Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
DOt ISMAEL CALVO MADRORO LA VOLUNTA! Por J. M, GAMAZ 0 Y GARCÍA DE LOS RÍOS É ABC José María Souvirón, los Jóvenes piensan a veces en cómo descubrir sin trabajo lo que antaño exigía una vida entera de labor y de sacrificio no me parece inoportuno recordar como ejemplo (para los que de aquéllos, hundidos o no en el fondo de un cafetín sean capaces de ¡pensar) los esfuerzos y los éxitos logrados en sólo sus primeros treinta y siete años por un hombre- -eso sí, ¡todo un hombre! -cuyo curriculum vitae (con ae diptongo y lo advierto porque aunque la frase se usa mucho ahora, el latín en cambio lo es poco y algunos ignoran seguramente la ortografía de la primera, declinación) si en su tiempo fue excepcional, es para la Juventud actual Incomprensible. El ilustrísimo señor don Ismael Calvo y Madroño no llegó al mundo ni en la ilustre cuna de una familia de rancio abolengo cargada dé títulos, grandezas, honores y riquezas logrados por antepasados notables e influyentes ligados por sus meritorios hechos y altisonantes apellidos a la historia de la España esplendorosa de los tiempos en que el sol no se ponía en sus dominios, ni tan siquiera en el confortable hogar de unos nuevos ricos encumbrados a la primera fila social y financiera por su talento y actividad siempre respetables, aun para aquellos que creen verdad el viejo refrán que asegura que nunca crece rápidamente el río con el agua limpia Fueron sus padres unos modestísimos labrantines de la provincia de Zamora residentes en un pueblo perdido y casi iricomunicado dentro de ella, Pozo Antiguo, próximo a la muy noble ciudad de Toro, pero al que no cupo ni aun la notoriedad de Peleagonzalo, históricamente renombrado por la célebre batalla que allí tuvo lugar y decidió el destino de la Beltranefa, cercano también de la dudad de las Cortes y las Leyes famosas. Y en ese casi desconocido pueblecillo, del matrimonio de Alvaro Calvo Barba y Ana Madroño Casas, nació el 17 de mayo de 1858 el hombre que no pensó en descubrir nada sin trabajo sino que, por el contrario, tuvo fe en que trabajando se descubre y se logra todo, aun no contando como no contaba él, con la influencia de padres: o padrinos capaces de torcer voluntades, rebajar el nivel de las barrerás, o designar con el dedo quiénes han de ocupar codiciados puestos, aunque haya que luchar para ello con los hijos, ahijados o protegidos de tales poderosos. No lograron ofrecerle sus padres, cuando él tenía once años y ellos lo eran ya de numerosa prole, de la que él era primogénito, otra base de cultura que la que pudiera darle el cura del lugar don Lorenzo Temprano que a partir de 1869 comenzó- a enseñarle el latín. Y a fe que ni el cura debió ser de los llamados de Misa y Olla, ni el discípulo menguando, porque muchos años después, en 191? contestaba de su puño y letra en latín a sus contertulios de la librería de Victoriano Suárez, los señores Bonilla San Martín y Canseco, aceptando su invitación para consumere prandium apud Botlnum fijando el día decimus Kalendas Mal! y la hora Décima tertia pero si vobis placet cci i su. habitual cortesía. i N estos tiempos en que, 1 hace poco en un recio como decía articulo de la situación del entonces tesónudo estudiante, cuando refiriéndose a él dice viendo a sus padres pobres, a sus hermanos muchos, y menores, y decidido a afrontar la lucha de la vida... Pues bien, viendo todo eso y decidido a triunfar, se trasladó a Madrid y logró trabajar como amanuense en la notaría de don francisco Morcillo y León, sufragando con lo que en ella ganaba no sólo sus más perentorias, mínimas necesidades, s i n o también los gastos consiguientes a; la carrerí de pe recho en la Universidad Central, cu yas asignaturas estudiaba de n o c h e para poder asistir a las clases, hacia en la notarla horas extraordinarias a cambio de las que por las m a ñ a n a s empleaban en ello. Pero llegó el año 1878, y como habían pasado Viente desde que naciera, fue sorteado primero y llamado después, para formar parte de los quintos de aquél reemplazo. lY aquí fue Troya! Aunque destinado primero al regimiento de WadRas, logró p a s a r luego al batallón de distinguidos del Ministerio de la Gue. rra, pero no por eso lograba tener la libertad necesaria para estudiar en el dormitorio comiún, ni meno para ir a las aulas de la Facultad. Como dice uno de sus biógrafos, cada escapatoria para asistir a una clase equivalía á un día de arresto, y cada nochí! te llenabft sus compañeros la caima, de prCyectites hasta que le derribaban el libro de las manos o le apagaban la Vela con que lela. Fotocopias de la carta de Invitación- rraniüién en latín- y de ésta, han sido publicadas en un amenísimo discurso de apertura del curso de 1961- 62 en la ciudad de Valancia que, como lección inaugural del mismo, dio el catedrático de aquella Universidad señor Calvo Alfágeme. peí aprendizaje del latín bajo la férula del cura párroco, pasó el señor Calvo al Instituto Ledesma, establecido poco antes durante el turbulento periodo revolucionarlo de la ¡primera República y allí W graduó bachiller con nota de sobresaliente en todos los cursos. Para ello le habla preparado su lejano pariente, doctor en Sagrada Teología y en Derecho Civil y Canónico don Casto de la Rúa, que sin duda contribuyó no poco a formar su mentalidad de jurista y su insobornable amor a lo justo por encima de t O d Ó Y bachiller, indo los entonces dos cursos de la carrera del Notariado, mas orno la situación económica familiar seguía siendo modestísima, hubo de acudir para ello al amparo tíe otros familiares residen t s en Medina del Campo, quienes gratuitamente le hospedaron mientras practicaba cada día, una serie de horas como escribiente en una notaría de aquella plaza, y estudiaba otras muchas, incluso quitándolas al necesario descanso, para prepararse y. podeí: presentarse, cada año en: la Universidad de Valladolld, donde acabó aquella carrera, con la calificación de sobresaliente y además el premio extraordinario. En una carta de don José Ramón Mélida ¡publicada en la Ilustración a fines del ¡pasado siglo, hay una frase que no quiero dejar de transcribisg porq. u describe A pesar de todo, siguió obteniendo matrículas de honor qué le eran indispensables, pus no podía costear de otro modo las del curso siguiente, y consiguió al fin salir de lia Universidad Central licenciado y doctor en Filosofía y Letras y en Derecho Civil y Canónico, con premios extraordinarios en ambas disciplinas, que le ¡permitieron obtener los respect- ivos títulos sin d s- embolso alguno. Como abogado, comenzó sus prácticas para el ejercicio de la (profesión, siendo pasante en el bufete de don Enrique TJcelay, y más tarde le abrió él mismo, en unión de su compañero don Ángel dorostiaa y Habituadisimo al estudio, simultaneó estos trabajos con la asistencia en la Escuela ¡Superior de Diplomática a los cursos de Paleografía general y critica, Arqueología Historia de las Bellas Artes y Bibliografía, con lo que dio fin a otra carrera especial, la de Diplomática. Y como este nuevo titulo además de ios ya adquiridos do torados, le facultaba ara ello, hizo en 1886 oposiciones a las plazas vacantes de Archivos, Bibliotecas y Museos, y obtuvo, en lucha con otros sesenta y cuatro opositores, el número uno de la sección. de Museos, siendo destinado al Arqueológico Nacional. (Pera aún, le parecía poco, y por Carvajal.