Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
DIARIO 1 H A DO ILüS 1 DE I N. A DIARIO T B A DO IL ü S DE I N. F 0 RM ACí 0 N F 0 11 M A C! 0 N c; EN E íí L FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA G, E N E K A L Esas cualidades de gran intcrpietc que Clarín advirtió en Rafaei Calvo hicieron culminar el arte del esclarecido actor en ob, ras del teatro clásico que estaban- ¿cómo no -en indigno olvido El castigo sin venganza El vergonzoso en Palacio La vida es sueño Y revaloró también el verso romántico de Don Alvaro y El Trovador Calvo estrenó El gran ga eoto y, sin metrna del prestigio logrado por Vico en la interpretación del teatro de Echegaray, Clarín pondera extraordinariamente al Rafael Calvo de En el seno de la muerte Para éste, Echegaray había nacido Rafaei, como había nacido para los versos divinos de nuestros poetas antiguos. Sin el fulgor deslumbrante de Rafael Calvo, Ricardo, su hermano, habría brillado con resplandores que la comparación le regateaba. Difícil situación la de este Ricardo Calvo, primero de su nombre, que eludió, elegantemente, p e r o quizá con tristeza, cuanto pudiese paiecer rivalidad o emulación. Y eso que podía haberse movido con desenvoltura absoluta en terreno propio, puesto que lo suyo era la comedia. Pero nunca se resolvió a marchar por su cuenta y riesgo. A la muerte de Rafael, Ricardo dio vida a una de las mejores creaciones de aquél, Don Alvaro y, según Luis, el otro hermano no desmereció la labor de Ricardo en relación con la de Rafael. Ricardo Calvo, por lo visto y leído, fue un actor excelente en todos los géneros y, probablemente, entrañaba un caso psicolo -o merecedor de un análisis que ya no podría realizar sino su sobrino, el otro Ricardo, el actual. Gran actor, como lo puede atcotiguir cualquiera de nuestros lectores, este Ricardo Calvo de hoy. Heredó de su padsb, el gran Rafael, un denodado y amor al verso. Con mayor abnegact i, d: la diferencia de tiempos En los fie antes, el verso prevalecía en el teatro dramático como en el cómico, y hasta llegaba a hacerse familiai y doméstico, en álbumes y abanicos. Precisamente por eso, por abusiva expansión y avulgaran tto, el verso ha muerto en el teatro y las gentes no lloran su desaparición. Ricardo Calvo ha visto morir el llamado teatro poético La voz impresionante de nuestra literatura dramática tradicional no llega hoy al público, entic Otras razones, porque Ricardo Calvo no sctúa ya. A lo largo de medio siglo- j- poeta él mismo- -ha hecho de príncipe, hidalgo, misionero, capitán, trovador y lo ha sido en Ir realidad de su constante y reñida batalla. La tradición queda atrás, pero la vinculación familiar persiste en Pepita Calvo, hija de Ricardo; tan sensible, tan delicada y vivaz, que nos hace pensar en caracteres femeninos de Lope. M. FEPNANDEZ ALMAGRO ¿e la lieal Academia Bsoaroia LGUNA v e z hcrnos hablad o de l o s Calvo, íamiha d e grandes actores, y ahora volvemos de nuevo la vista hacia esa preclara dinastía escénica porque se nos hace difícil comprender cómo se pueden citar, en interesante aiticulo reciente, las familias más significativas de nuestro teatro en los dos últimos siglos sin incluir a los Calvo en el justificado primer término de los Romea y los Vico. La verdad es que ninguna gloria está llamada a tan inmediata prescripción como la ganada, y muy penosamente, por los actores, ya que el aire, del tiempo, i espetando hasta cierto punto letras de molde y papel pautado, lienzos y máimoles, se lleva, total e irremediablemente, la palabra, el gesto, el ademán de los actores. Ni siquiera quedan, por lo común, sus nombies en las Historias de nuestra Literatura dramática, cuando es lo