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I NSISTE un buen amigo en aue yo es- criba algo sobre Madrid. Está bien; pero el asunto Madrid me resulta difícil, y por deseo propio no lo habría escogidc. No soy madridóíüo, pero tampoco soy madridófobó. íCcmo puedo yo detallar mis sentimientos hacia la metrópoli cuando lo que más me falta es cualquier sentimiento en pro b en contra de ella? Casi tengo vergüenza de mi impasibilidad me digo a mí mismo, para reprenderme en seguida: Su actitud es incomprensible. Ya hace años usted conobe Madrid. (No se sorprendan mis lectores- que me trate de usted Las ingleses somos muy reservados. Ningún inglés tutea, ni siquiera a sí propio. Es incomprensible- reitero- que aun no tenga usted ideas suyar sobre la gran ciudad. Pero, ¡vamos a ver! Sin duda ha vivido usted en Londres. ¿No tiene ideas formadas sobre Londres? Claro que las tengo ms contesto. Venero a Londres por su alcurnia, por su serenidad, por su dominio de los siglos. Pero prefiero venerarlo de lejos. íEsos cíelos grises! ¡Esos inviernos tristes e interminables! Los moradores de Londres son de dos categorías: o son loíos o. son prisioneros. fAjá me digo, ¿Qué de París? ¿Tiene usted ideas inteligentes sobre París? Claro que las tengo- -me contesto otra vez- y muy admirativas, conforme a lo que impone- París a todo el mundo. Tan pronto como uno llega a Austerlitz c a! St. Lazars o a otra de esas estacionen, o tan pronto como baja del avión, sin, perder un momento, Parte íé. entrega a uno las ideas inteligentes que, velis nolis debe expresar sobre ella. ¡Qué ciudad más autoritaria, París! Pues- me digo Impresionado- -parece que usted sabe opinar sobre Londres y sobre París, y además- -según lo que acaba usted de susurrarme- -i, con no menos decisión se (pronunciaría sobre Roma, Lisboa, Vieña, Bruselas, etcétera; entonces, por qué no sobre Madrid? De verdad, ¿por qué no? Ignoro qué contestarme. o extraño es que de ningún modo padeaco ceguera en Madrid. Noto, y pienso que noto fielmente, muchos de sus atributos y de sus cualidades. Madrid es una ciudad bonita. Está dotada de buen clima, aunque se alega lo contrario. Tiene parques encantadores, espaciosas avenidas, iglesias de santo ambiente. Sus Ministerios son estupendos, sus oficinas polifacéticas, sus museos ilustres, y en cada esquina se erige, o está edificándose, una sucursal de Banco opulento. Madrid es acogedora, prolífera en hoteles y en pensiones. Madrid tiene una multitud, dé tiendas atractivas y bien surtidas, que venden al precio del año. anterior, y algunas incluso al del año próximo. Tiene teatros muy distinguidos, y un sinfín de cines tan populares, que no necesiten distinguirse los unas de los otros. Tiene cuarteles y hospitales y colegios, y un puñado de estafetas de Correos muy selectas y exiguas, y muchas otras de lotería, todas gordinflonas. Tiene restaurantes y salas de té y cafés y cafetuehos y cafeterías, y bares dondequiera no hay otra cosa puesta. iPero todos esos tipismos y esas características, y no pocos más, buenos y malos, los an to yo con la imparcialidad, de un arbitro de fútbol, señalando indiferentemente goles y faltas. O más bien, epn la exactitud insensible de una máquina fotográfica, que toma sin entusiasmo vistas de los sublimes Pirineos, y retrata a la gente sin jamás protestar ni gemir. No vo a profundizar en mi actitud fotográfica, buscándole- motivos o explicaciones. Basta con hacerla constar. Pero no crea que proceda de cualquiera incomprensión inherente a mi condición de extranjero. En ocasiones diversas, a peninsulares que me acompañaban, les ¡he oído manifestar una análoga neutralidad, entre negligente e indulgente, hacia la capital. Por cierto, fes nuestra capital, pero de un modo especial me explicó un día un contertulio de café, asturiano él, si bien no recuerdo. tEs la Corte, la sede del Gobierno y, por tanto, la más poblada y la dé ¡más postín de nuestras capitales. De nuestras numerosas capitales que- -como habré leído usted en los periódicosson imán dé los novios en luna de miel. AÜK ra (después de reflexionar, a mi estilo, sobre aquellas palabras, me doy cuen ta de que, a pesar de lo que ya he diohó, Madrid posee algo que aprecio sobremanera. Lo magnífico de Madrid es Que I está tan cerca de España! J. M. N. JEFFREES (Ilustración de Mingóte.