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t, S iMíáfmh- ¿i. his Sí 4 iSptÍ Sllf l PP Pi ÍS tl ¿É i l lÍÉíi Ílfe í i t silueta d la laUta de San Borondón, en el horizonte. LA ISLA ERRANTE DE SAN BORONDON HA SIDO FOTOGRAFIADA POR PRIMERA VEZ ACB justamente cinco años que a isla sirena de San Borondón levantó su perfil fabuloso al occidente de las IsUus Oanarlas. INo biaMi vuelto a ii arecer itmsta hace unos d is. y su anterior aparición fué servida como noticia fre a por todas las ag 9ii. clas infonnativas, la última lia sido c iocida i or mt pocos. Vale la ps na opeíteitrarlo, ix rKiue este he sho extraordinario le ha puesto una orilla de temlblór y milagro a la gec iafla del Arcihipiélag Afortunado. lios isl ios medievales tuvieron una teoría de islas fluctuantes pie navegaron desde el paralelo de Xrlanda al de las islas Canarias. Y con el único y postrer viaje de San Brandano, camino del Paraíso Terremal. madura el dolo poético ¡ae había despuntado con la isla Ai) rósitus y igue Ptolom incluyó dentro dísl tupo de las Afortunadas. Ssfca tierm ¡fantasma, c no un eorax n a la deriva, había apasionado a los navegantes, quie la llamaron N m Tmbada Encitólenta PBidida IPero la aventura de San IBrandano, con sus doce monjes rumbo al Sur, no ¡había sido ea vano. Su estela retyó tan hondo, ue muchos siglos después Ha isla ¡brandlana figuraba en los primeros portulanos y, siempre a la derliva, los ñaupas la dibuja- H ban len ese vasto espado Que va desde el Sureste de Irlanda al Suroeste de Canarias; es decir, dentro del rumbo que el santo irlandés trazó y la misma ruta donde su nave se desvaneció llamada por la mar y el viento. Al primer ciclo poético sigue un sdlen CÍO tan largo como el que lEiivolvió al Archipiélago da la Fortuna desde su poblamiento hasta su redescuibrimiento en la alta (EJdad Media. Y al difundirse entre los navegantes esita noticia, volvió a hablai e de la Non Trulmda Ctenovesís y portugueses cuentan la historia. Pizzigano dibuja i; n ilSifi? la isla de San Brandano. En el siglo XV trazan su oonitomo ToscanelU y Andrea Blanco. Todos ellos la sitúan a corta distancia de la isla de Sil ISt ro, la más oooiidental de Canarias. El prteer plano de San Borondón- -nombre canario da San Brandano, y, por to tanto, áe la isla fantasma- -lo dl buja el avispado crefflonés Iieoimrdo Torriani que, de orden y por encargo de Felipe n recorrfai las Canarias a finales del XVÜ para hacer un estudio de íortMcaciones. Con el mai de todo el ardhibiékgo levantó- Hicómo no! el plano de San Borcaidón. liba l t a alargada, con colinas dispersas, cruzada de ste a Oeste P H- una baja cordillera. que dividía las aguas: un oorto riachuelo desembocaba al Norte y otro al Sur. Costas recortadas. Fequeítos calvarios o ermitas con cruces. Torriani trazó el plano dls la isla utilizando referencias directas, porque en las islas, sobre todo en las tres con las que ha sido pródiga la isla fantasma- Lia Palma, La Gomera y ¡El Hierro- -se cuentan por decenas los testigos de la stuprendiente aparición. Casi todos creen en la realidad de esa tierra, y con los testimonios de unos y el cuento ás los que desemdbarcaron en San Borondón sie completa la cartografía y nace el ciclo heroico de la lESacubierta La mar es propulsa a esos delirios, donde el mayor ingrediente es el poético. De no ser así, dos marineros de Oran Canaria, Famando de Troya y FeínaiKlo Atvarez. se hubieran quedado fondeados en sus caletones antes de organizar, en lSi 2i6, la primera expedición a San Borondón. Iios hados les fueron adiversos y regresaron sin abordar la isla. Treinta aíLos después, el piloto portugués iEoque Niiñes, con un cura a b (n do- -el sacerdote palmero lufortín de AraíJa- dirigía la segunda expedición a la isla fantasma. Parten de Ita Palma, y vueliven a ella descorazonados: no les falló la estima- -tío más de cuarente leguas