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D I A R I 0 I L u ST R A D O DE i NF 0 RM A C I 0 N GENE A, E FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA NTIENDQpor enta metafísica una p e r s o iá que tiene capacidad para vivir perpetuamente sin comer ni beber nada. Y apoyo esta definición en la autoridad equina del doctor Rocinante. En estos tiempos en que muchos hombres discurren como caballos, es: conveniente consultar a caballos que discurren como pocos hombres. Cuando Babieca, en un soneto de las primeras páginas: de Don Quijote pregunta a Rocinante: ¿Es necedad amar? el titulado bruto le responde: No es; gran prudencia. Y es entonces cuando Babieca le apostrofa con estas palabras: Metaíísicp estáis a las qiia Rocinante contesta dando está sibilina explicación: Es que no como. Sucede a veces que la imagen de un bien deleitable, por ejemplo, de una mu jer hermosa, es alojada en los entresijos del rima. No sin efectos, porque en seguida ss siente que el efluvio de esa mujer, al través de su imagen, va inundando el corazón y apoderándose de las entrañas. Los amantes ss tornan pensativos baje el influjo del an. or, que siempre va acompañado de temores, de recelos, de ausencias, de ansiedades. Se vuelven deliberativos y perplejos, Henos de suspensión con la presencia del bien que ios abrasa. ¿Es necedad amar? El caballo se pone metafísico discurriendo sobre el amor y ante el frenesí de los enamorados deja caer su sentencioso dicho. Pero cuando su colega de pesebre- le da en los ojos con la metafísica, Rocinante tiene una salida insospechada. Y es que nos dice que no come. Una aclaración que no aclara nada sería incongruente en el hocico de tan sapiente bruto. Hoy en día, aunque los intelectuales ganamos poco, acaso comemos más que Rocinante, y no por comer bien deja de haber ilustres metafísicos que hacen primores en su oficio. Se me dirá que Rocinante sólo quiso decir que el hambre aguza el ingenio, y que la v inedia predispone a las agudezas metafísicas. Pero si esto fuera cierto, haríamos del metafísico un tracista, despojaríamos a la metafísica de su carácter puramente especulativo, y la convertiríamos en ciencia utilitaria y práctica, y hasta en recurso o traza para vivir, que es cosa digna de algún filósofo contemporáneo, pero indignísima de quien llevó sobre sus lomos a Don Quijote. Mi explicación es otra. D 1 A RI 0 r RA DO IL. ü S DE I N- F 0 3 a M A G I 0 N G E N E. R A suerte de eludir el movimiento, pues no necesitan ni siquiera el movimiento más vital y. nutricio: el de los dientes o el ductos que nacen en la boca. ¡Tener una de los jugos estomacales. boca, dientes y gaznate, vaciar gustos al Y, sobre todo, no hay sobras de qpe gusto, es también asunto- denlos jraamíferos superiores, y muy particúlarniente de, desembargarse. Los ingleses, que no han ese bípedo implume quejes el hombre. sido, capaces de inventar uña gran metafísica, han- inventado en cambio el waLas enfermedades y- fláqueqás- humaijas ter- closet Han querido ser ellos los ennacen cbmúnmenteien, laí bóca -u iiaáfjvetes metafísicos, los espíritus puros de la ces por lo que entra en- ella, alirnéritqs humanidad, ocultando los signos, de nuesmalsanos o excesivos, y piras veces por tra rhiserable condición de consumidores lo que sale: palabras descompuestas o indiscretas. V. de comestibles. A una. señal de la mano, Si negásemos la nutrición, e: incluso; si, la súbita cascada se precipita sobre los delatpres de la materia, y arroja hacia, negásemos la boca, snv negar a la par las el abismo, entre remolinos de airada esvidas personales; si supusiéramos quehay puma, la triste superfluidad del hombre. seres que carecen de nutrición y dé boca; És como el río limpio de los Cedros, que pero que siguen manteniendo en forma superior una perfecta vida, habríamos as- purifica el templo del hogar, en donde un hombre endiosado, rubio y angelical, cendido al reino de los entes metafísicqs, más allá de las piedras, de las- plantas, r puede blasonar de ser espíritu. dé los animales y de los hombres, y nos E 1 contraste entre