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B C D O M I N G O 1 0 DE F E B R E R O BE 1963. EDICIÓN E LA MAÑANA. PAG. 61 AYER HIZO VEINTE AÑOS EN LA BATALLA DE KOLPINO (Ü R S S. FUERON HECHOS PRISIONEROS LOS ESPAÑOLES QUE ONCE ASOS DESPUÉS REGRESARÍAN EN EL SEMIRAMIS A. mi izquierda estaba la sección qué mandaba el alférez San tandréu, muerto en esta operación. En el centro, la que mandaba el alférez Céspedes, muerto en esta operación, pañía entera, en grupos de a quince o veinte, dormía en ellos) la había organizado, dirigiéndolos por medio de chimeneas subterráneas qué salían treinta metros atrás del verdadero emplazamiento para evitar su localizaron. Los rusos nos saludaban cada mañana espetándonos buenos morterazos de desayuno, a los que correspondíamos nosotros con igual cortesía. Los suyos iban dirigidos a las columnas de humo que veían salir bajo tierra. Lo ínás que conseguían era destrozar la boca de Ja chimenea, pero nunca llegó su regalo al interior de nuestras guaridas. Quiero decir que nunca había llegado... hasta aquel día. 1 Los. oficiales Céspedes, Santandréu y Mo lero no lardaron en presentarse en mi puesto A la derecha de mi compañía, la que mandaba el capitán B uidobró, muerto en esta operación. A la izquierda, Ja del capitán Iglesias, muerto en esta operación. fyetrás de mí, el puesto de mando del comandante Payeras Alciña, muerto en esta operación. de mando. Les impuse de Iá 3 noticiáis recibiy medio de ancho y otros tantos aproximada- das, Ia 3 órdenes por cursar y. las medidas mente Sé largo. El techo estaba formada por por disponer. No quise que se dijera nada a cuatro pisos de troncos de pino. En realidad los soldados de lo que iba a ocurrir, para evi eran varios techos superpuestos. En el infe- tar que el pensamiento de la próxima batalla rior de los troncos se extendían apretados a les impidiera dormir y no estuvieran en forlo ancho del bunker en el siguiente los ma cuando llegara la hora de actuar. Todos troncos se apoyaban a lo largo, y así sucesi- los días, durante los largos meses que allí vamente. Sobre todos ellos, medio metro de hielo daba consistencia y protegía la simplísi- estuvimos inmovilizados, los oficiales se reunían con sus secciones y daban a la tropa LA ULTIMA BATALLA ma construcción. clases teóricas sobré temas militares- Aquella Este relato comienza el 9 dé febrero de 1943, Las paredes del bunker estaban forradas tarde las clases versaron sobre uiedios de de- en Rusia, a las ocho de la tarde y a tres me- do madera, con mucho trosi bajo tierra. Unos golpes niiry fuertes so- postín, para cerrar panaron en la puerta de mi bunker so a las raíces y ade- ¿Da usted su permiso, mi capitán? centarlo a lá vista. En -Adelantó. el suelo no había más Entró Tin enlace, Al abrir la puerta penetro- que las literas, donde una ráfaga de aire helado. dormíamos Castillo y- ¡Cierra, cierra o nos congelamos! Fuera, la temperatura no subía de veinte yo; un armario dé pigrados Bajo cero, mientras que la del bun- no, dos mesas, dos siker con su estufa encendida, estaba bien llas y unas palanganas. caldeada. El enlace venía calzado con la ca- En las mesas, él telélentísima walensky rusa, bota alta de fieltro fono, la radio- -por la que oíamos San Sebasen lagar de cuero; llevaba el pasaiiioritañas ceñido a la cabeza, dejando apenas sitio a tián, Sevilla y Radio los ojos, boca y nariz, y el, camuflaje blanco, Coruña- mapas, papemedio sábana, medio gabardina, con su ca- les, alguna fotografía... pucha perlada de hielo, le cubría de la ca- todo el mundillo, en fin, beza a los pies. Me extendió un sobre azul de cosas menudas y eny rogó, le firmara el recibí -trañables que nos unía Dentro del sobre azul venía otro, con la al mundo que habíapalabra secreto escrita a grandes rasgos, y mos dejado atrás. Este dentro de este último nri paite del coman- hilo tan leve quedadante de mi batallón, que decía virtualmente ría roto pocas horas después. Cada mañana, así: El Servicio de Información me dice que desde. q u e ocupamos, én la madrugada de mañana el enemigo efec- aquella pdsícioB, había Sestor- 5 tuará un ataque? en el sector defendido por tpie sacar el agua fue este batallón- con unos electivos de una divi- i había infiltrado por Seetor lie rfespondía defenáer a la, 5. a Compañía, de! sión en primera línea y dos de reserva. Rué- el suelo pantanoso, A 3. Batallón, Regimiento 262. gole tome las medidas oportunas y me infor- veces la altura del agua me por todos los medios de comunicación de rozaba el bordo de las literas. En las que. dispone, teléfono radio y soldádograraa, des quedaba la marca de la humedad como fensa en caso de ataque por fuerzas numéricade las incidencias del combate. En todo caso un zócalo más Oscuro. Esto daba un cierto mente superiores. Se redoblaron los servicios espero que su compañía sabrá cumplir con matiz gracioso a la decoración. Por, último de vigilancia, ordené limpiar una trinchera su deber. -Firmado: José Payeras Alcína, comedio inservible y mandé; a los muchachos; mandante del segundo batallón. Regimiento la estufa, nuestra gran aliada. La salida de a dormir. A dormir lo trae para mufchos ge humos de todos loa bunkers (pues la com 2 6 2 ría su último sueño. Despaché al enlace y mandé venir a todos LAS ISBAS 11 ¡os oficiales de mi compañía: teniente Molero y. alféreces Castillo, Sajitandreu y Céspedes. Nuestra posición al sur. de Kolpino, a un. Mañana vamos a tener torcp! -les dije. soto centenar de kilómetros de. Leningrado, D 3 de ellos morirían: pocas IiQras después, estaba situada en los aiTabales, como quien y otro. de hambre varios ailos más tar dp, cuan- Vestuario Jsara ceremonia. Señorita, y cadice, de Tina alde huéla en poder de nuestro ballero y acompañamiento. do aún íalt ¡ii aii muchos para la repatriación. Ejército: Krasny Boor. Era aquélla, una llanura inmensa de hielo, sin ondulaciones ni EL B- UNK R! Sombrero señora y pieles filias. montañas que quebraran el horizonte. Tan El bunker era un pozo cavado én la tiesólo ranas manchas de pinos o abetos rompían rra, de unos tres Metros de profundidad, s JiSÉ iS. ffiOBOtonía. -del paisaje, Entre los Reproducimos hoy, con motivo de cumplirse los veinte años de la batalla de Kolpino, el impresionante relato dé esta acción militar narrada en Embajador en el Infierno (Memorias de once unos de cautiverio en Rusia) por el capitán Palacios, libro escrito en colaboración con T. Luca de Tena.