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t Continuación. res declinaciones le llevarían a incurrir en los excesos más peligrosos y en demasías que hubo que lamentar en los postreros años de su existencia. En la época de Olavide la Inquisición española estaba ya en decadencia, y su actitud con el célebre peruano fue una especie de desquite afirmando habituales principios y maneras. Algunas de las valoraciones de Olavide reducidas a su justo valor y sentido eran admisibles y congruentes, pero, como escribimos hace años en cierto libro nuestro, en Olavide se quiso castigar el espíritu volteriano, á Enciclopedia y las nuevas ideas que representaban el tránsito a una nueva época. La ligereza, la banalidad, el espíritu fuerte, la filantropía, todo lo que evoca la casaca y el peluquín estaba representado en don Pablo de Olavide, ingenio liviano y superficial. La sentencia de la Inquisición fue equivocada. No ha ¡bía por qué extremar los rigores. Hubiera bastado una sentencia invitándole a la meditación y al estudio en unas tandas de Ejercicios espirituales, castigo y pena muy írecuentes, utilizados por el Santo Oficio en múltiples procesos de la misma índole, repetidos por esta época en la Península, Porque, descartadas intemperancias y extremosidades en el hablar, se trata esencialmente de un hombre más o menos cultivado reaccionando contra prejuicios y consagraciones definitivas que ponen a quien actúa de esta guisa en trance de heterodoxia o de excentricidad, cuando no de mala índole e irreflexión sistemática. Cumple, no obstante, puntualizar que si el asistente de Sevilla fue arrestado por la Inquisición española, su vida hubiera estado en inminente peligro, sustanciada la causa por las Inquisiciones de Viena o de Ginebra. Se trata de un capítulo interesante de la Ilustración en España. La causa de don Pablo de Olavide sirvió una vez más para desprestigiar a nuestro país en el extranjero, aunque convenga puntualizar que lo mismo allende las fronteras que en nuestro solar la mayoría de los censores escandalizados no dejaban de ser unos señoritos con casacas de terciopelo y chorreras de encaje, desasistidos de aquella sustancial cultura que es exigencia ineludible para lanzarse al ruedo de la dialéctica y de la exégesis fecunda e ilustrada. Muchos de los conmilitones de Olavide eran varones de cierto refinamiento social, intelectuales ds tertulias y de logias, reformistas perniciosamente influidos, creadores de movimientos donde no se funda nada estable y o ánico, desconcertando, si. lo antiguo y permanente. Honra, sin embargo, a muchos de ellos el espíritu crítico y los afanes apasionados por el establecimiento en la Península del progreso y de la cultura. Cuentan allí elementos de belleza intelectual, trabados por la avidez del saber y por los anhelos de una exégesis fecunda. Aflora en ellos la simpatía de la historia, pero sin arraigar en un conocimiento profundo de las fuentes eruditas y clásica, y, ipese a avances indiscutibles y notorios, el conjunto denlos intelectuales incorporados a la Ilustración trabajan en amateur desde don Javier María de Munive e Idiázquez, marqués de Peñaflorida, hasta descender a la cohorte de saltatumbas literarios y escribiores que llena de indignidad los ámbitos nacionales. Por lo demás, el libro del señor Defourneaux representa una contribución positiva en los estudios históricos españoles sobre el siglo XVín, y adornado por la amplia erudición y ia rectitud de juicio nos- compensa sobradamente de las osadías y truculencias de un hispanismo novelero y tendencioso, como por ejemplo el de Bas enne, pulverizado crítica y eruditamente por el señor duque de Maura. P. M. de la P. 14, AY una provincia española a la cual se te conoce por Terra da- Chispa (Tierra de la Chispa Esta provincia es la de Orense. ¿Y saben ustedes por aué se le llama así Pues por los afiladores. La rueda, al afilar, echa un chorrito de chispas. Este es el origen del apodo. Claro está que los afiladores no son todos de Orense. Actualmente no sólo los hay en las demás provincias españolas, sino también en otras naciones europeas, contándose entre ellas Portugal, Francia e Italia. Hubo una época, sin embargo, que todos estos pintorescos- -y novelescos- -personajes eran de Orense. Y los mejores aún lo son hoy, y, posiblemente, lo serán mientras la profesión- -para la que corren tiempos muy difíciles- -subsista. Los primeros afiladores que conoció el mundo salieron de Castro Caldelas y de Nogueira de Ramuín, en la provincia de Orense, (Hay