cierto que un estudio, en la medida de lo cosible de los intérpretes, ayudaría considerablemente a entender meior dramas y comedias, ya que no en su letra, sí en la emoción que el actor transmitiera al público; punto de vista no desdeñable ni mucho menos para valorar una obra de teatro. Loa geniales desplantes y desigualdades de Antonio Vico ilustran, sin duda, los éxitos de Echegaray, con sus pros y sus contras. De igual suerte que Julián Romea, representando El hombre de mundo explica muy claramente el advenimiento de un nuevo arte de hacer leatro. Y el verso, en labios de Rafael Calvo, nos hace comprender por entero la persistencia de hondas i e- sonancias c l á s i c a s y románticas en S- n parte de la sociedad española de entonces, ganada, a la vez por la elocuencia de los oradores y por los cuadros de Historia Bien poco sabríamos de don José Cal- vo, fundador de esta dinastía, si uno de sus hijos, Luis Calvo Revilla, no hubiese tiazado su semblanza, con tantas más, en un librito que es forzoso citar siempre que se trate de actores y actrices. Luis Calvo Revilla conoció a gran parte de los que evoca en Actores españoles y apenas si contamos con otras fuentes para que la posteridaü les conozi. a también, al menos, en su bien perfilada s- ombra. Don José Calvo, murciano, hijo de militar, se sintió arrebatado desde muy r a por esa poderosa vocación sin la cual no se concibe al artista. Se especializó en papeles de- actor de carácter o. barba desde sus primeros pasos por los escenarios. Su amplitud de facultades le capacitó para el di ama o melodrama altisonante, como Isabel la Católica de Rodríguez Rubí, y para saínetes y piececillas- El galo Acertar por carambola -que- exigían naturalidad y gracejo. Poseía una voz excepcional en A todos los tonos y era tan ostentoso y elegante- -cuenta Luis Calvo- -que en su guardarropa nada había de oro falso, sino oro fino, de verdad; auténticas eran sus armas, y en Sancho Ortiz de las Róelas lucía un túnico tejido en seda y en cristal, fabricación hasta entonces no vista. ¿Del matrimonio de José Calvo con Lorenza Revilla, hermana de Rita, la famosa graciosa y luego característica, nacieron Rafael y Ricardo, predestinados a- nayor gloria escénica. Rafael podría enorgullecerse de haber inspirado, como ningún otro gran actor que sepamos, a un escritor de la talla de Clarín un estupendo ensayo: Rafael Calvo y el teatro español Trátase de un animadísimo retrato ambientado con muy directas y precisas impresiones de la época y estremecido por la honda emoción personal del retratista. Caso contrarío al de su padre es el de Rafael, que de hizo actor sin amor a sus aptitudes, con íepugnancia al oficio, a empujones de la necesidad A fuerza de voluntad y estudio, pronto le sonrió el triunfo. Fue en el estreno de un drama de Ferrer del Río, Francisco Pizarro donde los dos hermanos Calvo hacían de pajes. Mariano Fernández, el célebre gracioso descubrió en Rafael al galán joven que necesitaba para, su compañía. A poco, mereció ser contratado como primer actor, junto a Joaquín Arjona y Teodora Lamadrid. Grandes éxitos en América y en España jalonaron el camino ascendente de Rafael Calvo. Ya en el teatro Espa- ñol, Leopoldo Alas 1 P vio representar La Beltraneja dramón de Retes y Echevarría. Rafael Calvo, a quien yo confundía al principio con los demás, -escribe Clarín -empezó a destacarse en mi atención poco a poco; aquella vaz vibrante, llena de pasión mal contenida; aquellas piernas temblorosas, tquel gesto de dolor y los ojos punzantes y fogosos, me interesaron pronto y me hablaron de una manifestación plástica del romanticismo dramático tan amado, que ya podía vislumbrar tal 1 y como era.