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IVOVENA MARAVILLA: EL VALLE DE LOS CAÍDOS Por TOMAS BORRAS JNTO a El Escorial, octava, la novena maravilla, única en este siglo quizás, se alza evocadora, religiosa, ruda. Tiene el Guadarrama aspecto melancólico y iviril, es sierra de viento raso, nubes cárdenas y, como contraste, ulpa azul que tranforma su ranito en materia celaste. El árbol del Quadarrania es, o el pino erguido con savia que se esmerila en oro, o el más bárbaro, enebro, el que trepa por el acantilado y conoce inviernos de nieve hasta la garganta, aguantando en la cumbre. Suelo de lajas carreteras orla de barranqueras de agua helada, senderos que trepan con angustia y vuelven y revuelven, la naturaleza sin doma, oscura en lo pedrizoso, ámbitos enteros sin hierba, sólo desnuda roca y por encima vuelo de velos de valquirias, nubes que se empapan en sol. Y el, cielo de turquesa cristalina, cubriéndola. Sierra de poesía mística y putaón fresco. Pues en el seno de esa cordillera, los muertos de la Cruzada van a reunir sus cenizas, como reunidos estaban en los apretados batallones, o en las cárceles y ctoecas. Héroes y mártires Para ellos digna sepultura una maravilla, ya que la precedió la maravilla de inmolarse por la salvación de la Patria. Indistintos, generales, soldados no de esos desconocidos porque los soldados españoles todos ¡tienen apellido ante Dios y ante nosotros; pobres fusilados de madrugada, la madrugada lívida de las patrullas rojas, seres de todas, las regiones castigadas por la ola vesánica que veía en cada buen español un enemigo a exterminar. Juntos, en osarios sin distingos de clase social, como estaráin, y estaremos, en el Vallé de Josafát el día del tremendo juicio. Para la consideración de Dios y criterio hispanida, de hombre a hombre no va nada salvo sus hechos. Y los hechos de los mártires y ¡héroes los igualan no por él rasero bajo, sino por rasero de inmortalidad. Para encerrar esos sacros huesos, acrecentada históricamente su Valía hasta un infinito de reverencia y gratitud- -por ellos sobrevivimos y v Bspaáa sigue llamándose asi- era preciso algo sin pareja ni mezquindad, de dimensión ciclópea. Se trataba de guardar despojos queridos de gigantes espirituales. ¿Un monumento? Sí. Pero a escala de sublimidad, digna de los sublimes sacrificados con voluntarlo entusiasmo. Que la obra, pudiera parangonarse con el magno hecho. Que la tierra recogiera a la carne tierra con la majestad- debida. -La idea del Caudillo füé ésa, y por tal y de tan insigne tamaña, le preocupaba y desazonaba. 5 s Diego Méndez, el arquitecto de Cuélgameos quien me lo dice. tTn joven maduro, aiún más joven de anteo que de edad, elegante, de aspecto deportivo, de luz en la mirada ágil, de caballeroso ade- J man y esa, sonrisa y deje del madrileño que es cortesía y alegría. -Desde el principio de la guerra, Franco sintió la necesidad moral, podríamos decir que hasta física, de honrar a los muertos cuanto ellos nos honraron. Paralelamente a la campaña maduraba la idea, atormentábase en busca de un logro proporcionado a la intención. Así llegó el 1. de abril dé 1939. La guerra había concluido. Un millón de muertos en checas, calabozos, piras de asesinados, fusilados con falaz leialidad republicana al salto de la trinchera enemiga, én el (bombardeo, en la nuihancia de una casa, en las encrucijadas de una ciudad, esperaban. Franco seguía obsesionad? con su idea. Pudo llamar a un. grupo de arquitectos, pudo convoca! un concurso. pero quería ser él inidaddr, él quien trazara el esquema a los realizadores. Aceptó para, sí esa responsabilidad, como tantas, en está ocasión responsabilidad estética, Incluso. Todo le parecía pobre, chato, mezquino para, la alta grandeza de los perecidos por la mejor de las causas. Había que buscar un punto de arranque original y de monumentalidad inédita. Como aquel canónigo de Sevilla cuándo se presentó la ocasión de levantar uto Catedral, no le importaba a Franco que los necios tuviesen por locura la fábrica asombrosa. Desde que la chispa de la idea quemó su inquietud, Franco tenia un punto de arran ¡que: que la reunión postuma de los mejores fuese en una cripta, en el corazón de una. mon (Continúa. Frente del monumento, Ua altura desde el umbral de la puetru a la coronación de M Cruz es de 300 metrds.