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LOS TRISTES AMORES DEL REY INTRUSO LA SEPULTURA DE LA CONDESA DE JARUCO A calle del Clavel tiene nombre de flor española. Es calle corta por su longitud y larga por su tráfico. Comienza en la del Caballero de Orada y termina en la de Infantas. Fue una de las calles madrileñas rotas al llevarse a la práctica el proyecto de la Oran Via, y, ahora, es atravesada por ella, partiéndola en dos desiguales trozos. Antiguamente, la calle del Clavel era lugar escondido entre muros conventuales, con tapias coronadas de madreselvas, jazmines y enredaderas. Callejón silencioso donde el rezo de las monjes del convento de las Concepcionistas era murmullo suave que la envolvía en el misterio, y el doblar y redoblar de las campanas, nota triste o alegre en su repiqueteo. tía calle del Clave? se envuelve en perfumes de leyendas. Unas, relacionadas con el origen de su nombre, y otras con el de los tristes amores que tuvieron pir es cenarlo un antiguo palacio que, con amplio y viejo jardín, se encontraba en estft calle. Esta historia, pues más tiene de historia verídica que de nebulosa leyenda, sucedió en los primeros años de) pasado siglo. Los- días gloriosos y sangrientos del Dos de Mayo habían quedado atrás, y Madrid y sus habitantes estaban sometidos al duro yugo extranjero. Un Rey francés, hermano del conquistador Napoleón, fue impuesto a los españoles. Se le llamaba el Roy Pepino y Pepe Botella pero él ostentaba orgulloso el titulo de José I de España. Reside en el Real Palacio, y para disipar sus preocupaciones, celebra saraos a los que el séquito cortesano tiene la obligación de asistir, así como el pequeño numero de afrancesados que comen migajas ensuciadas por la traición en el banquete del triunfador. En la reunión se baila, se critica en voz baja y todos se aburren elegantemente. La fiesta tiene tono apagado y triste, como apagada y triste es la Corte del extranjero. Todo en ella es opaco y oscuro, hasta que entra en el salón la condesa de Jaruco. Teresa Montalvo, condesa viuda de Jaruco, era una linda cubana que, muy Joven, casó con un militar de las colonias inmensamente rico, que paseaba con urgullo su título de conde de Jaruco. El marido doblaba la edad a la bella joven. Pocos años duró el matrimonio. El murió de unas fiebres, dejándola Joven, rica y en posesión de un título nobiliario. Teresa Montalvo se traslada a Madrid. Aquí la sorprenden los sucesos del Dos de Mayo: la entrada de Napoleón y el nombramiento de su hermano para Rey de los españoles. La condesa Jaruco está emparentada con el general O Farril, ministro del Rey José. Esta es la causa de que ella asista a las fiestas que se dan en Palacio. El Rey intruso, aquel Rey José que parecía vivir de prestado en la Corte de las Espaftas, al contemplar a la bella condesa quedó fuertemente impresionado por su singular hermosura. Procura verla, hablar T 4 S fea L c o n ella y, pocos días después... Una noche, d e l Palacio de Oriente salló u n caballero embozado en amplia capa, al que acompañaban otros tres, En silencio, atravesando callejas poco concurridas y peor alumbradas, se dirigen hacia la calle del Clavel. Al llegar junto a la puerta del jardín de un recoleto palacio, uno de ellos, precisamente el que había salido del Real Palacio, se adelanta e introduce una llave en la cer r a d u r a. A b i e r t a la puerta penetra en el jardín y ee acerca a un olma, frondoso y secular, que p a r e c í a guardar el l u g a r Junto al árbol se encontraba una dama. La coridesa de Jaruco. El ardin del Palacio de la condesa de Jaruco. pequeño y cuadricular, estaba cercado por un claustro de piedra roqueña. Grandes árboles trenzados de yedra, el silente ciprés, el esbelto chopo, alguna acacia y unos rosales, ocupaban la mayor parte del terreno. Los árboles quedaban ensombrecidos ante el viejo olmo qua. orgulloso de sü tronco recio, jugoso y con áspera fronda, ascendía hacia el cielo en una de las rinconadas. Era el árbol preferido por la bella Teresa Montalvo, y a su regazo se acoge para esperar la llegada del que, por imperio de la fuerza, gobernaba los destinos de la España napoleónica. El árbol es sombra acogedora para los amores del Rey y de la hermosa criolla. La condesa de Jaruco es feliz con su amor real. Mas un trágico presentimiento se adueña de su espíritu, y una noche, a la sombra del olmo protector, solicita de su amado un favor. Es una extraña petición. La de que si muere antes que su amado, ordene la entierren Junto al viejo olmo, debajo- de sus ramas, a su sombra. El Rey promete cumplir aquel extravagante ruego. Pasan los días, y con los primeros del otoño madrileño de 1810, tras una corta enfermedad, la condesa de Jaruco muere. El Ayuntamiento madrileño, por aquellos días, teniendo en cuenta la g r a n mortandad que existia en la capital- -unos por hambre y los más por la peste- ¡había inaugurado un cementerio junto a la vie- José i cíe España. ja Puerta de JPuencarral. El cadáver de la condesa de Jaruco iba a ser el primero que se enterrara en el nuevo cementerio, Aquella tarde, cuando las hojas llovían lentamente de los árboles, el cadáver de Teresa Montalvo, condesa de Jaruco, era enterrado en el cementerio de Fuencarral. La ¡misma nocíhe, arrebujados en su oscuridad, como espectros fantasmales, surgen unas sombras que se acercan a una tumba, remueven la tierra, y extraen un arcón que pocas horas antes había sido allí depositado. Luego, se alejan con su carga y, por lugares despoblados, llegan junto a la calle del Clavel. Uno de ellos abre IB puerta del Jardín... Se adentran los portadores de la caja y el silencio es roto por una voz que dice: ¡Aquí! Eepositadla en este lugar... Ya estás donde tú querías... ¡Descansa en paz, condesa de Jaruco! He cumplido mi pramíSB, Las hojas del árbol desprendidas por los vientos de otoño, caían suavemente sobre la fosa. Rendían asi su tributo de amistad cubriendo el lugar donde dormiría el sueño eterno aquella bella mujer que sintió un gran amor a la sombra de un olmo viejo que había en el jardín del palacio de la calle del Clavel. Juan FUERTES MONTALBAN