Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
PRESIDENTE AGUINALDO AL PRESIDENTE DIOSDADO MACAPAGAL Por ANTE RADAIC C ON gran complacencia de los filipinos y entusiasmo sin precedentes, el pasado día 12 de junio se celebró (por primera vez y con carácter oficial el histórico 12 de junio de 1898. Fue en esta fecha cuando el joven general Emilio Aguinaldo, caudillo de la revolución contra España, (proclamó, en su ¡pequeño y natal pueblo de Klawit, la independencia política de Filipinas. Aquel histórico acto de hace sesenta y cuatro años fue proclamado en castellano y aclamado igualmente en la lengua del nacionalismo filipino. Dos meses más tarde se arrió la bandera española en el mástil del Fuerte de Santiago- -cuyas ruinas hoy se pudren al sol- mientras la bandera norteamericana fue saludada, con las salvas de los barcos de su nación, anclados en la gran bahía de Manila. Los norteamericanos ocuparon el país, mientras que los filipinos tomaron sus ar- mas contra un enemigo mucho más fuerte. en defensa de la República. La captura del general Aguinaldo, en abril de 1901, marcó el final de la primera República Filipina. Entonces el joven caudillo se dirigió a su pueblo con la siguiente proclamación, que decía en parte: La nación se ha declarado inequívoca en favor de la paz; así sea. Basta de sangre, basta de lágrimas y desolación... al aceptar la soberanía, de los a t a d o s Unidos en todo el archipiélago, como lo hago ahora sin ninguna reserva. Yo creo que yo te sirvo, mi querida patria. Que la felicidad sea tuya. Pero la guerra continuó hasta jue el general Malvar sé rindió con el siguiente manifiesto, en mayo de 1902: Proclamo y ¡hago saber... que la guerra llevada contra la autoridad de los Estados ülnidos por los filipinos ha terminado. Casi media siglo más tarde, el 4 de julio de 1 946, se arrió la bandera de las franjas y estrellas, mientras el himno nacional- -compuesto en castellano y en tiempo de la revolución por José Palma- -saludaba el enarbolamiento final de la bandera filipina frente ai monumento de José Rizal, en La Luneta. La gran nación norteamericana restituyó la independencia filipina, y, según las palabras del anciano general Emilio Aguinaldo, las que nos refirió hace algo más de un año, los americanos nos devolvieron lo que antes nos habían quitado Más de un millón de personas se aglomeraron en las calles de Manila y en la histórica Luneta para presenciar por primera vez la celebración en conmemoración del LXIV aniversario de la independencia, de Filipinas. Mabuhay si Oeneral Aguinaldo fue el grito de la multitud cuando el viejo caudillo de noventa y tres años de edad apareció en La Luneta. Llegó en una ambulancia, escoltado por altos funcionarios del Gobierno, hombres uniformados y un grupo de médicos y enfermeras. Fue materialmente llevado a su puesto de honor en la tribuna, al lado del presidente Macapagal. Las cada vez más reducidas filas de sus revolucionarios, que lucían su antiguo uniforme de rayadillos, desfilaron trabajosamente, bajo el peso de sus banderas y sus años, (para rendir honores a su general y caudillo de la primera revolución nacional en el Asia. Estruendosamente aclamado, el presidente Diosdado Macapagal se dirigió a la concurrencia más grande del Día de la In- dependencia jamás reunida en La Luneta. Prometió que su administración dará a cada hombre la oportunidad de vivir en las circunstancias dignáis de su condición como un ser humano hedió a la imagen de Dios Exhortó a la nación para, que demostrara con hechos que es digna de la libertad ganada por los héroes de la revolución de hace sesenta y cuatro años. Los filipinos reconocen con entusiasmo la inspiración y decisión del presidente Macapagal, cuando recientemente proclamó el 12 de junio como el día para conmemorar la Declaración de la Independencia filipina, en vez del 4 de julio, como hasta ahora se iba celebrando conjuntamente con los Estados Unidos, basándose en la concesión de la independencia del país por los norteamericanos del año 194 G. Con esta orden ejecutiva del presidente Macapagal se ha reivindicado a la Historia y. se reivindica a España, puesto que fue ella la que poderosa ments contribuyó a la formación da la nación filipina. Fue España quien