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NNA Lanigfus nace en LubMn (Polonia) en 1920. Contrae matrimonio a los dieciocho años. Crece, pues, entre guerra y tierra, en una Europa que lucha. pw. salir, nueva, de su propia ceniza, para caer, madura, en ese crepitante bra. sero de la secunda gTan looura mundial. Arma y su esposo, estudiantes de ingeniería textil enVerviers, tornan a Polonia a hacerse cargo de la fabrica paterna. Pero Hitler ha dado la señal: y el mecanismo alemán, se pone en movimiento. Polonia es presa fácil, buena piedra de toque para la fuerza y el odio almacenados largamente. Auna, complicada en la resistencia, cae en manos de la Gestapo. La Gestapo no suele ser blanda con los resistentes, máxime si éstos son judíos. Y Anna lo es. Saltemos en el tiempo: seis, siete años. 1946. Anna Langfus, indocumentada, llega a París. Desde las orillas del Vesdre alguien envía a la ex alumna de su Escuela Politécnica el certificado de estudio, y Anna, hebrea polaca, estudiante, esposa feliz, viuda, resistente, carne propicia a toda clase de sufrimientos y vejaciones, pasa a ser ahora profesora de matemáticas en un liceo francés. Transcurren otros seis o siete años antes de que Anna Langíus camience á escribir. Les Lépreux su primera obra de teatro, sé estrena en París merced a la ayuda de Sacha Pitoéí. Su cuerte está echada. En ilSSO, Gallimand pona ten los escaparates su primera novela; Le sel et le soufre el premio Charles Veillon que se le otorga al siguiente año, sólo sfrve para confirmar la aparición de una excelente novelista, a la que lia bastado un solo título para situarse. Título que la autora ha arrancado de las páginas del Deuteronomio Kstremece ahora releer Jos (versículos del libro sagrado: Las generaciones venideras, los hijos qU s después de vosotros nacerán... a la vista de las plagas y las calamidades con que habrá, castigado Yavé a esta tierra- -azufre y sal, quemada toda: la tienda, sin sembrarse ni germinar, sin, que nazca en ella la hierba... dirán todos: ¿Qué ira y qué furor tan grande ha sido éste? Y les contestarán... Soíbra la respuesta. Porque todas las maldiciones escritas en este libro cayeron sobre aquel pueblo; y perdieron sus casas y sus horizontes, dé donde Yare les arrancó: y les arrojó a otras tierras, como están hoy Otras tierras, otros pueblos hostiles. Bien eligió la novelista título y pórtico para su libro, en el que ha volcado cuanto dolor llevaba dentro. Ella ha confesado a Jeanine Delpech que hay un tema que la obsesiona: la guerra; demasiado difícil para una mujer añadía. ¿Difícil para vivirlo o para dejarlo hecho tinta- -sangre- -sobre el papel? Anna Laagíus ha debido sufrir con esté alumbramiento; doblemente, si consideramos que escribe en un idioma que no es el suyo. Quince años acariciando sus propias lágrimas, incubándolas casi, para esta puesta a punto. ¿Cuántas novelas con idéntico tema- -la guerra- pueblan las estanterías? Sin ir más lejos, en el esipa- A eio dé unos meses han sido vertidas al castellano muchas dé lias, firmadas per B a y l e B a r r H a s sel, Vineent, Geoiighiu, W y n ne, Berthold... (A Anna Lángf us la ha traducido con acierto R a m ó n Hernández. Unos han escrito con la experiencia a í 1 o r de piel, recién vivida. Otros h a n dejado remansar las emocionES, los recuerdos. Tal el caso de ¡nuestro Bartolomé S o l e r con t o s muertos no se cusntari escrita veinte años después del fin de nuestra guerra. Tal el de Anna Langfus. Y, sin embargo, admira comprobar con cuánta minuciosidad va la novelista reconstruyendo aquellos días amargos, siempre en huida, arrastrándose, humillándose, suplicando un pedazo de pan, un rincón donde esconderse de la persecución implacable. María, la protagonista de Le sel et le soufre Joven, atractiva, inteligente, decidida, íntegra siempre, va endureciéndose, tornándose cruel y, al cabo, indiferenta. ¿Para qué pensar? -dice en cierto momento a Henriette, su compañera de prisión- Lo que ha sido no puedes cambiarlo. Lo que ha de suceder rio puedes impedirlo. Y lo qus eres en este momento H tiene ninguna importancia. Cuando se O tiene hambre sólo se piensa que se tiene haitíbre. Cuando uno tiene frío, sólo piensa en el frío que uno tiene. Y cuando no tiene hambre ni frío se empiezan a pensar tonterías. El fatalismo de María contrasta con el silencio de Jacques, su esposo, siempre comprensivo, siempre condescendiente con sus caprichos. Mas en ambos- -en ella, sobre todo- pesa un inmenso vacío espiritual; María distingue, valora a través de intuiciones, no de convicciones. He aquí el fallo de Anna Lahgfus. p orque la evolución de su protagonista, la manera de plasmar sobre el papel sus sucesivos perfiles, acreditan un pulso firme, una capacidad novelística poco común. En noviembre de 1 S 82 la segunda novela de Anna Lángfus, Les toagagés de sable obtuvo el codiciado Premio Goncourt ¿Alguien ha pensado que, con su decisión, los miembros del Jurado pretendían compensar su olvido de un año antes, cuando pospusieron Le sel et le soufre a La pitié dé Dieu de Jéan Cáu. porque con Les bagases de sable Anna Langfus no supera su primera novela. Mía ha confesado que pretendió escribir una obra ligera, a lo Sagan No acertó... aunque acertara. Y no nos sonprende que Mathíeu Galey recuerde también a la autora de Bon jour, Mstesse cuando arremete, sin rodeos, contra Les bagages de sable Escrita sin -arte dice- -habría hecho falta el nervio de una Francoise Sagan para tratar un tema asi- esta obra mediocre no ofrece ninguna cualidad literaria susceptible de atraer la atención de un Jurado. Uno queda: perplejo ante esta elección que nada parece justificar. En efecto, entre las dos novelas de Anna Langfus media un abismo. Les bagages de sable es una novela típicamente francesa, de la que ha desaparecido toda la emoción de Le sel et le soufre La protagonista es la misma: María. La misma del último capitulo de Le sel et le soufre es decir, lo que queda de María. Un cuerpo vacío, casi sin voluntad; una mente enfermiza, capaz de mezclar sin esfuerzo realidad y sueño. Hace ya mucho tiempo que he dejado de distinguir entre lo que imagino y lo que hago afirma. Sus muertos la rodean, la acompañan; la dejan sola, luego. Desesperantemente sola. Esta conciencia de no tener meta alguna... dice, resumiéndose, definiéndose. Los amores de María con Michel Carón, un anciano, rozan el afosurdo. Miohel aspira a revivir unos años definitivamente idos. Pero su fracaso da menos pena que et de María, acabada para la felicidad y la ternura. Sin remedio. Llegarás sola a esta playa perdida donde una estrella se posaré en tu equipaje de arena. He aquí los tersos de André Bretón que dieron título a la segunda obra dé Anna Langfus. Profeta- -una vez más- el poeta anticipó el premio. (Porque con ninguna otra cosa- -amor, esperanza, alegría- -identificaríamos esa estrella, ese símbolo. De todas formas, la estrella pesa demasiado en el equipaje de Arana. Fórmula para aligerarlo: mézclese a la arena, la sal y el azufre. Entonces si: entonces si es posible verla caminar erguida y esbelta. Carlos MURCIANO