Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ya no está tan dirigido. Es innegable la existencia de una auténtica aristocracia comunista. El nivel de vida, muy bajo con relación a Occidente, mejora. Ya existen auténticas izquierdas comunistas, verdaderos enfants terribles que suspiran por unas cuantas migajas de libertad. Estas izquierdas no pueden evitar la comezón de la libertad y el espejuelo del lujo prohibido Frente a los grandes hoteles moscovitas, frente las delegaciones a extranjeras montan guardia adolescentes que juegan el peligroso juego del marcado negro del lujo. Por un sombrero italiano, por un Borsalino se llegan a pagar tres mil rublos. una novela de Illa Ereñhburg nos describe la sociedad comunista del deshielo La novela es pesada, rezuma toda ella raidos de fábrica y sirenas de llamada al trabajo. Es una sociedad triste, mecanizada, exenta de pasión y de ideales. Una sociedad desgarrada y oscura en sus dimensiones humanas. Y, sin embargo, una palpitación débil, sorda, nos descubre un transfondo de seres humanos dolientes en. su aburrida frialdad. JHay barruntos de aburguesamiento Otro novelista soviético, Nekrasov, en viaje por Italia arroja a la Pontana del Trevi una moneda, acompañando el gesto con esta exclamación desesperada: ¡Cuánto deseo volver! Este mundo del deshielo es el que se encuentra Kruschef. La revolución ya está hecha. Un hecho incontrovertible: A costa de la sangre del pueblo se ha llegado a una tecnificación extraordinaria. La Revolución ahora, en Rusia, e 8 estática. He aquí enfrentadas las dos teorías de la Revolución: la estática y la dinámica. El comunismo puro, leninista, se sustenta en la acción, en el movimiento, en la Revolución. A este comunismo doctrinario no le conviene la existencia sedentaria. Ha tradicciones, que muchas veces no pueden de avanzar. Y la hidra comunista avanza, s r demostradas con hechos. He aquí una avanza siempre, tentacular, gelatinosamen- elemental diferencia entre ambos. te, con succiones suaves y profundas. A Stalin, cuantío usó de la sorpresa, hacía Revolución hecha, Revolución exportada. el juego político con ases marcados y oculHe aquí los fines de la Revolución y del tos, pero perfectamente identificables por poderío ¡toundial. Hoy día, Rusia, por sí él. Kruscíhef np puede ¡permitirse ese lujo, misma, ino iría jamás a la guerra. Esto y apuesta fuerte a tres o cuatro cartas debería saberlo ya Occidente. teniendo siempre la certeza de que se podrá sacar de ¡la manga, en un momento La diferencia entre Stalin y Kruschef 1 respecto sus intenciones de subversión dado, cualquiera de ellas. Ahora, con las de los valores de Occidente estriba en unos garantías de desmantslamiento de las bapocos palmos de tela. Kruschef lleva cor- ses cubanas na perdido su carta fuerte, bata, Stalin no acostumbró usar de ella. pero con su pacifismo melifluo, contradicMientras Kruschef se encuentra enfrente torio y blandengue retarda la urgente y un mundo pálido, titubeante y desconfia- necesaria destrucción de Castro, lo cual do, Stalin pudo impunemente usar la me- es una victoria a medias o una derrota jor de sus armas: la sorpresa. Los dos demasiado problemática, según como se igualmente inteligentes, utilitarios, amo- mire. En política se puede ser todo menos rales y astutos políticos. Sin embargo, a Kruschef le resbala la admiración al con- contumazmente ingenuo. Una nueva palatemplar una granja estadounidense, 1 Q bra aparece en k terminología política de cual, con muchísimos otros detalles, nos lo nuestros días: castrismo. Y yo me prehumaniza en parte. Intenta ser un extra- gundo: ¿Qué es el castrismo? ¿Qué son vertido en sus relaciones públicas, siem- los eastrismos? ¿Es que la revolución arpre s tentó al engaño. De ahí su teatralidad mada, hinchada de demagogia, insuflada gesticulante y apasionada. Quiere causar de milicianisma admite grados, liviandaen todo instante impresión de veracidad. des, atenuante en su virulencia? ¿NeceLa cólera de Stalin se amagaba tras la sita llegarse a Jos cuarenta grados de temtorre de marfil de su frialdad hiarática. peratura para declarar al enfermo en esgrave de urgencia? He aquí la La cólera de Krusdhef es más a flor de tadodinámica de la Revolución. Hay teoun piel, menos sofocada, en alguna ocasión, ría hecho sincera. Parece a ¡primera vista la cóle- porten, cierto: lias revoluciones hoy se exra de un hipocondríaco, pero no es así. tas al tenue, hábilmente, con cuentagoKruschef en zapatillas es esencialmente después, principio, conlasquintacolumnistas excitando a astuto. Stalin también lo era. Ambas mo con alaridos preñadosmasas por últide patriotismo cóleras venían acomipafiadas frecuente- demagógico. Las masas, en su elementalimente de eruptos de Vodka A Stalin dad, sólo digieren bien la sal gruesa. El nunca se le pudo pillar ílagrantemente en odio es siempre más fácil de inculcar que contradicción a pesar de que los hechos el perdón y la comprensión. Atención a lo pusieran en evidencia continuamente. Argel. A Krusohef se le pilla en demasiadas conJosé C. VALERO DE PALMA Sin embargo, Krusohef le resbala la admiración al contemplar una granja estadounidense... (Fotos Keystone- Nemes.