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DIXRIÓ lÉUS DIARIO TRADQ GE FUNDADO EN ISOS POR DON TORCUATO LUGA DE TENA ILÜS. DE IN N T R A D O DE XNf 0 RM A C I 0 N Q E N E R A: U. UERIDOemf bajador: Y o sé que usted n o es el déstinatarip naturíil de esta carta, Con, lo difundida que anda por su país la costumbre de escribir al editor, sé bien, que es al de la revista L o o k a quien yo debería dirigirnie para exponerle mis agravios. Pero varias causas iUstifican que las presentes lineas cambien de itinerario y vayan, á través de Á B C. á la mesa de su despaxho, en el que, para fortuna nuestra, cori tanta simpatía, con tanta cordialidad se asoma usted siempre a las cosas espafíolas. La primera razón es, naturalmente, la distancia. ¡Me queda tan lejos el editor del L ó o k! i Y está usted tan cerca! -A diaria paso por su Embajada, cuya arquitectura, peiregrina para lo que se estila en nuestras latitudes, ka. censurado usted bienhumoradamente en más de una ocasión, y cuya silueta- -a mí. no me duelen prendas- -ennoblecía las últimas Navidades la bellísima cruz monunaental de us despa lip 3 encendidos. Sotí miles de kilómetros los qué me separan de Nueva York, sólo unos pasos de usted. L a diferencia pesa tanto... Por si fuera poco, al editor de L o ó k no le h e visto en m i vída, ni sé su nom bre ni cómo es: s u f i g u r a es impersonal, abstracta, deshurnánizáda... y la de usted, no. La vida; madrileña me depara, gra cías a Dios, con cierta frecuencia, la oppr, ¡túnidad de estrechar su niahp y de que conversemos. Aún hay m á s al editor de Lóok mi carta le llegaría con retraso, pPrque cuanto deseo decirle tiene su origen en y n artículo aparecido en el número del é de enero y yá puede considerarse prescrito mi derecho a reiilicarle. E n cambióy. usted admitirá bondadosamerite qué aún está dentro dé plazo, porque sabe que L o o k no se vocea aquí coh; 1 a misma graciosa anticipación que cierta revista muy nuestra én l a estación de Villalba: El BlancP y Ñegrq de ma- ñaña; qué ha, salido hoy -Eso aparte, a mí me inteiíesa más dolerme con Usted, de lo que estoy seguro que a usted también le irrita, que protestar ante el editor dé L o o k y. s. ubsidiariamente, ante sus lectores, del desmán de que me quejo. Y que. és éste, qUerí. do embajador: Cierto articuíistá, éti un trabajo, consarrádo al vilipendio del régimen nacista, suelta así, como dé pasp, ésta monstruosa. andanada. (Ha hablado de Hitler con el encono a u e le merece su recuerdo. Y s ñ a d e Compared with him Genghis Khan the Spanish conquistadors, the medieval Turks were benign explorers Se sirve de u n inglés tan claro, que a cualquier aprendiz de su lengua se le alcanza lo que el párrafo qUe cito significa. Cómo sería de siniestra, ds dernoníaca, la acción de España n. Arnérica, equiparable a la de Genghis Khan y a la de los turcos medievales, qué sólo el infrahumano Hitler ha podido superar con su brutalidad la nuestra. Estoy seguro de que aún no siendo usted español, salvo de corazón. pn el que yo creo que se le ha filtrado una sutil y dulce veta hispanófila, se habrá llevado las rñanos a la cabeza. ál leer t a m a ñ a dislate, y bien puede imáginp- rse a mí. que lo soy por los cuatro costados, el efecto que me habrá producido to- FORMACIO E R A li N MR. Í 0 DÍ, M 1 AMIG 0 parme de manog a boca el insólito texto de L o k justo en el trance de hojear sus páginas con cierta displicencia, mas, lo confieso ruborosamente, a la caza de ingeniosas caricaturas y hasta, si ihé. guarda el secreto de chicas guapas, que de datos históricos. A Nosotros, querido embajador, estamos muy habituados a ese tipo de ataques, E l libro, el admirable libro que Julián. Juderías publicó hace ya m u c h o s- añPs sobre L a leyenda. negra sigue siendo de actualidad e invitándonos, c; on! fre- cuencia, a refrescar sus capítulos. Ignoro quién es el John Hunt que ceirtifica cpñ su firma el disparaten que comentamos. Y me siento pesimista por él, a lo mejor resulte u n concienzudo profespr, doctorado en varias discipUnas y sabedor. oficialmente al menos, de irnportantés, asignaturas. Yo creo que no, que no és nadie o casi nadie, y que, por tanto, no vale con seguridad lá peüa de que tíos eñfademps. Pero ha lanzado su injuria desde una tribuna que cuenta millones