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CRITICA Y GLOSA VIDA DEHAMON CABREBÜ Por ROMÁN OYARZUN EditorialAedás, Barcehna 342 póginm. TOEN no esté iniciado en el conocimiento de las guerras carlistas se forinará idea, solo en parte desde luego, del clima moral en qué se desarrollaron, apenas empiece la lectura de la Vida de Ramón Cabrera qué acá- ba de publicar don Román pyarzuh, obra prestigiada, yá por el Premio de Biografía Aedos, Én esas líneas prióierás de la Vida de Ramón Cabrera leemos lo Siguiente: La casa en donde naciór- el famoso general carlista- -se hallaba junto a las murallas de Tortdsa y muy cerca del foso dé la Barbacana, donde fue vilmente asesinada o fusilada su madre, en cumplimiento de la orden dada por el bríga- i dier Nogueras y aprobada por el capitán general de Barcelona Espoz y Mhia; sin otro delito que el de ser madre de Cabrera. La medida de la crueldad a que llegó Un bando queda terriblemente fijada, pero no en desacuerdo con la del enemigó, pues precisamente Cabrera, para mayor identificación de los procedimientos adoptados por ambas partes, fusiló al joven Maria. no Cabañero por ser hijo del brigadier que se habla pasado de las filas de don Carlos María Isidro a las de Espartero. Cuando el lector llega a este episodio en la lectura del libro de Oyarzun, comprueba la imparcialidad del autor, aparte otros motivos, gracias a estos párrafos: Quisléramos borrar de la vida de Cabrera hechos como éste, pues el fusilamiento más bien parecía efecto de un deseó de venganza por la traición del padre Que un acto de justicia militar fin, su deseo, legitimo y hasta obligado en todo buen historiador, de explicarlas cosas hasta donde sea posible, don Román Oyarzun añade: Acaso fue un cruel y necesario acto de previsión, con lo que evitaba nuevas défee- dones provocadas por las gestiones probables del hijo de Cabañero. Al mostrar a ¡sus lectores el anverso y el reverso de la ensangrentada moneda lanzada al aire de las batallas, don Román Oyárzun procede con objetividad, lo que no quiere decir que prescinda de sú criterio al apreciar los hechos. La Historia carecería de sentido si no implícase la necesidad de valorar los datos y de enjuiciar cuanto ellos significan, y no olvidemos que don Tomás Oyarzun es autor de una excelente Historia del Carlismo donde tuvo que resolver problemas más difíciles por sel- más vasta la materia qué la de ésta Vida de Ramón Cabrera aunque el titulo se prolongue en está forma: ...y las guerras carlistas Pero sobre este fondo se perfila vigorosamente la figura del gerieral- guerr ieró, y ésto ya no es cuestión ideológica, sino dé caracterización, y los valores humanos es lo que Interesa al autor, atento a ir modelando la semblanza? de Cabrera obre el armazón de los hechos que exteriormente fijan su vida, El misterio de la personalidad es problema que se complica cuando las contradicciones que se agazapan en el fondo dé todo carácter se exteriorizan, no simultáneamente en la lucha con nosotros mismos que consumé nuestra vida, sino sucesivamente, pasando un hombre a... ser otro. O Don Román Oyarzun, Foto Madrid. cómo si se enajenase- y tal fenómeno se produjo en Cabrera, no éri. -vano llamado El tigre del Maestrazgo durante la. plenitud de sus actividades bélicas, hasta convertirse e n algo así como u n gato d o m é s t i c o Personaje de tan sorprendente contextura, juguete dé contrapuestas pasiones, es natural que suscitase Cabrera en torno suyo, amores y odios, adhesiones incondicionales y profundos desencantos, a tono con el desatado romanticismo de su tiempo. Cualquiera qué sea él valor literario de la obra, constituye un curioso documento la Historia- novela que el follettoista Ayguals de Izco dedicó a Cabrera con este título: El tigre del Maestrazgo, o sea, de grumete a general publicada á mediados del siglo XIX: con anterioridad, pues, al viraje en redondo de don Ramón. De haberle sido posible a Ayguals de Izco continuar su relato hasta la muerte del 11 gre domesticado por