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DON CARLOS MARX Y LA HISTORIA DE ESPAÑA E HISPANOAMÉRICA Por J. E. CASARIEGO ARlr- -tdan Carlos- -Marx parece que Barcelona, 1980, que es el más era. ¡descendiente de Judíos espafio- importante 1 de los publicados hasta ahora les. Y ésa venia hispánica, afloré en. sotare la materia. También en Méjico y algunas taáiones de su yi- a y su otara. ÁTPgenttaá han aparecido traducciones qiue Conocla ueSitro idioma y frecuentemente distan mucho d descompletas. utilizó en sus escritos palabras castellanas. Un- Jas aféptiyo y familiar de MarxEl teína español le atrajo. varias veces, es- con el muódo átepájiico fue él matrimoíMci ln enfe durante su destierro en Lon- nio de su ihljá con un Jiispanoaímericano, dres. La historia moderna de España y el cual colaboró en sus trabajos Amértca fue estudiada por él en varios la última etapa; de su vida, v durante artículos. qué enumeraré Juego. Pero, tani- A El Interés d don Garlos por las cuesbién, dispersas en otras partes de su obra, hay alusiones y referencias a cosas his- tienes esp áñolaf no sólo era. científico, de pánicas, bien del lado de Europa o del de filósofo de la historia y economista, sino sentimental. Desde lúe- América, como sus conocidos juicios acerca también personal y 1 de la iguérra mejicano- norteamericama de ffo- puede afiraiarse qm conocía mucho 1848, en los que trata a loa mejicanas en mejor, en su aspecto intimo y ¡humano, la términos peyorativos y ccjmptetamente fa- historia de Espina ue la d Ingláfen- a laces, en tanto que exalta a los norte- y Pranda, (pastí a que. esos rpáíses iodrían americanos con ciaros. elogios. Marx aplau- ofrecerle un. níayór Interés, experimental. de y se congratula del despojo que los íjara. sus especulaciones en torno 1 al proEstados Unidos hicieron a Méjico al qui- ceso: Mstóricoreconómico 4 la moderna. tarle, ipor derecho de conquista, la mitad sociedad Industrial. de las tierras que la República había he- iGuandó escribe íobí e. -íE- spañi 2, Marx des redado del Virreinato. Paira el ¡pontífice del ciends a varias anécdotas y aspactos pin- socialismo, los mejicanos eran los malos teréscos. quie le. á! Par tan- de su. método y que debían, iperder y ios yanquis lo bue- su dialéctica, Y es tócil notar el deleite nos que merecían ganar. Para estimar totalmente (tan injusta apreciación, no hay con qué se recrea en 1 la observación y exhasta el que olvidar qué Marx era corresponsal de ipcsiclón 4 e mtichas minucks, que, ¿más punto de iu hay moáiisntos en periódicos nopteamerieanos que le pagaban en dolares oro, sus corresponsalías; y qus al fundador del materialismo: revoluningún (tabernero falacia mal. de ro vintf. cionarlo, parece Uno estar leyendo trozos No cabe duda qué la- historia ofrece sor- de los Episodios. Nacionales jde Gaídós, presas tan idesconcertantes como. ésta de Marx agente y tootafumeirp del imperialismo yanqui Seria curioso conocer lo Que opinan de esto Fidel Castro, el Ohe Guevara y demás tearxistaa antiirtipsrialistaa de la última hornada. K Warx era corresponsal de periódicos nopteamerlcanos, que l e pa gaban en dolaros oro sus corresponsftlfís... V i Md curiosidad por la enorme figura histórica, de Marx es muy lejana. Recuerdo que leí El Capital ciando era estudiante de segundo año de Derecho en la Universidad de Oviedo, Era ipor ciento una hermosa edición alemana de fines de siglo. Incluso, después de haberlo leído, intenté traducirlo, pero no pasé de las primeras páginas, A los años qua yó tenía entonces resultaba más agradable cortejar muchachas bonitas por la calle de Uría o zurrarme la badana con los netezuelos que por aquellos años del 31 al 33 le habían salido en- Asturias al autor del Manifiesto Comunista También recuerdo qiue en aquel Juvenil. intento de investigación y traducción sobre la Biblia socialista me acompañaban dos condiscípulos que eran requetés. Es curioso que, ad menos en aquél tiempo, nos hayamos ocupado con cierta aiterición de Marx gentes que éramos radioalmeníe amtimarxlstas. En cambio, los llamaidos intelectuales, del socialismo y comunismo- -salvo contadísimas excepciones- -conocían a su profeta sólo por compendios y traducciones de tercera nmno. Y así barbarizaban a veces cuando hablaban de él. Que yo sepa, no hay ninguna antología completa, traducida a nuestro Idioma, de los artículos y referencias de Marx a España y países hispanoamericanos. Soto se han- publicado versiones parciales comí la de Andrés Nin con notas de Artifes (Marx: La Revolución en España 1808- 1643. Madrid, 1929) los comentarios muy deficientes de Ballesteros en sus acarreos sobre Ja Historia de España y el recientísimo libro Marx- En eb: Revolución en a irosa do O Í o de las Memorias de Có doba, o la. Estafa de CPatoclo d ¡e Bermejo. Es ese utoaspecto de Marx que no ha sido estudiado ni en España ni fuera de ella, Seiíé desde el primer momento que Marx ss interesa humatia y efectivamente por t las cosas españolas, y qué no limita su información a las fuentes escritas y librescas de una seca erudición, sino que, como Galdós, debió de haber tratado con mu- chos actores de la historia que estaba, escribiendo, cosa bien fácil, ya que en Londres, y París vivían millares de españoles lemlgraiáos, s. o. bre. t o d o ¡procedentes, del camipo carlista. Ésto- se deducé j. de cientos matices i de la vida española que nq pudieron haber sido leídos, sino oídos Por ejemplo, al marqués de la Romana (elqme tirajo la Malón española del Báltico en 1808 y fue autor del. primer pronunciamiento te 11 a m a el marqués de la Romerías a p o d o burlesco que le pusieron en, la camsp a ñ a cter Asturias por sus inacabables marchas y contr ma r c h a s durante las operaciones ml 1 i,i r e s contra los ejércitos Ide NajHjleón. Esta- y otras anécdotas semejantes no son fáciles de encontrar en los libros- al uso. Iguai- mente está; llena de sabor gaidosiano la descripción que hace de las a n d a n z a s conspiradas del general O Donneü en vísperas del roíiunclamiierito de Vicá. 1 varo. O la vida airosa de los gtlewllleros de la Indé ¡í ndemeia. Ó en los detalles n o v ateseos de Ift rebelión masódéscr ¡pcl ¿n que hace de la vida nica de Riego, en las i