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A B C V F E R N E S 27 DE J U L I O DE 1962. EDICIÓN DE pos aquellos en ue valía veinticinco cén- mensaje de esperanza para las fábricas, timos un precioso ramo de violetas, y eso para los suburbios, para los hospitales, Que estaba ofrecido por la mano fina, de- para los niños; ese religioso que también licada y elocuente de la mejor de las to- parece arrancado de poemas y de prosa nadilleras! ¡Ay, Raquel Méller de toda de Rilke, aprendió mucho, dicen, en esos nuestra, juventud! ¡Ay, los años dorados viejos discos de Raquel Meller. Sólo se del couplet Adiós, adiós para siempre. aprende de lo que tiene estilo Hoy, en Lausanne, donde vive Charlie Ohaplin, el Alfredo MARQUKRIE. luto será gran recuerdo: en las Luces de la ciudad la canción de La violetera era como una luz pobre, pero misteriosa; una como pequeña palabra poética donde había pájaros, niños, lluvia dulce, amores Sí: algo y aun algos tiene que decir el crítico musical español a la muerte de Raquel Meller. Sólo una prosa como la de los cuadernos de Malta de Bainer María Rike; podía contar, junto a os horrores de los hospitales de entonces, junto a las tremendas miserias en el París verde y rosa, otro capítulo de miseFOSFORO ria que alguna vez, rarísima vez, se resolvía en gloria: de esos tugurios del alma cerebro que alimentaban los baratísimos teatros de variedades, surgía una voz, una música con estilo La artista de número CALCIO suelto, de fin de fiesta, se convertía en crecimiento tonadillera, reclamaba para sí espectáculo completo, traía al retortero a compositores, editores y empresarios. La rara, dificilísima victoria, se encarnaba en el HIERRO teatro, pero también en la ciudad como vida, en una ciudad como el París de anemias hace cincuenta años. Cito la prosa de Rilke, recuerdo Luces de la ciudad de Chaplin, porque prosa y película pudieVITAMINA C ron contar, y lo contó la segunda, lo que era la real, gloriosa y humilde primavemetabolismo ra del ramo de violetas entre las calles. La música de esas violetas, la picardía liberada de carne, el guiño hecho inofenTÓNICOS siva ternura, dicen ya la historia que se llamó Raquel Meller. AMARGOS inapetencia La victoria singular de esta artista que iluminó a poetas se define así: de cupletista a tonadillera, de palabra procaá a palabra poética, de música chaESTRICNINA pucera a música inspirada de públiestimulante cos babosos a público de gala, de reseña pagada en periodicuchos a palabras de grandes escritores. Ese fue el caso que nuestros padres vivieron con Raquel Meller. Nuestra palabra, un poco titubeante, y es lógico, recuerda lo que significa tonadillera como contrapuesta a cupletista En las canciones mas famosas de Raquel Meller, las que oíamos de niños, se unían música y palabra a través de un algo especial, de un pequeño misterio: La violetera es una canción triste, y por eso la quiso Chaplin como fondo para Luces de la ciudad Vidas de pobres, de amargados, de ciegos, de barrios pobrísimos y del centro, subían hasta el escenario para resolverse en canción triste, pero algunas veces vibraba en la canción, como en la película de Chaplin, la protesta contra la sorda indiferencia de la gran ciudad. El mismo pintoresquismo parecía distinto con canciones como El relicario La canción teatral cuanda es así, como la hizo Raquel JVfeller, redime machas cosas dentro de la música ligera: es significativamente contemporánea de la importancia que se comienza a dar a la crónica periodística- ¿no es El relicario una especie de reportaje? participa de la estética de las pequeñas cosas, del ar 2 O tículo, de la poesía de ocasión, del mismo O chiste. Es tan rara la conjunción, que difícilmente se hace escuela Raquel MeLO í ller tuvo, me imagino, imitadoras: no es misión mía saberlo. Lo de ahora es horrible, porque aquella gracia, aquella sajara, aquella melancolía, aquella voz que viejos discos perpetúan- -una voz dulce, tu Z LU pequeña, personalísima, afinada- -se hace oe caricatura, porque se grita, y yo creo que en las grandes salas de París- -hasta la Opera, se abrió para ella- en función de inmensa gala- -hacía falta mucho silencio para oir bien a Raquel Meller. Y ese conseguido silencio era ia victoria de unas MARAVILLOSA NAVE, zona industrial canciones de música