estableció por primera vez un Gobierno central para este archipiélago, creando así la unidad política que, con el transcurso del tiempo, sirvió; dé estímulo a la formación de. la nación filipina y que, en aquel 12 ds junio ds 1896, se descubrió a si misma. Y cuando la bandera española cesó de ondear en Filipinas, este país ya estaba en el camino firme del progreso, ostentando el sello de la civilización occidental. ¡El erudito filipino Teodoro ICala al señalar la conversión religiosa y la estabilidad del suelo como la magna empresa de España, exclama. ¡Qué ejemplo más grande de paternalismo bienhechor y generoso! Y otro gran filipino, Claro Recto, hablando sobre la lengua española en Filipinas, dice: No es, ciertamente, por motivos sentimentales o por deferencia a esa gran nación que dio a medio mundo su religión, su lenguaje y su cultura, que profesamos una tan gran devoción a este idioma y mostramos un tan firme empeño en conservado y propagarlo, sino por egoísmo nacional y ipor imperativo del patriotismo, porque el español es ya cosa nuestra, propia, pues sin él es trunco el inventario de nuestro patriotismo cultural... en fin, porque el español es ya una tradición patria que si tiene raíces en nuestra historia, también las tiene en las entrañas de nuestra alma... El joven y dinámico presidente de Filipinas, Diosdado Macapagal- -descendiente directo del famoso Rajan Lakandula, el que por primera vez estrechó la mano a un español en ocasión de la fuma del Tratado con Legazpi, cediendo así Manila a los españoles- -es un gran amigo, del pueblo español y de la tradición hispana en Filipinas. Lejos de la confusión que ha venido creándose en ciertos ambientes sobre el problema de la política española en Filipinas, a causa, sobre todo, de la propensión a inyectar en el pasado ideas y criterios anacrónicos en el sentido moderno de la palabra, el ilustre huésped del Gobierno español, en más de una ocasión, manifestó con sus actitudes qué el conjunto de la obra española en éste Archipiélago resiste los más duros embates de una crítica alimentada con prejuicios seculares. El presidente Macapagal, a través de su secretario de Prensa, explicó a la nación su decisión de emprender su primer viaje oficial al extranjero- -feliz resultado de la invitación hecha por el nuevo y ya admirado embajador de España en Manila, señor don Jaime Alba- cuando dijo: El viaje a España no sería de la misma naturaleza que su proyectado viaje a los Estados Unióos, porque España tenía mayores motivos para exigir la (presencia del presidente de Filipinas; subrayó los lazos de orden sentimental, histórlco- cultural, de fe y de sangre que unen a los dos pueblos amigos. No es de extrañar su actitud de simpatía hacia lo hispánico y él pueblo español, pues su educación fue enfocada ya desde la infancia hacia tales sentimientos. Esto se ha demostrado no sólo en su vida de político, sino también en su vida del joven estudioso, ¡maduro intelectual y en su rida familiar y ¡privada. ¡El presidente Macapagal está estrecha- General Aguinaldo, presidente de la t República Filipina. mente vinculado a la hispánica Universidad de Santo Tomás, de Manila, regentada por los padres Dominicos españoles desde hace trescientos cincuenta años. ¡Durante tres siglos y medio permanecieron abiertas las aulas de esta Real y Pontificia Universidad, de las cuales han brotado tantos frutos de cultura, siendo su gloria el haber formado a las generaciones de filipinos que realizaron el movimiento de Independencia. Macapagal terminó en esta Universidad su carrera de Derecho el año 1937 con la máxima calificación: Summa cum laude Once años más tarde obtuvo el título de doctor en Derecho con los mismos honores. Hace pocos años, y en la misma Universidad, siendo vicepresidente de Filipinas, se doctoró en Ciencias Económicas, ganando por tercera vez la suprema ambición de un estudioso. El tema de su trabajó presentado fue el programa económico de Filipinas que ahora, como presidente de su nación, está realizando en forma de control y dé desarrollo económico para cinco años, con inspiración, coraje, firmeza y autoridad. Macapaigal, uno de los estudiantes más brillantes que han pasado por las aulas de la vetusta Universidad hispánica, fue su