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LOS MUTIS DEFINITIVOS ADIÓS l l HOR IFT fi ftFlRT N silencio injwsfeo ipesa a veces sotore él firiM. de los qús fueron grandes artistas. í mllio lívuillef xtmrtó en Madrid n 1940, después 4 e habsr, cütoierto medio Siglo de cena española con Emilio tearlo y Miaría Guerrero, y tras habar? ido al n de Carmen Cobeña y dé Rosario Pino, y primer actor y director luego de muy admirables calldadijs y de creaciones inolvidables. Poco, casi nada se habló de él su muerte. Y a pesar de sus méritos Indudables, raramente se le recuerda. Con la que fuá su esposa, Hortensia Gelabert, ha ocurrido algo peor. Ni siquiera la noticia de su fallecitnientx) acaecido en La Habana el día 4 de este mes, había llegado hasta nosotros- Una amable misiva de don Juan Miguel Daporta, desde Santiago de U I Hortensia Geiabert, con su marido. Emilio Tltullier, y Fernando Biaz de Mendoza, en una escena de la peifcuia La mala ley Ccmpostela. subsana esta involuntaria pi terición. ¡Más vale tarde, Hortensia Gelabsrt se ha ido de este mundo de realidades al otro de los ideales sueños, que tanto parecido tienen con la vida, má ca del teatro, siempre en evasión de lo cotidiano y de lo vulgar, súbitamente, a consecuencia de una trombosis cerebral. Llevaba viviendo doce años en Cuba, su país de origen, y había sido nombrada profesora del Conservatorio Municipal de La Habana. Dirigía, además, una academia particular de declamación, en la cual sus discípulos api- endían de ella no sólo clara dicción y elegancia en el trámite escénico, sino también lecciones de dulce melancolía y nostalgia cuando Hortansia, que fué gentil y nibla figura de nuestra comedia, o más exactamente de nuestra alta comedia, les hablaba de sus dorados tiempos de Lara... Actuaba también en la radio y la televisión habaneras, encarnando siempre protagonistas de obras esipañolas, piezas famosas, dramáticas o icómicas. adaptadas a esas particularidades de la difusión don voz de fondo de narradoTCs, o redu c ción de sonajes y escenarios, sin coritaóto directo con el público, siempre como trance de naufragio, de luces y sombras, de cámaras y focos, de magnetófonos y micrófonos, como una secuela del orbe arLíñcial del cine mediatizado por la técnica, por la mecánica, por la máquina, en suma, inteiTOesta para ci gar la fluencia calurosa del vítor y dei aplauso. Hortensia Gelabert, qus cuándo hizo su medio mutis en nuestros escenarios puso luego una casa de modas, fué triunfadora en una época de buen costumbrismo, cuañ do brillaban en los carteles loi? nombres á 0 Benavente y Linares Rívas, Arniches y los Quintero, y tantos autores TOAS. Con Ttiuiller, alcanzó, en campañas brillantísimas, el áípice májümo de su buen crédito y de su popularidad, tanto en el ya citado Lana como í n otros teatros de Madrid y de pro- vincias. Llamó siempre la atención por su figura, por su distinción y elegancia, por cierto aire d apasionada esco ita de comentarios que la acompañó siemsiM e, por el vigor y el fuego con que lírxoxporaba súsi papeles, porque tenía eso que tan dtfíofll resulta ccnssguir en los tablados: auténtica e indiscutible personalidad. Soñaba con regresar a España, conicreitamente a Santiago de Ccmpostela, donde quería adquirir ima residencia paíia recreo, díscanso y para eso que tanto le gusta a. la gente de teatro: para coñvérsai- con los amigos y seguidores sobre el layer y el hoy de- ai esceca, para rememorar y evbcar. Trabajaba mucho y bien en Cuba, y ya veía convertida su ilusión en realidad, ya estaba a su alcance, cerca de la mano que iba a adquirir el pasaje e iniciar la vacarción... y, de repente, el súbito ataque cerebral la ha borrado de la Üsta de la compañía, se la ha llevado de un modo inopinado por el escotillón de tó. muerité, ha reto todos sus contratos con esta bajai vida... Ahora, Hortensia Geiabert no es más que usa fotografía nostáCigica, un nombre en el reparto del estrenó famoso La ciudad alegre y confiada. par ejempld) to actriz de Thuiller. aquella artista de alta ccmedia, que tenúi clase y estilo Pero los fieles del teatro, la vieja guardia, la seguimos viendo activa y viva, sonriente, triunfadora... Alfredo MiARQÜERM Hortensia Qelabert, en 1811, cuando actuaba eii ét teatro d 4 t Comedia.