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FIGURA Y CONTRAFIGURA DE CASTA ESTEBAN L 19 de mayo de 1861, en la parro quia de San Sebastián, de Madrid, Gustavo Adolfo Bécquer contrae matrimonio con Casta Esteban Na ¡varro. (Acaso esta joven es una zafia criada, como algún grave biógrafo del poeta ha escrito sin empacho? ¿Acaso la conoció Bécquer en un mercada pueblerino, como moza feriante, que afirma otro? ¿Quién es esta gran desconocida? Es, ni m a ni menos, una señorita de la clase media española, casada con un hombre de su misma clase j social y andaluz por más señas, y que vive en el último tercio del siglo pasado. Todo hacía de ella la gran ignorada. Y lo hubiera sido para siempre si Gustavo Adolfo, cansado da la lucha, aparentemente inútil, hubiera cambiado la pluma creadora de Béoquer por la burocrática de Domínguez Bastida. Pero dejó de ser la gran ignorada para convertirse en la mal conocida, en la desfigurada Casta Esteban. Veamos lo que escribieron algunos que se llamaron amigos íntimos del poeta. En el ensayo biográfico de Narciso Campillo comienza, diciendo: Nunca ihe tomado la pluma conociendo mejor el asunto de que voy a tratar. Y termina así: Se me olvidaba decir que en 1861 hatofa contraído matrimonio; verdad es que a él parecía habérsete olvidado también, pues, apartado de su esposa, jamás le oí hablar de ella: Veamos lo que dice Eusebio Blasco. Para éste, Bácquer fue un (hombre sin biografía. ¿Puede tenerla- -añade- -quien nació, vivió, escribió, sintió y murió? Y aludiendo a Casta, escrice: Aun vive su viuda, a la que no he de negar honradez, carácter tranquilo y cualidades de mujer de su casa. ¿Pero era ésta la mujer del poeta? ¡Ah! El poeta no debiera tener nunca mujer; el matrimonio es enemigo mortal de la vida imaginativa. (El párrafo no tiene desperdicio. Completemos el cuadro recogiendo una confesión del propio Blasco: iBn honor de la verdad, ninguno de los que tomábamos café cotidianamsnte con Bécquer en el Suiza Viejo ninguno, repito, creíamos ni podíamos sospechar que al año de muerto nuestro amigo sus verses recorrerían el mundo y él figuraría- en la inmortalidad. Aquella inesperada loria fue la que convirtió en figura pública a Casta. De ella sólo se sabía que había estado separada de su marido dos años. Nadie se preocupó de estudiar aquella vida, de conocer la realidad. ¡No es taraa fácil destruir una leyenda. Pero en casos como el presente es absolutamente indispensable, sustituyéndola por estudios históricos precisos y con responsabilidad. En esa línea están los trabajes de Dámaso Alonso, Rafael de Balbüv Gerardo Diego, Santiago Montoto, etc. Documento muy interesante, si se le analiza con rigor y cautela, es el trabajo de doña Julia ¡Bécquer. No ívoy a tratar aquí del aspecto desgraciado del matrimonio de Bécquer, tema que he estudiado detenidamente en oteo lugar. Señalase tan sito dos cosas: que de los cerca de diez años que duró, octoo fueron normales y felices, y que no hay fundamento digno para calificarle de matrimonio absurdo. La familia Estelban- Navarro fue una familia acomodada y digna. El doctor Esteban ejerció la Medicina en Madrid durante más de quince años. Dio carreras a sus ¡hijos- -uno, militar; otro, marino- un primo hermano de Casta íúé magistrado en Barcelona, Con tales personas emparentó Bécquer. La educación que en este amibiente familiar recibió Cas E ta fue cristiana y digna. En cuanto a su instrucción fue, sin duda, la que entonces se daba a una joven de la clase media. Ha y un aspecto, que no he visto que nadie haya tratado, y que tiene positivo interés: ta porción de obra becqueriana que suscitó. No ¡ha (faltado comentarista que, refiriéndose a este extremo, afirme: Cada vez me confirmo más en mi idea de que fue Casta Esteban la más importante e injustificada musa de Bécíiuer. Ignoro qué cartas credenciales