuestra política contemporánea. Leopoldo Alas. Pero en Valladolid se cenM. FiERNANDEZ AXíMAGRO tró su. vida política y allí hubo de entreDe la Real Academia Española garse a la vocación resueltamente política