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ABC. D O M I N G O 14 DE OCTUBRE DE 1956. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 76 te que corrieron las monedas correspondientes a la acuñación de 1809, una de las cuales pertenece a la colección particular de don Domingo Sastre Salas. La rareza de estas piezas las convierte en una de las monedas más buscadas, pues apenas pasan de la media docena los ejemplares que fueron localizados, en forma esporádica, en el curso de los últimos años, y de los que se tienen noticias muy poco precisas en España. De ello nos lia hablado una de las primeras autoridades españolas en numismática: don José de Iriartc, autor del Catálogo de los reales de a ocho españoles, de que hemos hecho mención. íil Sr. Yriartc comparte la veracidad de los datos reflejados más arriba y nos dice que, en efecto, las monedas- acuñadas cu 1808 pertenecen a una, emisión de la que existen muchas piezas en toda la Península. Hay también algunas falsificaciones en latón que pueden ser fácilmente advertidas incluso por el más prciano. En cuanto al evidente contraste que existe entre el crecido número de monedas acuñadas en 1809 con la efigie de Fernando VII- -según las- noticias recogidas por algunos textos- -y los contadísimos ejemplares hasta hoy localizados, el Sr. Yriarte opina que los millares de monedas labradas de 1809 con el busto del Rey no debieron ser puestas en, circulación, como lo habían sido los de la acuñación tan extendida de 8o8, y que a la entrada de los franceses en Gerona, los invasores debieron apoderarse de toda la emisión y disponer su traslado a Francia para ser fundida y- utilizada nuevamente en la acuñación de monedas francesas. Esta operación era más ventajosa que el resellado de las mismas monedas españolas con cuños franceses, debido al mayor peso de las nuestras. Algún funcionario español o francés debió hurtar del botín las piezas que aun quedan. Resulta curioso- -y ello viene a apoyar el criterio del Sr. Yriarte- -que haya sido precisamente t n localidades francesas donde han aparecido tres de las contadísimas monedas de esa fecha localizadas hasta este momento. La última de que se tiene conocimiento fue vendida no hace mucho en París a un numismático suizo que la adquirió por especial encargo de cierto coleccionista de America del Sur. NOREÑA Le llamaron a la División después de la caída del Cuartel de la Montaña. Era teniente coronel de Estado Mayor, y uno de sus jefes calificados. -Tiene usted que firmar la papeleta de adhesión al Gobierno y prestar servicio. Don Carlos Noreña Echevarría respondió que no podía firmar, porque se consideraba identificado con los sublevados Tal era su prestigio que quien le escuchaba no cursó denuncia. El general Castelló. en la División, también al pronto se hi? o el distraído. Interesaba que una capacidad como Noreña contribuyera a organizar la desorganización, diera lustre al Ejército Popular y se absorbiese en los planes de la guerra. -Tienes que ordenar el Estado Mayor, de- la Primera División- -le decía Caste- lió, compañero suyo en las. campañas de Larache. Noreña: -Caballerosamente he de decirte que no me siento con ánimos para organizar nada que pueda perjudicar la causa de mis compañeros. Les era preciso Noreña, e insistieron n convercérle. Fue dé Castelló al comandante La Iglesia; de éste, al coronel De Benito, jefe de la Sección de Operaciones del corenel a Castelló otra vez; de la División al Ministerio de la Guerra. Repetía cortésmente su negativa, mesurado, sin alarme. No se decidían a proceder; era muy valioso. -Desdé que se alzaron mis compañeros me considero arrestado en mi casa. Me lo impone mi amor a España y mi honor. El general, al fin, mandó que le detuvieran. Estuvo en. un despacho de Capitanía breve tiempo. Los milicianos del crimen habían sido avisados. Personadas las ¡milicias, Noreña protestó: -Esta es una vejación. Soy militar y reclamo que quien me detenga pertenezca al Ejército. Los mangantes dé turno se apoderaron a la fuerza del caballero. Ellos eran el Ejército y representaban todas las categorías castrenses, y de las otras. ¡Palantei Además de la moneda que posee el señor En un automóvil pintarrajeado de leSastre Salas, en España parece ser que sólo treros, entré fusiles de sayones y mandaexisten contados ejemplares de la misma masas, que le tenían a ojo. ¡Buen pez! acuñación. Uno de ellos se encuentra tam- comentaban. Por la cuesta de San Vicenbién en Madrid y pertenece a una colec- te, a la Casa de Campo. Se fusilaba de ción particular cuyo propietario 110 quiere trescientas 3 seiscientas personas dianas. revelar su nombre. La otra moneda pertene- La Casa de Campo era uno de los matacía a la colección Cantero, famosa entre deros. los numismáticos, que fue vendida al acaPor el camino, la serenidad y calma del bar la guerra a un comerciante de Barceen los fusiladores. lona llamado Antonio López, quien la ven- reo hicieron mella hombre eres? -le pre- ¿Qué dió a su vez a otro aficionado. En la Casa guntaban. clase de de la Moneda de Madrid, enriquecida con Noreña, sin alterar su ecuánime acosuna bibliografía y colección estimables, 110 su buen hemos podido ver, sin embargo; ningún tumbrada actitud, respondía conla patrumodo- tranquilo. El cabecilla de ejemplar de la moneda de 1809. lla mandó dar la vuelta, iPocas materias habrá que se presten tan- -A esté hombre no lé mato yo; es un to, como acontece con la numismática, a hombre cabal. 