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í- os Reyes de Castilla llamaban nuestro amigos a los Indios... Los Reyes Católicos ouadroft de Juan Antonio morales. (Fotos V. Muro. A primara vez jue estuve en Nueva Crleans coincidía mi visita con el anual festejo de la incoiporación de i Lulsiana a los Estados Unidos. Ms causó atonces gran impresión ver llameando en anderas y pancartas el escudo 4 e Luisiana. debajo la leyenda Luisiana jpurchassad kuisiana comprada) OBste lema era todo n simibolo del ideal msrcantilista estadonidense. Confieso que mi espíritu ihistpano j rebeló contra este sentimiento, jQu a udiera ser título nacional una comprasnta! Nadie ignora qus la Luislana tus andida por Francia, pero aún quedan en uiava Orleána recuerdos de España, tonunarables calles con nombres españoles, la laza del Cabildo y esos robles enramados blancos liqúenes que todavía ss les llaa los gobernadores en recuerdo de Ia 3 ancas barbas de los gobernadores espartes. Contrasta este recuerdo con la emoción ue experimenté cuando estuve en Santia de Cuba y contemplé el monumento que alza en las lomas de San Juan, erigido w! la Cuba independiente al soldado esiñol, con la siguiente dedicatoria: 140 a, escubrimknto de América. 1 S 8, adiós de apaña a las tierras americanas, descuertas y colonizadas ¡por el genio de la iza. La República de Cuba, por voluntad t su pueblo y su ejército, dedica este hoenaje al soldado español, que supo mar heroicamente en el cwnplimiento de i deber. Este conmovedor homenaje, iniativa del coronel Valdés en 1930, toe poblé porque España siempre consideró a nba como carne da su carne, y por ello lando los Estados unidos, en 11897, quisron comprarla, no hubo ¡un. español, ni anárquico ni republicano, que se prestase ocupar el poder para vender una proncia lejana que España consideraba como irte integrante de su propio ser. Es canario al espíritu de la Hispanidad ese ntido meroantilista estadounidense, y por iber sido fieles a él podemos hoy, aunque parados, sentirnos ¡hermanos cubanos y pañoles. Ramiro de Maeztu acertó genialmente a tsentrafiar la razón del sentido cresnautico ée los norteamericanos. Ello es una secuencia de su protestantismo, del que deduce la idea calvinista de que la saliclón del alma y el éxito en esta vida n cosas equivalentes. La economía no es- para ellos naturaleza, sino vida espiritual (porque los anglosajones están (persuadidos de que la. gracia de Oíos se conoce en la prosperidad de los hombres Por eso la riqueza de los Estados Unidos se debe, además de a sus Ingentes recursos naturales, al misticismo intramundano de contribuir a la mayor gloria de Dios, desabriéndolos y organiz ndolos. Por eso los hombres más respetados en Norteamérica son los millonarios, porque la sociedad les agradece que hayan multiplicado el dinero y la riqueza. t Pero esta valoración tan desorbitada de la riqueza tiene orno consecuencia la entronización del hedonismo y una. gran falta de espiritualidad en el ideal norteamericano. palabra intelectual- -decía con. razón Maeztu- lis va en los Estados Unidos implícita, cierta significación (peyorativa, y la educación sa entiende orno una preparación para la vida activa mas que para la intelectual. Este Juicio de Matesfcu queda demostrado en que ios ¡políticos norteamericanos son esencialmente fcem res d negocios, de donde se desprende que la política norteamericana tiene uaa sello mercantil que la atíhiea y priva de horizonte. El sentido de la Hispanidad es antitético. Es el que trocó la conquista del Nuevo Mundo en empresa evangélica y de incorporación a la cristiandad de aquellas razas que los Beyes de Castilla llamaban nuestros amigos losi indios Dos Amérteas frente a frente: la íwotestante y la católica, la idealista y la sanchopancesca, el Individualismo y la solidaridad. No se me oculta que habrá quien diga que el sentido católico de la Hispanidad fue culpabls del estancamiento económico de Hispanoamérica, porque los misioneros que llevaron allí la civilización (predicaron a los indios la pobreza. Como al indio se le dijo qus el reino del Cielo era para los ¡pobres, el indio siguió el consejo al pie de la letra estimulado por su pecaminosa pereza. Claro está que esta enunciación no es autónti caments cristiana, porque lo que manda el Evangelio es el despego a los bienes de la tierra; es decir, la pobreza de espíritu. Por el contrario, la doctrina católica no dice que sea malo producir riqueza, sino lo que condena es su empleo desviado. Nuestra decadencia económica coincide con nuestra decadencia política. Cuando la crianza de los ricos- -dice Maísstu- e hizo cómoda y suave y al espíritu de servicio sucedió el de privilegio, hubo una abdicación del espíritu i la sensualidad de la naturaleza. La salvación de Hispanoamérica, como de España, esta en recuperar el ser de la Hispanidad, desarrollando y aplicando los principios morales del catolicismo las mudanzas de los tiempos. Ese mismo espíritu deberá llegar hasta Norteamérica para vivificarla con 1 aliento espiritual de que adolece. No será ciertamente extraño en aiu- ohos d sus Estados, que fueron descubiertos y conquistados por España. Porque en rigor no hay paradoja en ser a la vez Quijote y Sancho, porque el espíritu español es la síntesis perfecta de aparentes contrarios. El carácter español hace que hayamos tenido románticos antes del romanticismo y clásicos en pleno romanticismo; esjm s, cien veces fte lia dado el caso de qus uña. persona ha sido a la vez clásico y romántico, Asi, MÍurMlo pinta un día realistamente un mendigo harápíento y otro una Inmaculada celestial, y Quevedo compone versos al mismo tiempo que hace chistes o escribe filosofía. Hemos sido, somos y seremos ivarios y siempre iguales porqus la Hispanidad es sintética en su diversidad. El ser de la Hispanidad está en haber sabido acatar con disciplina el dogma de Roana y a la vez proponer la reforma de los abusos de la Iglesia en Trento. El ser de España esta en la España del Siglo de Oro, y siempre que en política la autoridad ha caído en manos de quien no siente profundamento la Hispanidad, España ha perdido su camino. Así con los republicanos del siglo XIX como on los socialistas del XX. El recuerdo de nuestro pasado glorioso no debe servirnos para amodorramiento de la voluntad por narcisista reereamiento del alma o para que su evocación alimente un patriotórismo estéril. Pensemos con Maeztu que siempre es benéfica la sombra de una misión, sobre todo si se trata de una misión que sólo a medias tfue realizada, como aquella española que consistía en convertir en una sola familia unida A todos los pueblos de la tierra. üüi MARQUES DE LA EIJISEDA