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CRITICA Y GIOSA EL PRINCIPE QUE FOiJO UNA REPÚBLICA Por EL MARQUES DE QUINTANAR Editorial Saturnino 278 páginas. Caíleja, Ií breve ensayo de Ramiro d Maeztu. prólogo postumo a ¡El que forjó una República del marqués de Qulntanar, leemos unas palabras carga, das de sentido histórico: La política de los Reyes de Francia sirvió mucho msjor los intereses de Francia que la idea de las nacionalidades qus místicamente persigulemn los dos Bonaparte. Y derivando de esta observación ¡hacia las prsocupaciones de todo orden que España le silería, Ramiro de Maeztu añade: Es verdad que a un espíritu español no puede satisfacerle el ejemplo ús iue un ¡pueblo prospere y se agrande a costa de los otros. Los españoles pensaron siempre en jue todos orno hijos áe Dios, y nuestro ideal hubiera consistido en ser, en la tterra. el braao de la Providencia no en provecho propio, sino para realisíaclón de la justicia en todo el orbe. Pero a los soberanos temporales no puede pedírseles sino que procuren el bienestar y el progreso de su pueblo. Qué moraleja de semejante trascendencia, no ciertamente Improvisada por Rami ro ds Maeatu, pusda desprenderse del ensayo hístóríco- ipolitico del m a r q u é s de Quintanar, arguye a su favol y permite a los lectores de hoy darse cuenta de la gran masa de hechos que el autor maneja en función del nacimiento y ulteriores vicisitudes de la tercera República francesa. Han pasado más de veinte aftos de la primera versión, en la revista Acción Española del libro del marqués de Quintanar, ap 3 nas retocado en sus lineas fundamentales: y pese a todo lo acaecido en el transcurso de ese tiempo, precisamente en relación con el antagonismo de Francia y Alemania, resulta vigents la tesis de El principe que forjó una Repi tblica Bismarck creó, en cierto modo, la bercera República francesa para dividir y anarquizar a su histórico enemigo. No en vano era Blsmarek discípulo de Ríohalieu, en punto a los más desconcertantes, pero eficaces, recursos de una política exterior, verdaderamente realista, demasiado realista: de i jalídad. no de realeza, naturalmente. Y ese tipo de ¡realismo servido instrumentalmente por las Cancillerías que lo adopten, no siempre es comipatlble con las exigencias de la Moral. ¡Juzgúese d 3l interés que merece el ensayo del marqués de Quintanar por esa doble vertiente que trasluce el prólogo de Jvfeeatu y que confirnua el contenido de la obra. A un lado, la instructiva enseñanza ás determinados conceptos y hechos históricos, y, a otro, el sentido polémico con el qua. indudatolemente, ha de contar el E razón cronológica quiíá más que puramentte estética. Pero QuMaíiar sé mantiene ílel a aquel lejano patrón, en la medida que imponen otros gustos, y le sigue animando una valleinclanesca elegancia, nada incompatible, ipor limitarse a la foíma expresiva, con las características de la narración histórica. Para situar el tema ea la perspecti -a que le corresponde, el autor füa, a su vez, adecuadas posiciones frente a la Rsyolucíón francesa y su guerra Implacable al Trono de Luis 3 CVI: a todos los tronos, todas las dinastías. Pairalelamente al desarrollo d la fulgurante carrera de Napoleón- -ajeno a la tradioional Monarquía francesa- pasa Alemania por vicisitudes que interprete esas realidades. No se olvide que no hacen sino confirmar la Influenque la Actlon Fran aise por legitima cia que venia ejerciendo iFranola desde ihfluencia de su definidor máximo, Carlos los tiempos de Luis XlV, porque la políMaurras, elaboró una doctrina que, ante tica tradicional de los Capetos- -observa todo, en su proyección hisítórica, ejerce Qulntanar- ra la de atomizar tel Impenotoria Iníluentíla sobre la versión del rio y tenerle bajo su dependencia material marqués de Quintanar, no ya en cuanto a e ideológica, en una especie de servldum- un suceso determinado, la R púbílcta sur- bre, apsnas disimulada, en lel terreno migida tu Sedán, sino de todo un siglo, se- litar, eh el financiero y en el diplomático gún quedó prejuzifado, a gran escala, por Prendieron allá las ideas t volucionarlas, y, la