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t B C. J U E V E S la D E M A R Z O DE Í 959. EDIÍCION DE LA MAl ANA. PAG. 35 CONCESIÓN DE LOS PREMIOS PERIODÍSTICOS MARIANO DE CAVIA Y LUCA DE TENA 1958 DOxN ENRIQUE LLOVET- MARCO POLO -Y DON VICTORIANO FERÑAIDEZ ASÍS HAN SIDO LOS GALARDONADOS FORMABAN EL JURADO: EL EMBAJADOR DON JOSÉ ANTONIO DE SANGRONIZ, MARQUES DE DESIO; DON FRANCISCO SERRANO ANGUITA, DON VICENTE GALLEGO, DON LEOPOLDO PANERO Y DON JOSÉ LÓPEZ RUBIO íleunidos eij Madpd, en la Casa fie A B C. los comA r T A TIFT ponentes del Jurado encargado de otorgar los Premios JX jí UCJLÍ J UXXüJJlJ Mariano de Cavia y Luca de Tena correspondien; tes áil año 1958, acuerdan por unanimidad: Primero. Agradecer a A B C la continuidad en la convocatoria de estos Premios, que constituyen preciadísimo galardón periodístico y poseen una preclara tradición. Segundo. Otorgar el Premio Mariano de Cavia al artículo titulado Granideía y miseria del Oriente de qué es autor D. Enrique Llovet, y que apareció en A B C del 3 de octubre de 1958 firmado con el seudónimo de Marco Polo Tercero. Otorgar el Premió Luca de Tena al trabajo que, presentado con el lema Semper ídem y el número 27 del concurso, se titula Un periodista Abierta la plica correspoiidiente, resultó ser su autor D. Victoriano Fernández Asís. El artículo premiado apareció en el diario Pueblo de Madrid, del día 26 de no viembre de 1958. Y para que conste, firmamos la presente en Madrid a once de marzo de mil novecientos cincuenta y nueve. -Firmado: José Antonio d e Sangróniz, marqués de Desio; José López Rubio, Francisco Serrano Anguita, Leopoldo Panero y Vicente Gallego. P R E M I O M A R I A N O DE C A V I A GRANDEZA Y MISERIA DEL ORIENTE Reproducimos de A IB C, del día 3 de octubre de 1958, el artículo de D. Enrique Llovet, firmado con el seudónimo de Marco Polo al que se ha concedido el premio Mariano da Cavia lo más seguro es que la primera señal de vida venga de esos signos internacionales que son la pesadilla de nuestra época: depósitos de gasolina, grúas, hangares y vehículos en marcha. Oriente: una aduana, unos agentes, de policía, unos mozos empujando una escalerilla, más policía, unos camiones pesados, una bandera ai viento y mucha más policía. Los primeros civiles son siempre europeos, adelantándose a sus nervios, apretando los ojos con la esperanza de ver llegar a no se sabe quién. Los árabes del avión y del barco saltan a tierra dignamente, pasaporte, en mano, orgullosos, con el señorío del propietario. Pero ahí acaba su gloria fugacísima. Después del último policía está el primer taxi de los miles y miles que pululan por Oriente. -Taxis fantásticos, increíhles, iluñiinados con cincuenta bombillas, adornados cíe tilores y. retratos familiares. Taxis que, desaparecen en un seguiído con su cargrarncnto de maletas, babuchas y paquetes. Ninguno de dios pasará en Beirut por la plaza de Bá Edriss, o en Damasco por el Puente de la Victoria, o atravesará en Bagdad la callfe Kashid o en Ammán cruzará lá calle Feisál Enrique Llo ct o Sha Reza, de Teherán, o la plaza de la Liberación en El Cairo. Ninguno aceptará la gran avenida con su inevitable estatua. Sus grandes edificios, su Casino militar sus cinfes sobrecargados de anuncios de colores, proyectores, de colores y piedras de colores. T or. áhí van otros autos. Por ahí vuelan los grandes coches americanos- -amarillo, limón, verde y malva, rosa y ocre, gris, rojo, azul, blanco y plata- con los hombres de negocios