el apacible ambiente de Wentworth, él folletín hubiese resultado más impresionante. Pero lo que importa es conocer al personaje tal y como fue. para que se expliqué por sí mismo, y a este objetivó debió de tender el propio Cabrera cuando proporcionó documentos e íntimas referencias a Buenaventura de Córdoba, para que compusiera su Vida inil tar y política que vio la luz en fecha muy próxima al libro de Ayguals de Izco: luz y sombra de romántico contras- te. La Historia y la Leyenda disputándose al héroe. Pese a algunos trabajos biográficos y a los abundantes datos que se puedan encontrar relacionados con Cabrera, en la bibliografía del Carlismo, es vicien- v te que hacía falta la obra que todo lo depurase y armonizara, para que la figura quedase totalmente reconstruida y documentada en forma: tarea que ha llevado a cabo don Román Oyarzun, en plan de concienzudo investigador. La azarosa vida de Cabrera, siempre a un paso del romance y la novela, si es que no cae de lleno en ese ámbito, es contada por don Román Oyarzun con un rigor histórico que no excluye la amenidad, aunque su autor no busque efectos literarios de los que, lejos de favorecer al género biográfico, han contribuido a hacerle perder no poco de su boga en años todavía próximos. Las biografías noveladas no suelen, ser lo bastante históricas para instruir seriamente, ni lo bastante literarias para entretener a un lector de tipo medio. Lo que ocurre, ¿en este caso de Cabrera, es que nació personaje de la novela que habría él de vivir con toda autenticidad, y así su biógrafo no ha tenido que estilizar ni inventar nada. La novela está ahí, eft la vida de Cabrera, en él oscuro fondo de su espíritu. Burla burlando, a su manera, Pió Baroja definió la Historia como el folletín de las personas serias Pero Oyarzun ha rehuido; deliberadamente, el folletín y, queriendo Justificarlo todo por el estudio del carácter de Cabrera, ha hecho historia y novela a la vez. Cuando Oyarzun, por ejemplof valora la Anécdota de que otro biógrafo tal vez no sacase partido, lo hace preparando la ulterior mudanza de su héroe, que no fue un tránsfuga vulgar, y menos un traidor. La vida le hizo cambiar de actitud por dentro antes que por fuera. Esa anécdota a qué aludimos es, entre otras concordanT tes, el desaire que le infligiera, al no quererlo recibir en determinada ocasión dofta Beatriz de Módéná, esposa dé su Rey, Carlos VII. Los hechos menudos agrandan su significación cuando se van acumulan- do al hilo de los días: todo contribuye, por trivial que parezca, a crear distancias cuando uno está dispuesto a dejar el ca mino seguido hasta entonces. Todavía se mantiens Cabrera fiel a sus principios al recibir la visita de Sagasta, emisario de Prim que ie ofrece la corona de España, Con resultado negativo. Pero ya no era Cabrera el tigre de antes, sino el cumplido y cortés caballero que Sagasta atestigua. Ya había cofttraidó matrimonio Cabrera con miss Richards, de brillante posición social, protestante de religión. El ambiente que Cabrera respiraba en su casa de Wentworth no era ciertamente el del Maestrazgo, y el hecho de que contrajese matrimonio en tales condiciones prejuzgaba todo lo ulterior, El reconocimiento de Alfonso 3 ÍIÍ vendrá por sus pasos contados y el cambio operado en la bronca y elemental psicología de Cabrera es la parte más cuidada por Oyarzun, celoso de allegar detalles nuevas y dé relacionarlos entre sl ¿con vistas a la unidad del carácter. Ya en su prólogo. Pedro Lata se niuestra convencido por dos razones decisivas: la pesadumbre de la sangre derramada y la posibilidad de una convivencia pacifica. La coordinación de vida y carácter lograda por Oyarzun eh cuánto a su biogra 1 ¡fiado, humaniza a Cabrera, ál sue ilumina con el reflector de una erudición oue proyecta á la vez su luz sobre las dos primeras guerras carlistas, los ¡hechos p oliticos conexos y la vida de la andariefta Corte: todo un palpitante trozo de la Historia dé España. M. FERNANDEZ ALMAGRO De la Real Academia Española