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í 1 A I 0 IL ü ST RA D 0 DE í N F 0 1 R M A C I 0 N G E N; E- R A L FUNDADO EN 1008 POR tJbti TOR 0 UAT 0 LUOA O t TINA D I A R I 0 ÍL U T R A D 0 DE I NF o Et M A C I 0- N GEN ERAL cesitó el hombre ya conservar el incendio de las exhalaciones, aunque siguiera guardando el portento inflamado y venerándole. Supo rescatar el fuego, hurtarle a su prisión, hacerle orgánico y tuvo, así, comida caliente, pero sintió un ansia nueva: el hambre de sal. Y tan ávida, tan insufrible, que el mísero, arreado hasta el último cubil de la espesura por ese cabo de gastadores, tan r p o y tan bruto, que se pone delante todos los avances humanos, se abrió una senda, una huella, en las maniguas (el Hojzweg de Heldegger en la otra selya) para llegar a una playa, a un peñasco de gema, a un lago salado, todos saben esto. También saben todos que vernáculas reminiscencias movieron al conquistador a llamar oveja a la llama y toro al bisonte (conocido por el absurdo nombre de búfalo americano Por esta vía grabó su resonancia el tránsito, dejó su voz el drama, en la extraña toponimia; de aquí viene el sonoro rastro de las dos migraciones: en pos de praderas, el rebaño (desde leguas se sentía el terremoto de su llegada como un sordo viento) en demanda de playas, la horda. Si, de aqui viene lo del Camino de la Sal y el Camino de los Toros. Cuando volvía al pueblo, después de su tanteo arqueológico, tenía enfrenta los escenarios fantásticos de O t u m b a (cien mil indios maravillosos y unos centenares de españoles, locos de atar) En la luz, la congestión de las siestas. Volvía con ponzoña en los labios, aojado, embrujado, transfigurado. ¿Dónde estaba su manta? jSu manta zamorana! Saltó una ráfaga estuosa: la fulguración de aquel feroz cacto estremecido espantó al caballo. Se iba a desbocar, sin remedio. Queriendo evitarlo, haló con lat dos manos de una rienda y le hizo girar, para cansarle. Le dio mareo. Acabó largando rienda y dejándose llevar. Cuando vio el muro ciego que le cerraba el paso, ya pensó en desmayarse. Pero aun pudo envolverse la cabeza con su manta. Parecía un trasgo enfurecido, cargando contra el polvo. Recobró el conocimiento, muy bien atendido, en casa del jefe político del lugar (una especie de alcalde rural, por entonces) Fuerte conmoción, sin lesión grave. Preguntar por su manta zaxtorana, rué lo primero que hizo. ¿Pero no estaba allí, sobre sus pies? Le había sacado de donde no se sale, del callejón que no tiene salida. La manta zamorana hace su aparición en El tren expreso de Campoamor. No sería por su aliento poético, porque claro que aquello eran versos nada tiras, pero lo cierto es que el dato influyó hasta en la geografía de los textos de segunda enseñanza. Es aqui verdad este prodigio, decíamos de la metamorfosis española; decíamos, también, que se debe, ante todo, a individualidades decisivas (a veces, quién lo ignora, es un coló hombre el que, en estos trances, decide) Y añadíamos que lo demás es como su manta zamorana, tan. milagrera. ¿Lo demás? Pongamos por lo demás. Porque, por lo demás, en Zamora no se han fabricado nunca mantas. JRamón DE LA SERNA s. p RETENDE Naumann- -y su pretensión Cs la que hoy rige- -benéfica, tras la zambullida nocturna que sobre los estratos sociales inferiores, los del acervo común primitivo, junto al filtro de los tiburones. Para los ñañigos no había filtro. No hubiera va desciende con el tiempo, la capa cultural, adquirida, de las clases superiores lido de nada, no hubiera impedido que y allí sedimenta y, a veces, se anquilosa más tarde rompieran todas las vallas e y se sobrevive. Aun dando esto por sen- invadieran el mundo. Pero él salió intado, con todo su esquema, tan simple demne de entre ñañigos y tiburones: ¡BU- -a fe que demasiado simple, ha de con- manta zamoranal Y hasta desafió lo venirse que en el XVIlI español el más temible: el asombro. La echó sobre fenómeno- -trae su origen de un desequi- el lomo de su dogo blanco y la gente, librio que empieza en el XVI- -se des- pasmada, qué más quería él, pues era dobla con carácter mucho más complejo, mozo aún. (Tiene lo ojito selestet incluso de una