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ABC. M A R T E S 12 DE J U N I O DE 1956. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 43 mero del Castillo, Alvarez de Sotomayorj Aznar (D. Severino) Fernández Almagro, Martínez Kleiser, García Gómez, García de Diego, Castañeda, secretario de la Acadecia de la Historia, y el general Díaz de Villegas, director general de Marruecos y Colonias. También expresó su pésame el teniente general duque de la Torre. Don Agustín González de Amezúa y Mayo nació en Madrid el 30 de agosto de 1881. Cursó el Bachillerato en el colegio de los Padres Jesuítas de Valladolid y estudió la carrera de Derecho en la Universidad madrileña, donde se doctoró en 1902. Su afición a las Letras, como él mismo declaró, se debió a un rnciivo puramente familiar: a la magnífica biblioteca- -una de las mejores de España en su tiempo- -heredada de su tío D. Ramón Nocedal, fundador y jefe del partido integrista, cuyo nombre va asociado al de El Siglo Futuro y a una época brillante del parlamentarismo español. Ya antes de morir Nocedal, que estaba casado con. una hermana de la madre de González d. e Amezúa, curioseaba frecuentemente nuestro biografiado los volúmenes raros y libros viejos de aquella espléndida colección, que después pasó a su poder. Y así nació su vocación de escritor y de investigador infatigable. El primer artículo lo escribió en 1906. Era una crítica musical del oratorio de Perossi, La resurrección de Cristo estrenado en el teatro Real aquel mismo año. Poco después, en 1908, hizo en la Revue Hispanique de París, sus primeras armas eruditas con un estudio que llevaba por título Un dato para las fuentes de El médico de su honra de Calderón En esa misma época preparaba su primera obra extensa: una edición crítica de El casamiento engañoso y el Coloquio de los perros nóvalas ejemplares de Cervantes. La edición concluyó cuando Amezúa tenía veintisiete años. El premio fue la medalla de Oro de la Real Academia Española, que publicó la obra. Ya consagrado como escritor de fuste conoció y trató a quienes iban a ser sus maestros y guías en la carrera literaria, tan brillantemente iniciada. Nos referimos a D. Marcelino Menéndez y Pelayo y a D. Francisco Rodríguez Marín. Por cierto, que D. Marcelino quiso, poco antes de morir, revisar las pruebas de la edición crítica cervantina de González da Amezúa. Las correcciones del insigne polígrafo fueron conservadas por D. Agustín como preciada reliquia, hasta que desaparecieron bajo la barbarie marxista de 1936. El académico que acaba de fallecer unía a su talento literario grandes dotes de fi- nanciero y alternaba el mundo de los negocios con el de la literatura. Pronto con- quistó una posición social destacada, a lo que contribuyó no sólo su inteligencia, sino sus exquisitas cualidades da caballero y la bondad innata que reflejaba en todos los actos de su vida. Además, era creyente sincero y profesaba inalterables y profundas convicciones patrióticas. Hombre de sociedad y de hogar, a la vez consagró muchas horas a su casa y halló en su esposa, la respetable dama doña Primitiva de Noriega y González, una ejemplar y dignísima compañera, que le animó y fortaleció en muchas ocasiones. En 1922 empezó a bucear intens- ment 9 en la vida y la obra ds Lope ás Vega a consecuencia de un gran acopio de matei ríales que hizo para escribir una historia de la novela española en el siglo XVI. El resultado fue el epistolario inédito del Fénix de los Ingenios publicado dssde 1935 a 1944 en cuatro grandes tomos. Su copiosa labor investigadora y literaria le llevó a la Academia Española en 1923, en cuya corporación ingresó en 1929 con la lectura del discurso Formación y elementos de la novela cortesana Elegido académico de la. Historia en 1942, tomó posesión de su cargo en 1944. El tema de su discurso de entrada fue esta vez Una reina de España en la intimidad: Isabel de Valois Un año después, en 1345, disertó en la Academia de Jurisprudencia DON AGUSTÍN GONZÁLEZ DE AMEZUA FALLECIÓ EL DOMINGO EN MADRID Era director de la Real Academia de la Historia y pertenecía también a la Española y a la de Jurisprudencia y Legislación ILUSTRES ACADÉMICOS DE LA LENGUA Y DE LA HISTORIA OPINAN ACERCA DE LA OBRA Y LA PERSONALIDAD DEL GRAN ESCRITOR El domingo, a las nueve de la noche, falleció en Madrid el gran historiador y escritor D. Agustín González de Amezúa, director de la Real Academia de la Historia y miembro de número de la Española y de ía. de Jurisprudencia. El ilustre finado, que contaba setenta y cinco años de edad, hizo el sábado su vida normal, hasta el punto de asistir a un almuerzo en la Embajada argentina. Pdr la noche cenó frugalmente y se acostó sin la menor molestia. Sin embargo, a las cinco de la mañana del domingo se encontró mal. El médico de cabecera, doctor Rodríguez Zabaleta, desde el primer momento advirtió a la familia la gravedad del caso, ya que se trataba de una angina de pecho. Avisados entonces con urgencia algunos especialistas, el cardiólogo doctor Duque y el doctor Del Corral, aplicaron al paciente todos los medios de la ciencia. El enfermo tuvo durante el día distintas alternativas, siempre acentuándose su gravedad. No perdió sus facultades mentales, por lo que se dio cuenta perfecta 1 de su estado, y pidió los auxilios de la Iglesia católica, recibiendo con fervor los Santos Sacramentos. A las siete ele la tarde llegó de, Toledo, avisado por la familia, el doctor Marañón, con quien el señor Amezúa habló y le agradeció la visita. El director de la Academia de la Historia expiró a las nueve de la noche, rodeado de su esposa, doña Primitiva de Noriega y González, y de sus hijos. Su hija María del Buen Consejo había llegado por la mañana procedente de París, para donde había. salido el día anterior. La noticia del fallecimiento del Sr. González de Amezúa se extendió rápidamente por Madrid, y produjo general consternación entre los hombres de letras. Numerosas personalidades acudieron al domicilio del finado para: dar el. pésame a la familia, entre ellas los académicos señores marqués de Luca de Tena y Sánchez Mazas. LA CAPILLA ARDIENTE El cadáver, amortajado con hábito franciscano, fue depositado en la bibliotecadespacho del ilustre académico, amplio recinto repleto de libros y con escalera y pasarelas para alcanzar los volúmenes de las estanterías superiores. Un r e d a c t o r de A B. C pudo observar que estaban colocados en una mesa de esta habitación los retratos de D. Marcelino Menéndez y Pelayo, los hermanos Alvarez Quintero y D. ¿Francisco Rodríguez Marín. Cerca del féretro había varias coronas, entre ellas una del ministro de Educación Nacional, y otras de la Biblioteca Nacional, de la Embajada de Cuba y del Instituto de Estudios Ma- drileños, de cuya entidad fue primer presidente el señor González de Amezúa. En las primera horas de la mañana de ayer, se dijeron tres misas en la capilla ardiente, una de ellas oficiada por el padre Sopeña. Los testimonios de pésame de Madrid, provincias y el extranjero, llegaban en gran cantidad, y numerosas personalidades acudieron a la casa m o r t u o r i a para expresar su sentimiento a la familia doliente. Recordamos, entre otras, al ministro de Asuntos Exteriores, señor Martín Artajo; el presidente de las Cortes y del Consejo del Reino, D. Esteban Bilbao; al presidente del Consejo de Estado y del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, señor Ibáñez Martín; al almirante Estrada y a los señores Sánchez Cantón, Ga-