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Cabezas Ide Sara, Juan. Naturalnvsnte que todo esto se refiere en trozos aisiados de la ros láarxistas, pues p t lo general prevalece en tala, la dialéctica que deimuda y examina Jos techos, siemipre por prejuicio: y ten busca, jBomp sea, de unas Consecuencias preestablecidas. V ello le baos- muchas veces tergiversar los hechos, deformarlos, retorcerlos y éxpírimlrlos, pana, ¡poder asi acomodarlos al servicio de su teste. fís. íftuy curioso ppufetar que Marx inicia esa técnica que tanto toan usado y perfeccionado sus discípulos, Por ejemplo, cuan do se refiere a las barricadas de Madrid én 1848, 1854 y 18 B 6, n las que (partidiparon tres. cuatro o cinco mil hombres a lo sumo, habla de todo 1 jfttefolo español que entonces cantaba con algo mas de doce millones da habitantes. En cambio fcuando en 1814 o; en 1823 esa nüáma ente, en semejante número, aclamaba en Madrid al Bey absoluto, es para Marx vil (populacho demagogia ignorante Es decir. santo pueblo si estás conmigo; estúpidas turbas si contra nvi vas. Tainlbién incurre e n errores dé tólto, orno reiterar lo de t Cons: totaiedÓn dfi 18 24 que nunca existió en ¿spjaáa, d o n d e la datera de nuestras desdichadas ConstU tuciones fue la- de 1812 y la segunda ldl 4 í lJl i Uos j e así. Y, eti contraste con. líos, utt conocimiento minuc i o s o íntimo, or dial, de otros y mil y mil aspectos de la V i d a española. Es oértem. e s t Jtiitío eobre nuestra historia. La h i s t o r i a moderna dé España debe s e r valorada- de m o d o diferente, a como suele hacerse hásita ahora -SOti interesantes y originales las observaciones de Marx sobre el carlismo o- tradicionalismo es. pañol, I u n o dé los itttovinidjenitoa ipólittcos y populares más ftiertes de la Europa idéisu tiempo y que la. pedantería. y engreimien- to de lo refiere a liberales g u i s o dar ¿t 1 a d o, desconociéndolo con la tac tica éel avestruz, ín e t e elptóo debajo- del, ala. Para Marx el tradicionalismo no es un puro movimiewto dlnastiiso y regre sJvo; cotho empeñiarcih en decir y fttentir lo? bien pagados historiadores liberales. Para Marx es un flióvtoiento vivo y ísopUikr en d- eísatea de tradlcionie mucho mis utéritícamante libérale y re- gionnílistas Ue el absorbente liberalismo oflcialf (plagiado por papanatas que copiaban a la eifolüclón Francesa, tos carlistas defendían, las mejores tradiciones jurídicas españolas, las de los fttei os y las cortes legítimas qué pisotearon el atosolutismo monárquico y el absolutismo- centrailtóta i del Astado liberal. Representaban la patria grande como suma de las patrias locales, obn sus des y tradiciones propiés. De ahí: una curiosa inttefpretación de Marx obre 1 tradicionalismo que creo no aa sido todavía publicada en castellano: No existe ningún país ea Europa, que tío Oliente con restos de antiguad Poblaciones y formas populares que han sido atropelladas por- el devenir! de la historia. Esos- sectores son los que representan, la contrarrevolución fren- te a la revolución que imiponen las minorías dueñas del poder. En franela to fueron, bretones y en España, de ánodo mucho más voluminoso y nacional, los defensores d Don Carlos. (Este párrafo está traducido directamente y publicado por primera vea en castellano; -de- (la Nueva Gaceta, Bien- ana i colección de 1849. Varias veces más insiste en esta loración: del tradicionalismo, mucho más justa que la de la retórica de loé historiadores liberales, Explica Marx con detalle cómo el tradicionalismo carlista tenía unas bases auténticamente populares y nacionales de campesinos, pequeños hidalgos y era corresponsal en la capital brttóntea. Aiparecieron en él verano tde i 64 y se refiereja a la revuelta iniciad por cyOonnell en Vi álvaro. Tanto le interesó entonces de lluevo el tokm, hispánico que decidió ampliar esos trabajos ocasionales; y con esa fecha escribió su amigo f iedriche Engels: La principal preocupación de mis estudios es ahora España. Es una historia bastante confusa. Es muy difícil dar con las causas de los desarrollos. Veremos si puedo resumir tal asunto en seís artículos... H L No fueron el sino nueve, los artículos que redactó con la. historia española de 1808 a 1843. Pero el N. Y. D. T. sólo publicó cao. rv. otros dos artículo en el mismo periódico sobre las algaradas madrileñas de Í 85 e y que soa lo mías declamatorio, pobre y íalso de Marx sobre. España. Ix s titula Revolution dn Spain Se ve que están escritos ipane lucrando V. tíft articulo sobre Simón Bolívar- óara la New American Cyclopedia en el que por cierto Mirx revela la poca conside- ¡as barMoada de Madrid, en 1884, en ias que participaron tres, cuatro o clneo mil hombrs a lo sumo, habla de todo el pueblo pa ol clero, en tanto que el liberaUsmo estaba encarnado- n el militarismo, el capitalismo (las clases d comeneiantes- y agrlotistas) la aristocracia k lfuttdista y los tótelectuia ¡les- seculariiíados, que en la, mayoría ée tos casos, pensaban con cabeza f i a e a, o traducían- -emto í lando- -de Alemania, coimo el indlgeéto- San del Rio, con sus tremebundas lucubraciones 1 krau: ración que le- m recia el famoso caudillo de la eiaanciipacdón de Sudamérica. Siguiendo las descripciones de Du- coudiiey Molstein presenta un Bolívar cobarde, egoísta; feble, -hipócrita, indolente, manso en la adversidad dominante en el po, der; Una vez máé el con- esponsal de la Prensa yanqui muestra m desprecio por los nombres y los hechos ú Hispanoamérisistas, ca. Parece ser que. en esa ocasión ls en- La obra toarxista sobre España a más cargaron también antíoülos sobre los tede muchas referencias o citas aisladas- -mafi; SSjémito español Bidasoa (Baise contiene n los, siguien tes trabajos: taHas) y que él traspasó el encargo a En 1 ¡Referentes al tradicionalismo y otros gels. J ro de los escritos dé Engels sobra aspecto político- sociales en la ya citada España y- los países hispánicos nae ocupa- lia Nueva Oáceta Benanfi en 184 S. é f c- d í a V Ooho artículos publicados diftsde Londres en el JXm York iDally rlto- une del que. J E C