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DOÑA MANUELA. PEM 6 BM 0 PülíFíCÜMOL sa L. í 1! I i M -i 1 Cabeza del periódico Doña Manuela n el que colaboró Bécauer. ¡Murió en la pobíeza... Oh, patria ingrata! Su hijo, este niño, y su viuda, yo, quedamos en 3 mayor desamparo. Niño, di a estos señores quién fue tu padre. ¡Púsose de pie el niño y, como si me citara Una lección aprendida al pie de la letra, dijo: -1 Y 0 soy hijo, de un. gran poeta, el primer poeta español del siglo XIX; el autor de rimas incomparables. Detúvose ¡unos momentos, como si se le hubiese ido el santo al cielo, y en su socorro, acudió la que se decía su madre. -tSí, hijo, eso es; sigue; el que al través del mármol sepulcral... -El que a través del mármol sepulcral sorprendió los misterios de la muerte. jGlór, ia de España, admiración del mundo! Mientras el niño desembaulabá su arenga, nos mirábamos atónitos Otal, Villén y yo, sin acertar a decir palabra. -El rey- -dijo la dama, sacando un papel y mostrándoselo a Otal- -encabeza la suscripción... Mire usted... Otal cogió una pluma, escribió un guarismo en la lista y, sacando luego del bolsillo del chaleco unas monedas, se las dio a í á dueña tJolorida, la cual, al cabo de diez años, peregrinaba por España canian- ésta la ocasión de analizarlas a la luz de ¡Triste vida la de una sana critica; escapa ft la naturaleza la mujer de Bécquer de este artículo; ¡pero sí conviene anti- en su matrimonio f cipar que no fue una safia criada como en su viudez! Casada se afirma en cierto discurso académico. no acertó, a lo que Fue Una señorita de la clase tmedia que parece, en la felicise educó en Madrid. dad de su hogar. Viu ¡De los retratos de Casta Esteban, el que da, pobre y sin habipasaba ipor ser el más auténtico, donde lidad para ganar el aparece en unión de su marido en un ga- pan para ella y sus binete, con au primer hijo de, pocos años, hijos, mendigó de may una niña, no es, a mi modo de ver, ni nera más o menos deel íietrato del ipoeta ni eí de su mujer. corosa, invocando la Siempre consideré este cuadró de dudosa gloria de su marido, atribución en cuanto a la ¡familia del poe- según nos la pintó mi ta, y me confirmé en mis sospechas cuán- padre en su libro Por do conocí los antecedentes del casamiento a q u e l l a s calendas de Gustavo Adolfo. No obstante, pregunté testigo presencial dé a. doña Julia Bécquer, sobrina y ahijada la siguiente e s c e n a del poeta, obre los personajes del cuadro, m la reque se conserva en el Museo de Cádiz. La acaecida de El JEs ¡respuesta de la hija de Vateriano no de- dacción jaba lugar a dudas. Me decía en carta páfiol ¿181 señor direcautógrafa que soo ervo: 1 ESn la carta que le dirigí ajyer, por distracción omití con, tor? preguntó la retestar a la pregunta que me nace sobre cién llegada. el cuadro pintado por mí padre... Sé po- -Está a los pies de sitivamente que representa a Gustavo, con- usted, señora. iwaleciente de una enfermedad, con Casta, -Oradas... ¡A y! eu mujer, y el primer hijo que tuvieron, Con permiso de Usniño de metes; y 1 lado, sentada en bajo ted... Siéntate, hijo una prima mía, hija de una hermana de mío... JAy! mi madre. La dama pasaba de Después de conocida la partida de casajomiento de Béequer y la fecha del natali- los cuarenta; elmás no cio de su primer ¡hijo, hay que desechar vendoce contaría años. en absoluto que 1 cuadro de Valeriano de vestían deUna y otro negro, Bécquer represente al poeta y su familia. claro sus ¿Cómo podría el artista (retratar a su revelandoque estaban hermano y a su mujer en 1858, cuando aún vestidos El hada medrina de Bécquep cuadro de Valeriano Bécquer, traídos llevano hatoían contraído matrimonio, y ésta, muy El jovenyno le (Fotos Serrano. ¡dos. a la que entonces no conocía, contaba vantaba los ojos del quince años? Téngase en cuenta que el suelo; la dama revolvía los suyos mirándo las glorias del difunto y llamando a (primer hijo de Bécquer nadó en 1862. dolo todo. las puertas del bolsillo del prójimo... Julia Bécquer, al escribir y da noticias- -Usted, señor director- -dijo ésta- no ota m familia, ignoraba importantísimos ¡Para que a la corona del matirio de sucesos que le atañían, haciendo incurrir sabe quién soy yo... ¡Ay! la mjer del ipoeta nada faltase, la que- -Cierto, señora, no tengo la honra... a grandes errores a los que e valieron era su aliento el aliento de las flores- -Soy la mujer más desgraciada de la y su mirada el esplendor del día bajó de sus informaciones. tierra... ¡Ay! y este niño el ser más des- enferma a una cama del hospital ProvinLos biógrafos del poeta no están contestes respecto de las condiciones físicas y venturado... ¡Ay! Madrid, Esta señora- -dije entre mí- es la mis- cial de de 1885, donde falleció el día 30 de morales de Casta Esteban, aunque es inmarzo a las cuatro de la tarde; dudable que algo anómalo ocurrió ip ronto mísima dueña Dolorida, ¡Mujer alguna- iguió diciendo- lleva por cierto que en la partida de defunción en el matrimonio, según se deduce de una carta sin fecha que Rodríguez Correa es- con tanto dolor como yo les tocas de la se dice que tenia Casta Esteban treinta y siete años, cuando en realidad contaba cribió a Narciso Campillo en qué le dice: viudez... ¿Hace mucho tiempo que llora usted ouaspeitta y uatro. Gustavo está en los toaños de SUtero con su esposa. ¡Horror, horror, horror! ¿Qué al difunto? S. M. -Van pasados más de diez años... ¡Ay! le indujo a Correa para exclamar tantos C. de la Real Academia. Conmigo lo llora España. ¡Era un genio... horrores?