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LUCHAS DE TOROS CON OTROS ANIMALES E ha suscitado la conveniencia o inconveniencia de echar a pelear un toro con un león, y aunque no nos mueve salir en defensa de una u otra opinión por ser aficionados a. toros y por tanto parciales, sí, en cambio, nos proponemos decir qué. mal o bien celebradas estas luchas, ya en años lejanos el toro Ibérico luchó, ¡por imposición del hombre, con diversas lleras en muchas ocasiones. Ricardo Palma, el eximio autor d? Tradiciones psruanas indica en esta obra que la primera vez que en la plaza de toros da Acho (Lima) luchó un toro con otra fiara- un oso- ¡fue el 9 de febrero de 1817, Y no debió de ser la única por cuanto don Ricardo, al referirse a ése espectáculo, afirma en favor de la verdad histórica: La lucha de un oso con un toro no es, como se ha querido sostener, novedad de nuestros días. 1. a gente siempre ustó de platos fuar. tes, pues no otra cosa significaban las luchas de fieras. En díítómbre de 1634 hubo en el Retiro madrileño fiestas de toros y cañas. Como quiera que. regalaran á Felipe TV un león ferocísimo, alguien tuvo la luminosa idea de encerrarlo en la plaza oni un toro. ¿Qué sucedió? Casi Siempre salió el toro vencedor, en estas pruebas. Mas en aquella ocasión sl rey de la selva venció al hispano cornúp? ta. El león, muy astuto, se estuvo quieto, con mucho sosiego, y cuando el astado sa fus a él con la intención de lanzarlo por los aires, le dio un zarpazo, con mucho sosiego también, como si ahuyentara una mosca, y le dejó fuera de combate. Lo cual quiere decir, aunque no lo parezca, que lo mató. Volvió grupas; ss dio un garbeo por la plaza- -muy sobadamente- se acercó al vencido; ls lamió las hsridas y se estuvo junto a él, velándolo, hasta que vino el leonero y sé lo llevó a la jaula de la casa de fieras que Bu Majestad tenía en el Retiro; casa ds fieras a la que el pueblo d Madrid, con su gracia característica, puso el remoquete de el Gallinero ¡Menudas, gallinas se cobijaban en aquel gallinero! Establecida la Corte en Madrid, uno d e los pasatiempos favoritos de los Reyes Con Felipe II e Isabel de Valois en el alcázar madrileño solía ser la leonera. El Rsy recibía como presentes algunas fieras; que engrosaban inmediatamente su colección privada. La leonera estaba en un ipatio de palacio, desde cuyos corredores altos los soberanos la contemplaban ora como preparación a las luchas de fieras- -dice González dé Amezúa- princlpatoanta de leones con toros, a que tan dados fueron los tesipañoles de aquellos y aun posteriores S para dar paso a un oso y varios perros de pi- esa. Con motivo del nacimiento de la infanta María Teresa, por la victoria dePuenterrabía y la entrada en Madrid del duique de Módena, en 1638 hubo fiestas en el Buen Retiro, consistentes en sortija, estafermo y lucha de fieras: leones, alanos y toro En diciembre d 1 Q 3 se corrieron toros en cuatro ocasiones ante el palacio que el duque de Lema tenía en, Madrid. El motivo de esas corridas fus la estancia de los Reyes n la Villa, jpues por entonces la Corte estaba de asiento en Valladolid. En la fiesta del domingo 7 reservaron un toro, el más bravo, al parecer, para echarlo a pelear con un tigre, que le acometió dos veces. El toro lo lanzó por los aires, El tigre acabó arrinconado. Y viendo que el esp- setáeulo no daba más de si. sacaron a, la plaza unos alanos a pelear durante un lacio, cercada con tablas. EÍ león africano fue volteado por nuestro toro. El rey de la selva anduvo huyéndole y, aun picado con un garrochón, no aprovechó de nada. Pon Felipe disparó su ballesta sobre el toro y, a pesar de hallarse herido, aún buscaba a eu enemigo. Echáronle perros de presa, contendiendo con ellos durante una hora bravamente hasta que al fin murió desjarretado, En Aranjüez, en 1854, un toro luchó con un elefante, con una pantera que, acobardada, se arrinconó. Salió ufi leopardo y fue lo suficientemente arrojado para saltar sobre su enemigo, saliendo corneado. Tras esto se echó en el suelo fingiéndose muerto. Por entre los barrotes de la gran jaula, donde el espectáculo se ofrecía a los espectadores, pusiéronle banderillas de fuego, con lo que no tuvo otro remedio que acabar el fingimiento y acometer a su antagonista. Nueva vez quedó corneado, arrinconándose sin valor para acometer. Los espectadores, como en casi todos los casos análogos, salieron, defraudados. En 1885 luchó el elefante Pizarro en la vieja plaza madrileña de la Puerta dé Alcalá con cinco toros, a cuyos espectácu- Cn Aranjuez, n 1834, un toro luchó oonaecuílvamente con un IsfanU, un pantera y un leopardo- siglos Apenas Inaugurado el Real Sitio del Retiro y comenzadas las obras dsl palació, el 13 d octubre de 1631, n la plaza, del parque, un toro luchó con un león, un tigre, un oso y otros animales, resultando vencedor el león, pues las otras fieras. le huían. Y como no hubiera modo de despejar la plaza, el soberano (FSlipe IV) pidió su ¡arcabuz, matando al toro de un tiro en la frente. Concluida la, -plaza del Buen Retiro en 1633, el 5 de diciembre se verificó en lia una fiesta de toros y cañas por el nací- miento del principe Fernando Fi ancisco. Y al día siguiente, a pesar de lo mucho qiie nevó, se corrieron toros en la exipresada plaza. En la misma tarde mandó el Rey Fénica XV sacar a la plaza un león, y un toro; vt n ¿tfon ési- js. retiraron él león rato con el astado. El de los perros ha sido espectáculo corriente hasta el pasado siglo, pues eran empleados para enfurecer los toros o sujetarlos a fin de efectuar el desjarrete. El uso dé los perros eh las corridas es antiguo, pues de mediados del XVH es la siguiente octava: Salló uii bravo lebrel a un toro bravo, al tiempo qne de gente infts despeja la ploüa. rtestle. un cabo ál otro cabo, y iisirile. fuertemente de la oreja; ínas viendo el tómi, iififltlo de otro clavo, qufl, niiíírnlzado, el perro no, le (leja, ftvehWle tan alto deside: el suelo, qué casi llego sec et Con del Cielo. T Quiso Felipe n i en Valla dolid ver pelear un león con un toi- o. Encerraron- á ambas fieras la plaz tras- efe del paen Ios- pues fueron dos- -acudió numeroso publico. El 23 de mam idel citado año tuvo por antagonistas a los toros Garabato negro, de la ganadería, de Fuentecilla, y a Lie ro rstinta, ds Bañuelos. Y el día 28 del mismo mes a Boíero retinto, dé Ginés, y a Maiaeté retinto, de Carriquiri. Sólo Boléro consiguió hacerle un rasguñó en la troitópá. Por cierto que, lidiado este- toro en la misma plaza el 15 de octubre slgjuiiénste, cogió al gran Lagartijo caussándole algunas lesiones. Los casos expuesto no son más que Uno pocos ejemplos de liwhas d fieras que los españoles heredamos quizá de Roma, ti qué era muy frecuenté que hombres lucharan con fiera, s y éstasjg hicieran entre sí, siendo el toro una de las principales en aquellos espectáculos de la antigüedad clásica. PraiJCÍgCov LÓPEZ IZQTOiE RDO