quien cree, no obstante, que v los primeros afiladores fueron franceses. Pero esto no lo consideramos probable. Después, el gremio prosperó, y a estos dos Ayuntamientos se le fueron agregando otros cercanos como Esgo Maceda, TriVES, Paderne, Pereiro de Aguiar y Parada del Sil, que hoy forman la comarca denominada Chaira (tierra de ambulantes) así bautizada por los propios afiladores. Dentro de esta comarca, los afiladores son- -o fueron- -una verdadera institución con características propias muy definidas, reflejadas en sus costumbres y formas de vida. Antiguamente, la profesión pasaba de padres a hijos como una preciada herencia. Hoy es todo lo contrario. Los jóvenes ya no quieren ser afiladora Les da vergüenza. Y desprecian la rueda- -instrumento que fue origen de muchas fortunas aldeanas- -para dedicarse a otros ¿oficios ambulantes: quincalleros, plateros y también- ¿por qué no decirlo? -contrabandistas. Esta es una de las razones por las que el viejo afilador, intrépido y trotamundos, está a punto de desaparecer. Desde las altas montañas de la Chaira los afiladores, impulsados, Dios fcabe por qué misteriosa fuerza- -o t or qué mis teriosa chispa- salieron disparados hrfcia todos los caminos de la tierra. Primero fue la Península (Portugal, Asturias, Castilla) Luego, Europa. Más tarde, encontrando demasiado pequeño el viejo Coatinente para correr sus aventuras, saltaron los mares y las distancias y así llegaron a los más lejanos países (América, África, Australia, Rusia, Persia, Japón) Por todo ello, los afiladores orensanos son conocidos en todos los rincones del mundo. Y su instrumento de trabajo- -la rueda- familiar a todos los hombres. En las aldeas orensanas quedan aún algunos viejos afiladores- -como botón de muestra- -que en sus años mozos dieron poco menos que la vuelta al mundo. Una de las cosas más curiosas y que más ha llamado la atención en estos hombres, es la misteriosa lengua que hablan entre ellos: el barallete puerta infranqueable que cierra un extraño y enigmático mundo. Cuando dos afiladores se encuentran y hablan el barallete no hay forma humana de entenderlos. Es una jerga de muy pocas palabras, pero a ellos les llegan y les bastan para entenderse y sostener cualquier conversación. Lo que no lo entienden, lo intuyen. En esta intrigante lengua, Galicia se llama Galleira Castilla, Ancha Asturias, Berria Portugal, Biqueque Y América, Moreira El vino se llama mouga el oro, vlbelo los cuartos, zuros el guardia, velba la boca, gar- TERRA DA CHISPA H lea y al casado, apicholado A la mujer, belena a la moza, mutila al perro, doca al burro, fandino; al coche, chian al tren, caurel y a los ojos mireus A la carne, argüía Al viejo, coizo Al traje, ñafia Al cura, caxiga Y al baile, caxoteo En barallete existen canciones y documentos que encierran indiscutible valor. En la Chaira la gente, al hablar, usa con frecuencia palabras que pertenecen a este argot, sobre todo cuando quieren que no se les entienda con facilidad. El gran amor de los afiladores es la rueda. Esta, además de proporcionarle el pan de cada día para él. y los suyos, es su compañera de fatigas en la soledad de los caminos. La leyenda dice que la rueda de afilar fue inventada por un herrero llamado Tío Xan a quien se le supone ahogado en el rio Miño. La construcción de las ruedas es muy difícil. Requiere mucha paciencia y mucho arte, cosas éstas que también son indispensables para ser un buen afilador. En barallete la rueda, se llama tola Sobre los afiladores existe abundante literatura. Muchos escritores, poetas y pe riodistas de Galicia han hablado de ellos. Incluso hay libros de considerable tamaño cuyo personaje central es un afilador, uno de ellos es Pancho de Rábade de Alvaro de las Casas. En el teatro de yalle- Inclán también encontramos un afilador. Camilo José Cela, en Judíos, moros y cristianos refiere el encuentro que tuvo en tierras de Castilla con uá afilador de Kogueira de Raimuín. Eugenio Montes y Augusto Assía nos han relatado infinidad de veces los encuentros que han te nido, en diversos países del mundo, coa afiladores de Orense. ¿Hace mucho que existen los afiladores? Los afiladores ácistían ya en el siglo XVH. En aquella época, el pintor orensano Antonio Puga, pintó un afilador. Hace, por tanto, trescientos años que los afiladores orensano andan dando vueltas por todos los caminos del mundo. De ahí que no en vano se llame a esta hermosa provincia de Orense Terra da Chispa nombre que algunos traducen por Tierra de Audaces José FERNANDEZ PERBEIBO