Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
crologia, poblada da Impresione y re cuerdos. Hay más, mucho más. en esos cinco números de El Peregrino interesantes cosas peregrinas, algunos trabajos de política Internacional y un acuse de recibo del libro Lecturas españolas de Aüofln al que José de Armas llama, admirable escritor, maestro de estilo castellano, que ha Introducido en España un género de critica seria, erudito, breve y aJm no- compatible con el periodismo y con el libro- -muy semejante, t n el fondo, a la manera encantadora de Emite faguet Sobre el Assoríti de 1 B 12 profetisa algo que se cumplirá doce años más tarde; su presencia en la Academia Española de la Lengua. Es un joven, dice, que no habrá pasado dil mezzo del catnin fijado por l- ara en los treinta y sois años, según recientes comentadores de Dante, Le quitaba, sin proponérselo, tres afio. t de la cédula. cubría en Aeorin un carácter estudioso y grave, gran amor a la literatura clásica española, cuyo propagandista entusiasta y ferviente era, juicio impareial y sereno, erudición profunda y de primera mano, y le señalaba, además, en nuestra Prensa, como un benefactor. Cuando tantas voces se levantan aquí para escarnecer ri pasado intelectual y moral de Eftpaña y negar a la raza toda fuerza progresiva. -ál escudriña y revuelve esa mismo pasada, a ñn de hacerle amar de sus lectores y hallar sólidos argumentos en que fundar esperanzas de futura grande? a. Es un gian literato y también un er n patriota E indicaba no ser su cultura exclusiva mente española, sino universal; ni meramente literaria, sino, a la ve científica, Es un crítico moderno; en una palabra. al modo de Tame, más que Salnte- iBeuve, y que precian, por consiguiente, en la obra literaria y en su autor, las Influen cia dsl medio, de la raza, de la herencia fisiológica y psicológica, para explicar antes que jMKgttf los libros y lo hombres. Moralista, a la vea penetrante y dorjjsiembra su multo de pensamientos y de originales teorías, qua, como flores del camino, va recogiendo a! travéi de sus lecuuas y meditar- ion Algo más que esto contiene la nota de lectura sobre el libro de Arorín y si ÍIOS hemos detenido en fjlln, débese a ia creencia de haber quedado e las pávlh s de El Peregrino poco menos que sepultada para siemprn. Según dijlmoc al comlenao, Justo de Lata y Jos? de Armas merestíu. acuñados en una sola moneda legitima y de valor, haber dejado huella más honda en la memoria de los escritores españoles. En nombre de Aeoríft y en el ínlo. cablegrafió este recuerdo hasta su eoulcro en la sufrida e infortunada perla de la. Antillas, Si el gran poeta cubano Juan Clemente Zcnea, pudiera incorporarse en su tumba un instante... ¡con qué angustia podría repetir aquellas versos suyos! Totlg- o el iltud ¡St f mi ílilním id i nr iin. -H penas ejuci no tienen m ni liin culpe. un, purqiut le p 5 oleo p. iitia, oti- c Hítfio j olios II Une iKjuf ll- í pilad m u I M P miíir- un isnmi mil llítii) iim un lin ík la nntljrii. i Hmni mN hriini. itiiir t un ln iitvrl. i liim A e i EN i TIERRA! DE! CAMPOS ÍSE REFRENDO LA CAPITALIDAD DE MADRID tastillo de Ampudla. Bn su recinto, Follpe III decretó en 1608 la vuelta de la Cofts a Madrid. A sus pies se elevó recientemente un pablado afdiendoi pafa los primeaos planos iniciales de la peIfeu e S Cid Su aatual propietario, B. Kugenio Fontaneda, lo c tá restaurando. (Poto Paya. D J. GARCÍA MKRCADAt. ÜRANTÍ el lógico y razonable albora conmemorativo de la capitalidEtd de Madrid, Tierra de Campos ha permanecido envuelta en su proverbial silencio, como agazapada en su propio suelo, retrepada hada sus inconfundibles siluetas verticales df c h o p o s castillos y campaniles En su Impresionante y ocre amplitud ha querido eátai como ütt callado espectador contemplando 1 desfile de actos, letras y nvttiHajes, deseando de hecho permanecer al margen de un acontecimiento en el que estos viejos predios de los campas góticos