1 la especulación y a la fantasía de las genLe llevaron a la Cárcel Modelo. tes, debido sobre todo a que las fuentes Había tres mil presos en la Modelo, ys que existen son escasas e incompleta? A se gastaba la broma de dejar algunos en los testimonios que tienen? u origen en do- libertad, de tradrugada, para que los micumentos y hechos históricos de incuestio- licianos que aguardaban a la puerta los nable autenticidad, viene mezclarse una agarrasen en tinieblas y- los dejaran secos serie de leyendas y anécdotas en torno a en los alrededores. También se gastaba los motivos que impulsaron la creación de la broma de condenarlos legalme- nte muchas misiones y las extrañas circuns- por no tener callos en las manos o haber tancias en que esas acuñaciones se llevaron leído el A B C. Estos eran fusilados con a cabo. Esta contusión hace, a veces, harto todas las reglas de una justicia que llacomplicada y expuesta a lapsus insoslaya- maban justicia republicana Después, bles la paciente tarea del investigador y incendiaron la k. ñera. dé acuerdo con los el celo del coleccionista. Aunnue es obvio presos comunes, pretexto de ametrallaradvertir que tal vez s? a en la leyenda v les desdé las azoteas que dominaban los la anécdota de esta afición, donde radique patios, y después, uno a uno, acabar con uso de s u 3 mayore. 3 encantos. los de renombre en los sótanos. Aún no habían inventado las sacas para Paracuellos, Torrejón, el cementerio de Aravaca y demás. Noreña fue juzgado por uno dé aquellos tribunales de sindicados, jueces de carrera en mangas de camisa democrática y vigilantes de Brigada Internacional. ¿Sigue usted identificado con ellos (con los que rescataban a España) en la actualidad? -Sigo identificado también. El defensor quiere salvarle y le muestra la puerta de escape. Habla de imaginarios crímenes de los facciosos y fascistas para que su defendido los repudie. Noreña: -No sé lo que harán, ni lo que habrán hecho. Sea lo que sea, me hago solidario. Eran codiciados el talento. y la severa conducta moral de Noreña, y se movieron algunos diplomáticos y amigos de la República para salvarle, y así decidirle a. servir a los leales Azaña se mostró dispuesto no tan sólo al indulto de la última pena, sino a elevarle de categoría si firmaba el papel de adhesión y se ponía a trabajar en un. gran puesto. El defensor de oficio entró con la propuesta cuando Noreña estaba en capilla. -Le creía a usted un caballero, pero veo que es un cobarde cuando se atreve a proponerme esa indignidad- -le respondió. Llegaba su hermana Clara, monja de la Caridad, llorando, en su traje de proletaria debido a las sobras de gente oculta. -Y tú, religiosa, ¿esos ánimos vienes a darme? -estaba impávida. Algunos presos opinaban que había conseguido la sentencia de muerte. Pero llegaba la esposa, con los hijos. Doña Blanca era digna esposa del estoico cristiano. Procuraba no alterar su paz, su impasibilidad senequista. Tan sólo exhaló una lamentación: ¡Qué será de nosotros! Noreña: -Cuando entren los nuestros, os ampararán. Estaba en la cárcel el grupo de oficiales de la Escuela de Tiro de Caramanchel, alzados contra la tiranía roja. Inmolaron a todos, excepto a su jefe, el teniente coronel Ortiz de Landazuri, quizá protegido, sin él saberlo, por algún capitosté, compañero de armas. Ortiz de Landazuri protestó de la excepción escribiendo tal carta al general Sarabia, jefe del gabinete negro del negro Ministerio de la Guerra, que asimismo fue- pasado, como pedía, por las armas. Noreña; -No ha hecho más que ¡cumplir eon su deber. Fusilaron a Noreña en la madrugada del 14 de octubre de 1936, hoy hace veinte años, en la Ciudad Universitaria. Asesinos crudos como Eduardo La Rosa y Villalobos, se espantaron de su dignidad y hombría. El diario C. N. T. hizo constar la sensación que produjo. Eso, en momentos en que el heroísmo era una vulgaridad. El general Rojo, doblemente rojo, hizo esté comentario: -Noreña es, para nosotros, la figura más admirable del Alzamiento. En las escalas militares figura a la csbeza el nombre de los preclaros. Pasan revista de Comisario el teniente Ruiz, Ve larde, Daoíz, Fernando Primo de Rivera Moreno. Ha de contestar a la llamada el oficial más joven. Desde 1939, a la cabeza de la escala figura Noreña, hombre de honor. Cada mes se lo invoca con el Cuerpo formado. ¡Teniente coronel Carlos Noreña! Con un nudo en la garganta contesta el recién llegado a la promoción, que luce con orgullo el honrado fajín, azul; Prt!