sencilla, intenciona- Chamartín, 1.750 metros, absolutamente diáfanos. Oficina, servicios sanitarios, desda, lírica, bien hecha. Yo no haría esta nota de musicólogo bordantes luces, accesos grandes carruajes. ¡Es francamente excepcional! sin saber una cosa: ese padre Duval que ¡INFÓRMESE! con su moto, su voz, su boina y su guitarra ha hecho de la canción religiosa EXCLUSIVAS RAMIRO. Plaza Cortes, 4. LA MAÑANA. PAG. 30 buenos. Era, quizá, el único aire de la ciudad al que los ángeles podían asomarse un poco... -P. Federico SOPEÑA. La habíamos visto, o mejor entrevisto, antes, cuando nos escapábamos para asistir a una función de variedades en el Trianon Palace, aquel teatrillo que dio a conocer a muchas artistas del cuplé y consagró a otras. El tiempo y las imágenes de entonces bailan un tanto en confusión, con envoltorio de una suave neblina, en nuestra memoria. Debía aún da existir el Café Suizo- con su despacho de repostería en medio, el salón de señoras a un lado, y. al otro, el café propiamente dicho, por el que tantas celebridades habían desfilado. Sí; a Raquel, la gran Raquel Méller, la habíamos entrevisto como número final y sensacional en el Trianon Palace, pero cuando en realidad la vimos, porque tuvimos conciencia de lo que era y representaba, fue en París, hacia el año 1929, eñ un teatrito junto al Boulevard Montmartre. El París de aquellos días era muy diferente del actual. Llevaba gozando diez años de paz, y la amenaza de otra guerra, si bien ya parecía estar en el aire, no angustiaba. El teatrito en el que actuaba Raquel Meller estaba de bote en bote, y estaba así, lo comprendimos en seguida, sólo para verla y escucharla a ella. Cuando apareció en el escenario, el publico la tributó una ovación prolongada y calurosa. Se advertía que eran muchos los espectadores que se habían hecho habituales del espectáculo, que a menudo, si no todas las noches, acudían a ver a nuestra cancionista. Cantó El relicario cantó La violetera cantó, en fin, muchas de las canciones que ella había hecho famosas. El público premiaba cada número con aplausos que parecía no iban a terminarse nunca. A nosotros nos invadía un júbilo íntimo mientras aplaudíamos sin fatigarnos, como hacían los demás. Cuando La violetera -creemos haberlo escrito ya alguna ves- los caballeros extendían los brazos y movían las manos para alcanzar los ramitos que Raquel tiraba. Así comprobamos la universalidad de Raquel, la enorme impresión que causaba a gentes llegadas de todas partes, que se mezclaban con los parisienses. Raquel era una gran embajadora nuestra, como con ella lo estaba siendo Antonia Mercé La Argentina como habría de serlo, poco antes de la segunda guerra. Encarnación López La Argentinita Fue por entonces, el cine sonoro estaba naciendo, o quizá muy poco después- -estamos escribiendo sin echar mano de fechas, envueltos siempre en la neblina de lejanos recuerdos- cuando Charlie Chaplin, el gran Charlot que había oído cantar a Raquel La violetera dijo a nuestra artista que tomaría la melodía para una de sus películas y que le gustaría que fuese su compañera en la interpretación de la historia. Raquel no hizo la película, pese a la petición y a la amistad que con Chaplin la unía, igualmente que con Douglas Fairbanks, el de los saltos prodigiosos, el del primer Signo del Zorro Y la película fue Las luces de la ciudad uno de los más extraordinarios largometrajes de Charlot Es esa película en la que guarda la ciudad asombrosas e incomprensibles sorpresas para el vagabundo, del que se hace amigo por las noches, en sus borracheras, un multimillonario, que le invita y se hace acompañar por él, pero que por el día no le recuerda y, claró está, no le reconoce ni le distingue con su amistad. Es, quizá, Las luces de la ciudad una de las más patéticas películas de Chaplin, una de las más tiernas y conmovedoras en la historia de amor que entraña, en la historia con la ciega, y la melodía de La violetera sólo por haber escuchado la canción a Raquel, está en ella, como debió estar Raquel misma. Ahora, aquellas luces de la ciudad y Raquel son recuerdos. Pero nosotros soñamos aquellas luces ya fuera del tiempo, apagándose un instante al extinguirse Raquel Meller. -Miguel PÉREZ FEBRERO. LUCES DE LA CIUDAD PEQUEÑA, VIEJA Y BELLA CANCIÓN VITAMINADO ITU ¡EXCEPCIONAL! fALiZ CON III ERGl