nuestra vocación hacia el más allá, entré nuestra grandeza engolfaríamos en el océano: del universo moral de: s res que no, morirán nunca, y invisible. i Las sustancias separadas, de, que habla la condición eri que nos hace vivir el la Metafísica son, personas- vivientes, es- cuerpo con el cuidado principal de llepíritus inmortales, un Dios personal. e ih- j nar; la andorga, -es una de las fuentes finito y muchas criaturas personales, unas mayores de lo cómico. La sublimidad cacompletas, como los ángeles, y: otras in- balga muy, solemne sobíe la espiritualidad completas, como las almas; desencarnadas y la inmortalidad del sima; pero a la de. los muertos. Y el- sabio Rocinante, zaga de 16 sublime se desliza la insoborconsciente de que 1 doctrina y la. ironía nable sombra dé. lo ridículo. no son incompáfibfes, supo- adornar la Este contraste, sólo pueden percibirlo triste inedia que enflaquecía su cuerpo quienes admiten la existencia de, los dos con la memoria de aquellas encumbradas, térmiiiós de eprnparación: este mundo y. personas que existen separadas de toda el: otro. Si: faíta uno, eh sentido cómico materia, y que son tan perfectamente me- de lá vida se ernbpta. Por eso carece de humor el materialismo de la Revolución t a f í s i c a s q u e n o c o m e n Los comestibles y las bebidas son las atea, y en esta privación entra con mucho subsistencias, pero eso. es cosa dé- aquí la falta de creencias espirituales. Pero loa abajo. En la tierra las subsistencias sdri ideólogos revolucionarios saben que si cuestión de mercados, asunto de econo- admiten la Metafísica ya no podrán esmistas y de mercaderes. La palabra sub- pecular con el hambre. El hambre y sus sistencia tiene para el filósofp otro sen- problemas se achican y pueden ser totido, que designa la perfección por la mados en broma ante la gigantesca persque un ser no puede entrar como acci- pectiva de un mundo metafísico en- el dente o como parte de Otro, y le asegu- que no hay: que hacer la digestión áé ra independencia. Gracias a la subsisten- nada, y que a pesar dé todo es más percia pueden atjavesar nuestras almas el fecto y definitivo que el nuestro Quitando de en medio la Metafísica, vado de la muerte siri anegarse en el Todo, y subsistir sin cuerpo en otro mun- ya no se produce el contraste, y entondo donde no existen Jas provisiones: r de ces el- hambre y sus motivos se agigan- tan en proporciones colosales, edheibiénboca. Por una desconcertante ironía, las almas subsistentes pueden vivir sin sub- dose: al ser, humano como un productor sistencias. Y si los espíritus no requieren que no tiene que conquistar otra meta que la del bienestar del cuerpo, y que materia nutrimental, tienen también la cifra toda su grandeza eñ procurarse medios de satisfacer el vientre. Entre estos medios se hallan, naturalmente la revo. lución burguesa y la revolución proletaria, porque las leyes de la. alimentación son severas y prescriben que los burgueses se coman a los nobles, para ser comidos después por los proletarios, La digestión es penosa, pero la! estimulan gratamente los acordes de la Mérseílesa y la letra de la Internacional. Y es. entonces cuando Rocinante, más mohíno y hambriento que nunca, deja de, reírse de: sus propias ganas de copef, pierde- su condición de corcel métáfísicp y se alista con toda. seriedad en las filas de los brutos revolucionarios. Pensemos en los seres visibles, y en la escala que forman las piedras, las plantas, los animales y los hombres. Las piedras, se distinguen de las plantas en que carecen de nutrición, mientras que los vegetales se. apoderan de la materia nutricia para convertirl- en sustancia propia. Por esta característica, las plantas, desde la humilde bacteria hasta el baobad gigantesco, superan y aventajan a las piedras del joyel más precioso. En un reino aún superior, los animales consér; van esta propiedad de los vegetales, y se mantienen por la nutrición, si bien en muchos de ellos esta nutrición implica la facultad de dar mordiscos, porque para l i r s S? tienen cjue usar de los con- Leopoldo Eulogio PAL AC. ÍOS. V