Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
JUSTO DE LARA Y EL PEREGRINO Por J, GARCÍA MERCADAL Don José de Armas y Cárdenas (Justo de tara) y D, Carlos Norefta tirio. ÜANTOS son los que saben, entre los lectores de ABC, quién V fue Justo de Lara Probablemente, muy pocos. Pues bien, la personalidad literaria del insigne cubano merecía haber dejado huella más honda en la memoria de los escritores españoles. Quiza alguno que desconozca a Justo de Lara sepa á quién nos referimos si le señalamos con su nombre: José de Armas. Le puedo llamar Justo de Lara pues le conocí personalmente. Era hombre de señorial empaque, con más tipo de senador que de periodista- corresponsal de Prensa ultramarina. Por un feliz azar le pude visitar una tarde, en su piso de la calle Mayor, 24, en el que me presentó a él otro cubano, cuyo tipo emparejaba con el del paisano, en estatura y reciedumbre corporal. Poeta de mérito, aunque nunca pensara en las antologías, don Carlos Noreña Kirie pertenecía al Cuerpo Jurídico de nuestro Ejército; había desempeñado en La Habana, durante la última guerra, cargos de confianza y de responsabilidad, manteniendo firme el timón de la nave agitada de la censura. Regresado de allí con una familia numerosa, algunos de cuyos miembros habían nacido, en medio del Océano, aumentaría su linaje esclarecido, magnífico caso de esas estirpes multiplicadas en el tiempo ¡para su lustre y perduración, con copiosa ofrenda de frutos destacados. Aunque este cubano poeta me llevase bastantes añas, nunca tuvo inconveniente, desde la severidad propia, para tender su mano, cargada con consejos, al muchacho que comenzaba a entreabrir sus párpados ante el fulgor jubiloso de sus primeras lecturas de los clásicos españoles y de algunos contemporáneos, clásicos también del XSX, llegados a la maestría. Sonajeaba junta a mis oídos, para despertar y avivar mi afición a leer, nombres altaneros, y, como hubiese casado con una santanderína, mujer ejemplar que dio a España hasta un héroe capaz de vencer con su dignidad el odio de sus contrarios, que si no le perdonaron, reconocieron públicamente lo que valía frente a sus asesinos, míe hablaba de Pereda, de Amos de Escalante y de Menéndez Pelayo. Debí, pues, a él, siendo parvulillo de las letras, él conocimiento de Justo de Lara y, muchos años más t a r d e cuando yo contaba entre mis libros varios de José de Armas, un buen día t u v e la suerte de t r o p e z a r en un puesto de libros usados, con El Peregrino El Peregrino fue u n a excelente revista quincenal y de bolsillo, de tamaño encantad o r, muy próximo al de otra revista de esa é p o c a Instantáneas donde colaboré desde mi pueblo cesairaugustano como incipiente fotógrafo. Cuanto en aquel tiempo enfoqué en mi pueblo ha sido derribado por la fiebre urbanística que en nuestros dfas acomete a los alcaldes, secundados por técnicos enemigos de lo antiguo, a beneficio de la insaciable invasión automovilística, escam o t e a n d o a las ciudades su rostro más n o b l e aquél que trae al turismo, sobre todo extraníer 0 VoL L N 4 m. i. No conservó de ESI Peregrino más de cinco números, probablemente iodos los que aparecieron. Con qué gusto se abo rean siempre estas publicaciones de vida corta- -en cuántas de lias quedó en las ansias el a r t e tipográfico de mi amigo Luis Bello- ¡pero merecedoras de vida más dilatada. Ejemplo, una Crítica en la que, intervino José Cuartero, maestro ya hasta en sus balbuceos iniciales. JS 1 Peregrino estuvo amenazado en su v i a j e por el campo periodístico desde el primer número, por el hecho de ser publica ción de redactor único unidad algo semejante al plato único saboreado años tnás t a r d e y durante la guerra en la zona nacional; a u n q u e le viéramos c o m o un sacrificio patriótico, resultaba luego mes sabroso y mejor recibido que el menú completo de los restantes días de la semana, incluido el domingo. No cabe valorar a El Peregrino citando sus colaboradores, pero sí apuntando algunos de los temas que en sus páginas se trataron. El primer numero lleva la fecha 15 de marzo de 1912. El Arte nos proporciona estudios sobre Sorolla, Leonardo de Vinci en el museo del Prado, Moreno Carbonero, Beruete paisajista y la Sociedad Hispánica de Nueva York, En el campo literario se nos habla de cómo murió Gutierre 4 e Cetina, de Cristóbal Suárez de Figuerpa, del viajero Johan de Mandevilla, de los plagios de Cervantes, de Beaumarchals y Agustín de Rojas y coincidiendo la presencia de El Peregrino con la muerte de Menéndez Pelayo, aparece en sus páginas una extensa ne- SUMARIO Saludó i a m e r i c a r t a v Soroíla b Aiiretíano itc Bereetó Di; cómo murió Judertc tte Cetiad, Libros r e d b i C o s a s purcgrinns. t 3 S XJ ntf J 54 i i. iito. -l Aurellano da Betüelq. Kn tu ¡3) 4 j i XUmcro JUWitó. 1 O üUMI. Madrid. MWa tS d 19l g