complejidad única, sig- También ella tenia de color seleste unos nificando, por otra parte, la génesis de ojos celestiales. Moza y prieta era la que, formas radicalmente nuevas, que podrían sacándose voz viril, le dijo luego váencontrar, acaso, en la tauromaquia, el monoss para Esspafia como ¿i fuera mejor paradigma, y que en un periodo de Grana y se burlara de Zamora. determinado del presente siglo a punto En Teotihuacán no había entonces pisestuvo de alterarse del más horrible ta, ni hotel, ni museo, ni excavaciones, modo. ni otra escenografía que la tallada por El torero, esa figura nueva, ese super- la erosión, la formada por el aluvión, la viviente, ese infante, en el ruedo viste de natural, la terrible en si misma, sin terrijinete todavia, un curioso jinete que hu- bles aditamentos. De acuerdo con esto, biera pasado ¡por el guardarropa de un lo demás: un tranvía de muías y un po ballet y hubiera cobrado un ritmo no tro chimbador. Conocía la osamenta de prestado ya por el caballero en plaza, otras Culturas como aquélla, sabía lo que porque pertenece a las raices. A algo, le esperaba allí. Le esperaba el alud pripues, que para vivir tiene que estar ente- mitivo congelado, que es la muerte con rrado. la muerte dentro; busca el pasadizo para Pero claro que estos procesos no siem- desvanecerse, pide la fosa para inhupre sobrevienen y no siempre vienen marse, quiere la lejanía para hundirse. solos, quiere decirse que pueden llegar Las generaciones sabrán de ¿1 por la muy acompañados y con muy restricta aparición espectral, por la crónica y la espontaneidad. Pueden ser obra de la cantilena, xas que por la Historia y el ¿poca y ésta se revela en las más de- cántico. cisivas individualidades que la constituIba al trote cansino del jinete solo, yen y la conforman. Encauzan almas y camino de las funerarias sombras. Se oía conforman mentís, sabe Dios por qué un gramófono fantasmal, lejano. Un grararo secreto, como el sombrerero con- mófono y sombras funerarias: era la forma la forma al cráneo, con destreza síntesis. Y sobre el arzón, su manta zaacaso no aprendida. ¿O aprendida con morana. Tan buena para el frío como dolor de centurias? para el sol, tan buena para el tiempo Esto es verdad y en ocasiones, la ver- sereno como para capear el temporal. Si dad. Y lo demás es como su craanta za- éste arreciaba, se envolvía en ella. Como morana. en Quintana Roo, por aquel sendero que Consideremos si no, brevisimaírente lo (m o a e n e l manglar (u í o d e los pútride Suecía. Eran tan camorristas, tan tos- dos manglares de Bonafoux) con la cos e ingobernables los suecos, que su marea del Caribe amenazándole, se acormás ilustre reina tuvo que abdicar. Re- daba muy bien: el pájaro negro, endununció a Suecia, renunció al Trono y recido, pairado como en las calmas, se hubiera renunciado a la vida si le hu- aselaba, aguaitando: el quebranto de la bieran obligado a vivirla allí. Mas he ola detonaba con el siniestro aullido de aqui que el sueco es hoy el hombre más las piezas recalentadas y el tornado mecultivado, más parsimonioso y más dúctil saba las palmeras. Por el Camino de la de Europa. Sal era aquello, qué bien se acordaba. Quien conoció al español bronco y Martilló el pedernal, ludió madera y la vociferante de ayer mismo, ¿podrá reco- yesca ardió y olió en sus manos. No nenocerle en ese señor tan fino, tan instruido y hasta en la vehemencia mesurado, que nos sale al encuentro? Que de lo otro haya algo en las andanadas, estará muy bien, pues estará en su sitio. El prodigio que esto significa, ¿a qué, a quién se debe, esta vez? Es aquí la verdad, este prodigio. Y lo demás es como su imanta zamorana. ¿De dónde la sacó, su manta abigarrada, el charro lío? ¿Pertenecía al fundamento, al sedimento, a la quimera? Era su sésamo, sü vara de virtudes, su alfombra imigtca. Se lo atribuía todo, i c CEREGUMIL menos lo tuerto: toda la bienandanza, lo que bien acaba, gracias a ella, por EL mal dadas que viniesen. No la soltaba. ¿0 ENFERMOS COMIÓ en La ¿Habana hacia calor a Marianao se fue, con su manta terciada. Se la rifaban los ñañigos y le cobijó, SU MANTA ZAMORANA Donde fracasa toda alimentación Triunfa (EREGUMIL