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¿Ct í c s í. CUANDO LA NATURALEZA BROMEA V Veliila de Oairtón. ta ermita de San Juan y la laguna ¡formada por ol manantial de régimen Irregular de Fuentes Divinas. EL MARAVILLOSO MANANTIAL DE SAN JUAN DE U S FUENTES DIVINAS Por A. GARCÍA Y BELLIDO, efe ía Real Academia de h Historia NTRE la copiosa colección de mara- cómo aquella irregular intermitencia de villas que hace unos veinte siglos las Pontos Tamarici poseían el tremendo pudo recoger 1 Sarnoso naturalista don de anunciar su muerte cercana a todo romano Pítalo, durante su estancia en Es- aquel que, al visitarlas por vez primera, paña, hay una que coloca en cierta loca- tuviera la desgracia de hallarlas en su fase lidad de la antigua Cantabria. Luego pre- seca. A este propósito nos cuenta el tecisaremos su situación. Trátase de unos rrible (destino de su amigo Larcio Licinio, brotes de agua manantial que surgían del al que el propio Plinio nos lo presenta llano suelo de un modo intermitente, pero como hombre sumamente curioso de coarbitrario e irregular, sin ritmo y sin ley nocer y ver rarezas naturales y sobrenaalguna que los gobernara. Ello era asom- turales. Larcio fue quien le refirió el probro de indígenas y extraños, y, natural- digio de la trufa que se llevó los dientes mente, núcleo de leyendas y prodigios. incisivos del narrador, estando éste en Plinio, espíritu insaciablemente abierto a Cartagena. Dentro de la trufa había un toda novedad, ávido siempre por conocer denario, que sirvió de núcleo al hongo. rarezas naturales, se ocupó con cierta ex- Larcio, por lo visto, mordió en él con tanta tensión de este sorprendente hontanar, al confianza como apetito. El interés de Lartratar, en uno de los libros de su mo- cio por todo lo extraordinario era tan venumental obra Naturalis Historia de las hemente que pretendió comprar a Plinio fuentes en general, de sus orígenes, de sus todo su material científico, un conjunto fenómenos, virtudes, mecánica, etc. Mere- de más- de veinte mil fichas, recogidas pace la pena ceder la pluma al propio na- cientemente a lo largo y a lo ancho de su estudiosa vida; en suma- buena parte turalista Hay en Cantabria- -dice- -unas Fuentes de las cédulas con que compuso años más Tamárica que sirven de augurio. Son tarde los treinta y seis libros de su asomtres, distantes entre sí ocho pies (unos brosa, de su admirable y enciclopédica 2,50 m. escasos, aclaramos nosotros) Se Historia Natural que, por fortuna, ha juntan en un solo lecho, llevando cada llegado íntegra a nosotros. Larcio ofreció una un gran caudal. Suelen estar en seco a Plinio nada menos que 400.000 sesterdurante doce días y, a veces, hasta vein- cios, algo así como unos dos millones de te, sin q tie brote de ellas una sola gota nuestra peseta actual. Uno y otro eran, de agua, mientras que una fuente conti- pues, muy parecidos en aficiones y temgua sigue manando sin interrupción y- en peramento. Tan parecidos que amibos murieron, por igual, victimas e su espíritu abundancia. ¡Pero la maravilla, de cate fenómeno no científico. Plinio, en la erupción del Veestaba sólo, a los ojos de nuestro lejano subio, y, años antes, Larcio, en las Fontes comunicante, en la apariencia sobrenatu- Tamárícas. Veamos cómo. ral del hecho, sino, además, en su estuSin duda, Larcio oyó hablar de sus propenda virtud profétiea, púas estas aguas digios, pero acaso no de sus facultades servían de augurio o predicción. Y, en efec- predictoras. Pudo estar enterado de ellas to, en otro lugar de su libro nos cuenta y no creer en su poder. Pero también E cabe suponer que su ansia de ver y aprender podía más que el riesgo a una posible mala suerte. El hecho es que Larcio Licinio se fue a- las Pontes Tamarici y que, fatalmente, llegó a ellas cuando estaban enjutas. El vaticinio se cumplió. Lai cio Licinio murió al cabo de una semana. La muerte acaeció hacia el año 70 de la Era. ¿En qué parte ¡de la antigua Cantabria hay que buscar estas Pontes Tamaiici? Un fenómeno natural puede durar cientos y miles de años; si bien acaece también que, por cambios naturales, cese de producirse o se modifique, lo que suele ocurrir con cierta mayor frecuencia en manantiales. Pero ello también es raro y dos mil años no es nada en la vida de la Naturaleza. Cabía pensar que las Fontes Tamarici continuaran brotando con su acostumbrada irregularidad. Las buscas y rebuscas de Zurita, de Harduino y otros no tuvieron fortuna. Pero las indagaciones del padre Ploréis, en la segunda mitad del siglo XVIII, dieron acertadamente con el lugar, que no es otro que Velilla, amena localidad sita al N. del partido judicial de Saldaña, en la provincia de Falencia, cerca del nacimiento del Carrión. Mórez describe las fuentes tal como las describió Plinio y tal como las hemos visto nosotros. No ha habido el más pequeño cambio en el fenómeno. Por si fuese poco, estudios hechos sobre las referencias de Ptolomeo, el gran geógrafo poco posterior a Plinio, que cita aquí una, Tamárika, los hallazgos arqueológicos del lugar, todos de época romana, y la topojiünia de la región, donde subsisten nombres como Támara y Tamarit de Campos, confirman (si no tomados aisladamente, sí en su conjunto) la ubicación propuesta. Pero, apar-