franceses, italianos, alemanes, israelitas, tur eos, indio y americanos de verdad. Por las aceras circulan algunos árabes vestidos de seda y algunas mujeres vestidas ya para un cocktail desde las nueve de la mañana, escoltadas por oficiales uniformados por. un sastre del Folies- Bergére Es ía juventud alegre, segura de sí, la juventud violenta y victoriosa cjue no tiene miedo de la luz del día ni de la calle europea. Es el árabe presumido que, podría, engañarnos sí no estuviese escoltado por una multitud testaruda, pegajosa y sonriente: la tñültitud de los pequeños y los grandes mendigos; los auténticos y los falsos mendigos, llagados, mutilados, deshechos, cada uno con su norma y su tarifa y todos capaces de seguir a un hombre durante todo el día, y luego, a la hora del triunfo, de tirar a un charco la moneda juzgada insuficiente para el número de llagas o la dimensión de la desgracia exhibida: Trabajan en equipo. Vienen por docenas. Se instalan en las puertas de los cafés, y de los almacenes, en. los discos de tráfico, junto a los quioscos de los periódicos, junto a las taquillas de los cines, ea él centro mis- mo de la calle. Tienen un arte singular para aparecer y df. íaparecer, para canturrear veinte horaS sin que les arda la garganta, para esquivar las coches, los carros y los tranvía, Han hecho un espectáculo soberbió de la virtud menos espectacular del mundo. Han conseguido teatralizar la humildad. Oriente. Todas las alegrías v las penas, las ilusiones y los fracasos del mundo, ef Teherán i. (Crónica postal de nuestro corresponsal éíi el Oriente Medio. Para los ricos, el Oriente empieza en Orly o en Ciampino, cuando un superconstellation de lomos finos y relucientes comienza a recibir su contingente de pájaros. Los oficiales sonríen, las azafatas sonrían, los, V. I. P. Very important person -aprietan con fuerza sus carteras de cuero y los pasajeros comienzan a subir a sus puestos. Todos visten igual: una corbata de vía Condotti un clip de Dior, un reloj de pulsera Cyma o Longines o Pateíc Philippe una no- vela de Sagan, L Eur opeo París- Match y Times Hay- que fijai- se mucho para distinguirlos. Pero el vuelo es largo. La cabeza que se reclina en el asiento se va resé- cando con la media luz. El rostro se oscurece un poco, las cejas se pueblan, el bigote se curva lentamente. AI amanecer, el avión está dividido en dos grupos bien definidos: árabes y extranjeros, Para los pobres, el Oriente empieza en Barcelona, en Genova, en Nájjoles o en Marsella, cuando trepa por la pasarela del barco la primera oleada de turbantes, babuchas, maletas de hojalata, paquetes atados con mil nudos, sacos, abrigos raídos, pañuelos al cuello, panes bajo el brazo y botellas de té. Es el Oriente viajero, enligante, inmigrante, triste, esperanzado, descorazonado y patético. Tantas vueltas han dado ya esos hombres, que son capaces de reconocer en un segundo y a treinta metros la arista más dulce del puente o la esquina más apta para, evitar la lluvia o el sol. El viento no jes da; miedo. Son jMuchos siglos haciendo amistat! con él desde la grupa dé un camello por los, desiertos de arena. Cuando Europa desaparece, no hay más que esperar en medio de las estrellas la, llegada de la luz gris de Lattaquié, de Beirut! o de Alejandría. Unos barquitos de Tiro o.i unos pescadores de Port- Said acaso adelan- al. yiajer q su candida bienvenida. Pero RAGUETTE Maison de Couture Fran. caise Abre sus salones Bárbara de Braganza, 2- Telf; 31 74 22. SASMHÍDOR f