de lectores y eso es ya más preocupante. -Dé rnodo que los conquistadores españPles que transfundieron a klós- pueblos dé América lengua, civilización, cultura, universidades, leyes, que vivificaron veinte naciones, sin mengua de los. cruentos episodios inevitables én todo choque de razas dispares, ¿han. de ser alineados a la altura de: Genghis Khan y- dé lps turóos del medioevo, a los que precisa, mente Juan d. c Austria puso límites y. barreras infranqueables sobre, las nióvi- les aguas dé Lepanto? Cierto que Adolfo Hitler ha cpmétído los genocidios más espáriktosos de que; se tiene memoria. (Y o v i s i t é h a c e p ó c o s me- ses en. Varsovia el solar del ¿h e t t o del que desapareció, sin dejar, rastto; el me- dio millón de judíos que lo habitaba- Pero; ¿es que los españoles hicieron- algo parecido y h a y que recordarles forzosamente como ai hubieran desbrozado el camino a los dirigentes del tercer; Reich? Si nuestro propósito fue el de ariiqüilai: las razas aborígenes, ¡qué, fracaso el nuestro! Aymarás y quechuas del Perú, chib- ¡chas colpmbianos, araucanos de. Chile, tupis de Paraguay, caribes, de las Antillas, tehüelches de Patagonia, aztecas mejicanos y otras muchas razas más. supérstites hoy, pese a nuestra barbarie presunta, demuestran que la invasión española no fué tan mortífera como para servir de referencia a- 1 hitleriana, ¿No: le parece a usted, ernbajador? Claró qué el castí de Lo ok no es únicp y mírese por donde, cuando yp cornéntaba el pafráfito en cuestión con Manuel Aznar, é s t e m e citó un último libro de Mauriac, en el que él insigne escritorv y caracterizado hispanófobo se asombra de que el mundo no mantenga de forma iilinterrumpida un estado militante de cólera contra Esfiaña por su actuación histórica; Corifeos existen de, tal doctrina y partícipe de ella era, sin duda, el ministró de Bélgica en Chile el año ígs. qué; a l hilo dé una conferencia sobre. Rubens, aludió a l atrpce brutalité de la dominatiPn éspágnoii -él se refería. a los Países. Bajos- nafein mis irritadas y ulteriores reclamacioOTs. E n fin, si le, cUentc estas cosas, querido émbájadorj es n o por movilizarle a usted, para nada concreto, sino, lisa y- llanániente, pára, desahogarme. Mi carta tiene el mismo significado que: si yo le cogiese amistosamente del brazo, le llevase a un rincón del cocktail de t u r h o y le dijese, sobre poco más o ráenos: ¿H a visto usted lo de John Hunt? ¡Qué tipo! Es, -palabra, un tipo molesto el ial J o h h Hunt; U n tipo de esos q u e s ó l o sirven para poner chinitas en el camino; de los hottibres de bien, para envenenar las relaciones entre los países amigos, para que sus compatriotas se formen una desmestirada idea del pasado de España y analicen su presente a través de mil absurdos, prejuicios, en suma, para que Ips enemigos comunes se apunten sus bazas; a CfDsta de nuestras disensiones, más; qué de su f i r, m e z a... Laftiéntable, ¿no Usted rne d i r á ¿Y qué quiere usted que le haga? -Nada, desde luego, querido ernbajador. Lo terrible és que usted- -y ya; sé imaginará que yo, menos aún- -podemos hacer muy poeo. Pero tal vez lo único que esté a nuestro alcance sea el no dejar qUe la calumnia y la metidácidad anen día a día su pequeñita trinchera, sin- opoíiep; nuestro- voto en contra, sin salir al encüen- tro de quienes, tienen, corqo armas, habituales, la injuria O; la mentira, de quienes se mueven por mqviles de, sectarisíno; o- de resetitirniento, sin prptestar, vaya. No, á los coñquistadoi- es españoles- r- concluyamos -no. les hace falta el ad- -venimíento dé un Hitler paira que- ¡oh, generosidad! e les indulte. Detrás de ellps está y da- fe de su. magna empresa- no el vacío, como el que dejó Genghis Kahn- sino, todo un mundo, inmenso y vario, nacido de s u esfuerzo, cuya medida escapa Un poco a las valoraciones normales. Bueno fue a que su obra tuviese que sufrir eljustipreciP de los indoctos ó de los viles. Hasta ahí podían llegar, las bromas, Disto mucho de, temer que aquella heroica gesta, sin parigual a la h o r a en que vivirnos, se malinterprete por la: irresponsabilidad de algunos comehtaristas desalmados. Pero, Pue tipo, ¿verdad, embajador? ese John Hunt. Muy cprdialmente suyo; le saluda. Joaquín C A L V O- S O T E L O V íe Z Real academia EspañoM