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Vista de Cssiropot. A colosal figura de don Marcelino Menéndez y Pelayo constituya uno de los justos orgullos españoles, y, particularmente, de los santanderinos, iue ante la sencilla evocación de su nombre experimentan lá gran alegría de saberlo hijo de la Montaña. Ocurre que cerca de la íigura de uno de estos hombres geniales surge siempre lf! noble ambición de querer participar do algún, modo en los distintos acontecimientos a los que se haya condicionado su vida humana, y en este caso, el articulista no pretende más que hacer públicos unos datos, según los cuales Asturias, sus hijos, han hecho posible la existencia física de don Marcelino Menéndez y Pelayo, y, como consecuencia, viven en un grado justamente más intenso de la alegría nacional que la vida del sabio polígrafo entraña. La villa de Castropol ocupa un promontorio que se asoma a las suaves aguas de la ría del Eo y la convierten, con Pigueras y IMbadeo, en un testigo constante de la excepcional belleza de estos parajes. En 1 libro sexto de bautizados de la iglesia de Santiago Apóstol, de Castropol, folio noventa y cuatro, se puede comprobar cómo el día veinte y siete de mil ochocientos veinte y tres fue bautizado solemnemente el niño Marcelino Juan, hijo legítimo de don Francisco Antonio Menéndez y doña Josefa Pintado, vecinos de la citada villa. Hs aquí al padre de Menéndez y Pelayo y a sus abuelos paternos, cuya vinculación, asturiana hemos podido localizar por los que respeta al abuelo, don Francisco Antonio Menéndez Menéndez, como nacido en Gijón el día 27 de agosto de 1778, y bautizado en la iglesia de San Julián de Labandera, según se consigna en el folio 4 S 2 de uno de los libros de bautizados de L su archivo. La abuela paterna, doña 3 Josefa Pintado, era de San Isidoro el Real de Oviedo. Insistiendo aún más en la investigación, merece la pena aclarar que los bisabuelos paternos del sabio, don Bernardo Menéndez y doña Francisca Menéndez, de las parroquias de Labandera y San Vicente de Caldones, amibas de la jurisdicción y concejo de Oijón. Por su parte, los bisabuelos maternos se llamaron don Pedro y doña Rosa Fernández de la Llana, vecinos de la parroquia de San Pedro, de Oviedo. Como dato curioso vamos a referirnos al padrino de pila de don Marcelino Juan Menéndez Pintado. Fue don Gabriel Rodríguez Valdés, quien, en un documento que tengo a la vista, fechado en Madrid el año 1820 y dirigido a las Cortes, aparece en calidad de alcalde constitucional. En la villa de Castropol tuvo, desde la infancia, el padre de Menéndez y Pelayo un amigo, don José Ramón Fernández Luanco, que fue rector de la Universidad de Barcelona, y en cuyo domicilio el sabio polígrafo vivió en sus tiempos de estudiante, y al que cita con cariño con frecuencia. En el cementerio- de la villa yacen otros parientes muy próximos a don Marcelino, también asturianos. He aquí por qué Asturias también se siente orgullosa de don Marcelino Menéndez y Pelayo. Concluiremos señalando que ahora que s? acerca la fecha del traslado de los restos del sabio a la Catedral santanderina, en el pueblecito de Moldes (Castropol) vive don Marcelino Menéndez Martínez, capitán retirado de la Marina Mercante, primo hermano del maestro y quizá- el pariente más cercano actualmente con vida. Entendemos que al acto proyectado en Don Marcelino Juan Menéndez Pintado. (Padre de Menéndez y Pelayo. honor del genio no debe faltar uno de sus familiares. Don Marcelino, a quien Clarín recuerda en los epistolarios publicados su ascendencia astur, para explicar muchas cosas, no perdonaría un olvido semejante. Todos sabemos, asimismo, de su exacto sentido de la justicia a la hora de entender las cosas de este mundo. Manuel FERNANDEZ AVELLO