
ves que habían partido con tal fin de Occiutnte.
ANO creemos qua ha sido aun bastante ponaerado el impacto que en el orden cono ycual. del Universo iptroaujo la supuesta experiencia de la redondez el mundo, y creemos estar en lo cierto al alirmar Que en el sin par acontecimiento IUVO origcín ia ciencia experimental mou rna, como se comprueba ¡por la aparición t n el año 1343, ae i owa ae meólas Oopémico, intitulada devoluciones oribium coelestium que en efecto habiá de revolucionar el sistema convencional, traaicionalmente aceptado, de la mecánica ateste. El autor, cuya gloria en nada cede a la de Colon, contemporáneo suyo m o s en una obra muy acreditada) es uno de los creadores de la astronomía moderna y luiKiaaor de la teoría planetaria heliocéntrica, doctrina mantenida por los pitagóricos, siglos antes del advenimiento ae Jesucristo, y que Copernioo dedujo de la esfericidaa aemostrada de la Tierra, y otros fenómenos siderales observados por iva naiwgantes trasatlánticos, sin cuya previa experiencia no hubiera prosperado iinalmente sus enseñanzas, ampliadas mas tai de pof Oalileo, luego por Képler, Newton, Eistein y tantos otros, cuyos nombres lamosos llegan a nosotros nimbados de una gloria, que pende indudablemente de un solo ipunto concreto: el primer viaje trasatlántico. ¡Si cambiamos de perspectiva y considederamos otro de los horizontes gloriosos que nos ofrece el Descubrimiento ael Nuevo ¡Mundo, nos bastara recordar que al eminente profesor, de refutación universal, Mr. James Bronw cott, en ocasión de (pronunciar el 12 de octubre de 1928 en la ciudad de New York el memorable discurso sobre el Descubrimiento de América y su influjo en el derecho internacional considerado como pieza del edificio que intentaba levantar en honor de la ciencia jurídica española del siglo XVI, se le preguntó cuáles fueron su juicio los resultados inmediatos de la primera navegación trasatlántica, respondiendo que consideraba la fecha 1492 como punto de ¡partida para el establecimiento del derecho de gentes proclamado en 1532 por el padre dominico Francisco de Vitoria en vista de las condiciones creadas por el Descubrimiento del Nuevo Mundo, aceptado después y sistematizado por Hugo Orocio en 1625 en su Tíatado sobre derecho de la guerra y de la paz para seguir sin interrupción el desarrollo de las doctrinas clasicas de los fundadores, sobre las cuales descansa lo que iiabitualmente llamamos Derecho de gentes mo- derno. Y aún sentencia Mr. Brown Scott, con solemnidad profética: Las últimas consecuencias (del Descubrimiento de América) no las conoceremos jamás. Compartimos este vaticinio del ilustre profesor de Derecho Internacional, hasta U punto de que viene a reforzar nuestra opinión, antes expresada, a saber; que el Descubrimiento de América no íue un hecho totalmente consumado, luego de haber posado planta en su territorio los navegantes españoles, sino que han transcurrido cuatrocientos setenta años desde entonces y todavía se suceden las situaciones trascendentes y los efectos insospechados de aquel memorable suceso. (Por ejemplo, y refiriéndonos al orden estratégico, en el que culminan todas las ¡posibilidades de dominio, y la jerarquiza, clón de los valores humanos y nacionales, Ihemos escrito y publicado reiteradamente, lo que sigue: Cuando hacía aún pocos meses que las armas castellanas expulsaban de su último bastión peninsular, en Granada, a los
seguidores de Mahoma, quebrantando su poderío militar y su influencia en las costas atlánticas del continente africano, las naves españolas, capitaneadas por Colón, alcanzaban para la Cristiandad (o sea, para la Verdad) victoria eterna sobre el mundo. lia expansión territorial, en la posición clave del inmenso continente nuevo, que ¡ubre uno de los hemisferios de la tierra, Sha sido y es la base dominante de nuestro planeta, desde donde el impulso de evangelizaeión, iniciado en los tiempos apostólicos, permanece incesante, en volviendo a todos los hombres en la tupida red espiritual que los sumirá en un glorioso destino sobrenatural. Do victoria eterna sobre el mundo calificamos el Descubrimiento de América que, por añadidura, hemos de considerar (providencial, ya que ningún hombre puede atribuirse el honor o el mérito de haber sugerido siquiera la posibilidad de su asistencia. Ni un solo antecedente científico o cartográfico existe que hiciera prever el inmenso acontecimiento geográfico, tan cargado de consecuencias históricas. Colón y cuantos le acompañaban navegaron rumbo a Poniente, y murieron afirmando que habían arribado a las costas
de Cipango (Japón) y a t e ¡provincia de Catayo, o sea, al contiente asiático. América, sede igeográfica de la victoria eterna de la Cristiandad sobre el mundo Esa es su gloria y su gran responsabilidad, sin alternativa posible. Surgió a la vida de la Historia el gran continente, con el signo de baluarte cristiano y ha de permanecer fiel al espíritu y a la verdad que le dio el ser. En su ventaja juegan tos factores de inestimable ponderación geopolítica: la situación estratégica privilegiada de su inmenso territorio, que cubre de polo a polo todo el hemisferio occidental bañado por los dos grandes Océanos Atlántico y Pacífico, en cuyas aguas reinan en solitario las poderosas flotas de los Estados cristianos, pero sobre todo y muy principalmente, la mantendrá como rectora del mundo el triunfo universal de las verdades evangélicas, integradas hoy en los códigos de todos los pueblos, aun de los menos civilizados, los cuales se benefician con la virtuu y el sustento de ese pan de l i verdad y de la justicia, que les son indispensables a todos los hombres y a todas las naciones para sobrevivir. Carlos SAiKZ
Rarísimo grabado, publicado el año 1481.