tuvieron- -aunque a estas alturas ptum a peregrino- -una decisiva participación, al menos como mentiría y marco, que- -al fln y al cabo- -flo otra cosa puedan ser las tierras, Ahora, cuantío til cordial bullicio madrllsfío, conmemorativo dp su capitalidad española, se hu clausurado y se ha hecho e) silencia, Tierra de O mpo quiere delar su ve sobi s los alress, de manera sen cilla y a lo llano, simple y exactamente. dando vida en el recuerdo a una efemlrid? ventArrosa, FUFS qus ni es cierto tju Felipe íl estableció en la Villa del oso y del madroño la capitalidad de B a t í a n a en 1531, también es verdad que al comenzar el siglo JfcVIl. la serena majestad de Felipe lll, a instancia dp su ministto. el duque de terina, privó rt Madrid de tal merced, trasladando este privilegio a la vera del Pisuerpm, Cinco años aproximadamente h a b í a n transcurrido desde que Valladolid tira nuevamente Corte de las Hispanas, cuando pagadas las fiesta de Año Nuevo de 1608. Felipe ÍII y su (Mírenla esposa, doña Margarita de Austria, acompañados de brillante y numeroso séquito, su trasladaron a Ampudia, en el corazón de Tierra de Cam- pos. palentina villa, señorío del duque de Lerma. Üti apretado, vistoso y extraordinario programa tte festejos se ftie deshilvanando, prodigándose los de salón, porque suele enero ser recio sobre el pelado e impresionante pandero de T i e r r a de Campos, y la mansión aleaaarefla de los Lerma es Amplia y capaz, suntuosa y acogedora, amable en sus recintos y generosa en sus comodidades. Villa vieja y callada, Atnpudia, antigua f, ona púdica (fuente Fcondida) salía de sil mutismo, estrenando bullicio y fiesta real, resonando como un estremeoedor redoble sobre la parame- ra adusta de ios campos góticos mientras Madrid. Corte y capital por excelencia hasta sólo hacia cinco años, ibase desmadejando ante el silencio de sus ealleí. y plazas y el expolio del alcázar real. Y un dia de enero de 1606, hallándose los rey s en Ampudla. hasta la villa palentina llefcó una embajada integrada for Silva de Torres, alcalde de Madrid, v cuatro regidores, comisionados por el Ayuntamiento madrileño; su misión era concreta y precisa; solicitar de Su Majestad el retorno de la capitalidad de España a ID Villa deil oso y del madroño. Ya habían andado por delante ¡as gestiones del conde de VillalonKa, adicto al duque dp Lerma (ganado en esta ocasión pora las pretensiones madrileñas) y en verdad que no hicieron falta muchos raranamientos ni pláticas de la embajada municipal madrileña para c ¡ue Felipe IH aceptase el volver a establecer la Corte en la Vtlla, máxime cuando la súplica de Silva de Torres y acompañantes fue rubricada con la promesa de servir al rey con doscientos cincuenta mil ducados, pagado en una decena de años, más otras interesantes g a v c 1 a s prometidas por el Concejo da Madrid. Otorgó Su Mttjf. stBd la merced, y PI 24 de enero fue anunciada la buena nueva en Palacio y. Jos Consejos. Era el 4 de marzo ele 3.606 cuando los reyts hacían su entrada triunfal en Madrid, ds nusvo y para ¡siempre capltul de España, porque asi lo habia decretado Felipe III, en Amptidía, una callada v escondida villa de la Tierra de Campos. He aquí por qué- los- viejos campos góticos se incorporan- -icón su proverbial sencillez y ausencia de brillo- -al recuerdo cordial do esa efemérides, de cuyo espaldarazo y refrendo fueron testigos, Y el tiempo volvió a poner las cosas en sü lugar y ondición; en Madrid, la capitalidad adquirió brío, dignidad y pujantea, aderezándose para ser de nuevo esa simbólica, típica y cordial antesala del cielo mientras loa silencios y las serenidades volvieron sobre Ampudia y su magnifico castillo, que acompasa la quietud parsimoniosamente, rompiendo a veces los silencios para las luces cinematográficas, o- -como en esta ocasión- -para paladear un recuerdo de amistad con la Villa del oso y del madroño, por la gtaeia de Dios cuíiltal de España. Antonio ÁLAMO SAI- AZAR