Revolución francesa. Hs la llnta en que en síntesis finamente captada, nos lleva insertan sus revisiones de tales hechos los el autor, a través de la historia de la Euhistoriadores más conspicuos de aqu sl gru- ropa del siglo Sax, que no a otra cosa po. Balville y Oaxotte, y en el que sie sitúa lequlvals la historia de las relaciones franel marqués de Quintanar, aleccionado, sin co- alemanas, al momento decisivo en que duda, por la segunda República española, Francia, vencida, queda a merced del venque asimismo debió su advenimiento, en cedor: el Imperio íorjado por Blsmarek, parte disclslva, a fuerzas intemacloníites, artífice, a la Vm, de la República francesa, justamants para asegurar el auge de de notoria hostilidad a nuestro destino. La iActlon Fraacaise se perdió en el su patria y de su obra. Por cierto, que uno de los capítulos dedicados al estudio de los antecedentes Inmediatos. Eugenia d 3 Montljo en el cielo de Francia es uno da ios más felices del Ubro, Oatoe decir, por nuestra propia cuenta, que sin la actitud adoptada por el ísonde de Chambord, la operación diplomática de Blsmarek no habría podido llevarse a. cabo con entero éxito. SI iEnrtaiue V descisnde de la nuba flordelisada de sus pilnclpios al cam po en que, verdadefamente, se planteaba la lucha de la Monarquía V de la República, Francia baforla salvado ía curva más peligrosa de su historia contemporánea. Bien es vardad que Em- lque V habría mujrto sin di oendencla ni sucesor de su misma Casa, y la Corona hubiese pasado a los Orleáns, por lo que es difícil saiber si la Monarquía restaurada hubiera llegado a ssr la apetecida o soñada por los legitimlstas. Qulntanar cuerda una significativa frase del duque és AUmaie, n un manifiesto a sus lectores del Oise: Nada en 1 pasado de mi familia ms sEpara de la Repitolica y en coniVier Rción con unos del- gados aludió a la Monarquía que el pueblo francés deseaba sin marqués de Qulntanai clérigos ni nobles m decir, que la República andaba muy cerca. Pero no nos detorbellino de la última conflagración mun- jemos tentar por la conjetura, a la vi. 5 ta dial; cataclismo más bien, de costosas eon- de un libro como ests ds Quintanar, insecuenclas, Pero su interpretación de la formado por una lógica qu e caUflcaríamos historia de Francia, antes y después de de maurraslana, sólo que a salvo de resala tercera República, s i g u e mereciendo bios positivistas. Atenido a la trayectoria atenta consideración. De ahí si interés d de las instituciones conocidas por Franla critica a que somete el marqués de Quin- cia, a lo largo de un. siglo muy revuelto, tanar el dobfó fenómeno de la Revolución Quintanar fija las etapas que median entre francesa y del nacim. iento del nacionalis- la tradicional Monarquía hsreditarte y la mo alemán; amibos, examinados n su República dímocrática, pasando por el Imorigen y en sus ulteriores peripecias, con perio, la libertad de Juicio y exposición que perCompletan El mite el ensayo, género a que pei- tensce República otros príncipe que forjé una ensayos, con lel libi o que glosamos, por su atractiva nio del tema de las rslaciones predomihispanofactura literaria. Así tenia que ser, dada portuguesas y de su- historia, a que tañts la agudeza y brillaníea de la ¡pluma del se ha inclinado slEmpre nuestro autor, marqués de Quintanar. José Luis Váísquez Oh ves, lleva n su Dodero, en su emotlvd prólogo, recuerda quien, por el apellido quinas de Portugal, gloriosas al poeta de ha. vida nusva fil florido blasón las hermana. Pero nada ds iberisla enigma El jardín familiar y otras obras mo, nación por el líricas del conde de Santibáftez del Río, tufo a juicio de Quintanar, és esa equívoco a sociedades sícretas palaibra, poeta que pervive en el marqués de. Quin- Ko bastará, sin a tañar, para singular perfume de sus en- el uso por Ollveiraembargo, en i ehabilitark Martín, sayos históricos: producción aquélla que ss de la civüimclón ibérica su Historia inscribe en el ciclo modernista. Bajo la grácil disciplina del modernismo, se formó, M. PBRNANXíEZ MMÁQRO en efecto, el marqués de Qulntanar, por Se la Beal Academia Española Wm 9,i