exigiría a una musa para quedar Justificada. A mí me basta con la importancia de la obra que suscitó. Pues bien, Casta Esteban es la musa de un fcuen puñado de Rimas (discernir cuáles sean, exigirían un espacio del que no dispongo) y fue la destinataria de las Cartas literarias a una mujer que Bécquer escribió y publica durante les meses de noviazgo y al mes de casados. Pero Ihay más, Por su matrimonio, entró Gustavo Adolfo en relación íntima con las tierras de Soria; descubrió Veruela y que no han entrado sus autores en, la entraña de este libro singular y atroz. También de él pudiera decirse que quien lo toca toca un alma desgarrada. No se vea en esto que digo una figura retórica. Enuncio sencillamente una realidad. Como cuando he dicho que es un libro atroz. Recorriendo sus páginas, presentimos la presencia de una extraña invitada a quien Casta espera y teme, ama y odia, la invoca y la rechaza. Pero, sobre todo, sabe que está allí. Sabe que es la Muerte. Es el gran trago que la ahoga en lenta agonía de náufrago; con resaca de recuerdos que la obsesionan, la martirizan, la enajenan. La dedicatoria del libro a la marquesa del Salar y el capítulo que sirve de prólogo indican claramente que su primer propósito fue envolver su problema personal en el problema genérico que hacía poco se había planteado en el mundo con el nombre de feminismo Desde hoy seamos todas hermanas, saludemos al alba que nos envía un día tan feliz de gloria al olvidar nuestras miserias, y, unidas en estrecho y cariñoso abrazo... gritemos de corazón: ¡Viva la unión de Ja mujer, creada por la mujer misma 1 Luego el libro toma un. giro distinto. Se Gustavo Adolfo Béequer y su familia óleo de su hermano Valeriano, la mole blanca y rosa del Moncayo fue olvida de las demás mujeres para no hadueño de una huerta en el sorlano pueblo blar más que de una mujer. Una mujer de Fozálmuro (que todavía ss conoce con que asoma encarnada en otras mujeres, el nombre de huerta de Bécquer con como figuras de guiñol. Y lo que es más una habitación que el propio poeta decoró curioso, en ocasiones, se esconde en figucaprichosamente y que las gentes llaman ras de hombres para decir las cosas más el cuarto del misterio De. esa gran ex- desgarradas y cínicas. Libro, en el fondo, periencia Vital nos dio seis de sus Leyen- superrealista, con sueños, cartas del otro das, sin contar las dos ds Fitsro; nos dio las, mundo, locos... Cartas desde mi celda dos trabajos más En medio de la abrasada pesadilla, hay sobre El monasterio de Veruela otro, momentos serenos, como de alma que persobre el Castillo Real de Olite; un be- donó y se sintió perdonada. Y una indellísimo trabajo sobre Tipos de Soria cible ternura corre por la pluma de Casta con dibujos de Valeriano. Con certera vi- Esteban: Pues bien, cielo mío: si es que sión escribió Antonio Machado: Gustavo nuestro amor está sentenciado al terrible Adolfo Bécquer, aquel poeta sin retórica, tormento del silencio, cuyo silencio no se aquel puro lírico, debió amarla (a Soria) le ocurrió inventar a la Inquisición jamás, tanto como a su natal Sevilla, acaso más permíteme que al menos coloque bajo el que a su admirada Toledo No quiero dejar de aludir, para termi- candado que enmudece nuestros labios nar de perfilar la figura de Casta, a su para siempre quizá, y como recuerdo a condición de escritora. En 1884, publicó mi corazón herido, las siguientes líneas, en Madrid un libro titulado Mi primer que ellas solas dicen ntás que cuanto yo ensayo. Colección de cuentos con preten- pudiera decirte, y cuyo autor quizá no te siones de artículos Esta obra primera- sea desconocido. Se trata de la Rima diecisiete de mente se ignoró, después se aludió a ella como escrita por mano mercenaria. Hoy Gustavo Adolfo Bécquer. no se duda de que su autora es Casta, Heliodoro CARPINTERO pero cuantas referencias conozco revelan