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C OMO c o n s e cuencia de las observación e s hechas sobre los fracasos de la agricultura m o d e r n a de que tiernos hablado en el artículo anterior, empieza a comprenderse que la repoblación forestal, el cultivo en terrazas el arado del suelo en curvas de nivel y demás remedios que se han propuesto, y que se van adoptando para evitar la erosión del suelo, con todo y, ser acertados y necesarios, no son suficientes y pueden actuar como soluciones a medias, contribuyendo a hacer el problema más confuso y difícil de resolver. El cultivo en terrazas y el arado en curvas, conocido en muchas regiones del mundo d e s d e hace más de cuatro mil años, ha sido descubierto de nuevo por la agricultura moderna no t a n t o EL PROBLEMA AGRÍCOLA Y SU SOLUCIÓN Alimentos sanos para sus productores ton Jas materias primo mas indispensables de te industrio ra y que han tenido c o m o resultado la rápida depauperación del suelo agrícola en. los tiempos actuales. Este proceso empieza siempre con la pérdida de humus y materia orgánica, a ausa de un cultivo Intensivo y exceso de cosechas, por un lado, y falta d fertilizantes orgánicos por el otro. El resultado í nal es la erosión y un empobrecimiento progresivo del suelo. FUNCIONES BIOLÓGICAS BEL SUELO el cultivo en terrazas, el arado del suelo en curvas de nivel, no ficiente para proteger el suelo contra la erosión, sino más bien para seguir extrayendo cosechas de un terreno que, sin estos remedios, seria ya improductivo. El empleo de abonos verdes es otro remedio a medias en la rehabilitación del suelo, ya que su éxito depende enteramente de la cantidad de humus y microorganismos que el suelo contenga para descomponer y transformar en humus, la materia orgánica que en él se entierra de esta forma. O dicho de otra manera, la medida es excelente para mantener y mejorar la fertilidad de un suelo agrícola relativamente bueno. Pero para un suelo empobrecido, el abono verde es ineficaz, porque la descomposición microbiana no puede producirse a menos que se tomen las medidas adiciónales y biológicas de que hablaremos más adelante. Para conservar la fertilidad del suelo es necesaria una rehabilitación b i o l ó g i c a del mismo, que ninguna nación se ha planteado, en parte por la gran confusión existente en cuestión de causa y efecto en el ámbito agrícola y en parte por la falta de comprensión de los importantes factores biológicos que entran en el tratamiento del suelo. En verdad se diría que hemos desdeñado completamente los descubrimientos más brillantes y que nos hemos aferrado, en cambio, a los equivocados. Empezando por Pasteur, reconocido como el padre de la microbiología, se inició desdé 1890 hasta 1910 una edad de oro de extraordinarios descubrimientos referentes a la vida microbiana del suelo. En 1930 tuvo lugar el descubrimiento revolucionario de las fungosidades productores de micorriza por Molin y Raynor, que demostró que las plantas no sólo pueden asimilar simples sales minerales, sjno también combinado- nes orgánicas completas. El nunto culminente parece haberse alcanzado con el descubrimiento por Fleming de la penicilina, primero de una sensacional serie de antibióticos; substancias producidas por los microorganismos del suelo para combatir, la enfermedad en la tierra, en las plantas, en los animales y en el hombre. Estos microbios abundan en un suelo fértil. en el que, lo mismo que muchos otros tipos, descomponen y transforman la materia orgánica en humus. Todo lo dicho constituye un conjunto de conocimientos revolucionarios respecto a la parte viva del suelo- -la bacteria, las fungosidades y los protozoos- cuyo medio ambiente es el hunfus, y sin los cuales no habría cosechas ni otras formas de vida. Pero la práctica moderna de la agricultura sigue apoyándose ciegamente en los antiguos preceptos de Líebig, cuyas teorías referentes a alimentación de las plantas por fertilizantes químicos, publicadas en 1840, se basaban en el desconocimiento de la existencia del humus y de los microorganismos del suelo. Huelga entrar aquí en el detallé de las teorías de Llebig, que en su tiempo no dejaban de ser brillantes, pero que quedaron completamente anuladas por los descubrimientos de Pastsur, veinte anos después, y muchas veces más por los trabajos de sucesivos investigadores del suelo. Ya es hora, sin embargo, de que se reconozca que si bien los fertilizantes químicos aumentan los rendimientos, su empleo adecuado no es el de reemplazar a los fertilizantes orgánicos, sino el de servirles de complemento. Cuantos más fertilizantes químicos, semillas híbridas o riego artificial se empleen para aumentar los rendimientos, más crecida es la cantidad de humus y materia orgánica consumida para obtener esas mayores cosechas, y mayor la necesidad, por lo tanto, de fertilizantes orgánicos para evitar la pérdida de fertilidad del suelo. Cuando la proporción de materia orgánica en un suelo determinado desciende de cierto mínimo, este suelo, es ya incapaz de producir cosechas por grande que sea la cantidad de fertilizantes químicos que se aplique. Esta situación se presenta ya en una parte importante de la tierra cultivable del mundo. Una tierra sn estas condiciones continuará empobreciéndose, aúneme se sunriman las cosechas, y el problema de su rehabilitación irá empeorando. Estos son los principios, tan sencillos como indiscutibles, que se han desdeñado en la práctica moderna de la agricultu- La reconstrucción- biológica del suelo, paso que- el mundo debe decidirse a dar con toda urgencia, tendrá otras Importantes consecuencias tan sorprend e n t e s como hala g ü e ñ a s para el agricultor. Este no tendrá ya necesidad de preocuparse de los indispensables elementos son soluciones su secundarios y o l i goelementos- -hierro, magnesio, a z u f r e zinc, cobre, níquel, manganeso, cobalto, boro, molibdeno, etcétera- Estos minerales rara vez faltan en el suelo agrícola. Lo qus ocurre es qus no son asequibles a las plantas para su crecimiento porque están encerrados en combinaciones rocosas insolubles. Al restablecer la fertilidad del suelo, con la presencia de millones de microorganismos en cada gramo de tierra tun buen fertilizante orgánico tiene miles de millones por gramo) los elementos importantes secundarios y oligoelementos se irán liberando y haciéndose asequibles a las plantas para su desarrollo en las proporciones y variedades que sean necesarias. Téngase presente, asimismo, que en un buen fertilizante orgánico no faltan nunca estos mlcroelementos. Estas deficiencias son normales y perfectamente lógicas en los suelos empobrecidos, pero no en un suelo fértil. Ello no encierra misterio alguno, ya que es un hecho biológico perfectamente establecido. La agricultura moderna, sin embargo, lo descuida por completo. Se aconsejan métodos tan complicados y costosos como, por ejemplo, el de añadir cinco kilos da un producto químico, seis kilos de otro, siete de un tercero y ocho de un cuarto por hectárea, y algún tiempo después se descubre que se requieren unos kilos más de algunos otros elementos. Y añadir cinco kilos por hectárea de un elemento del que la tierra no tolera más que tres, puede sel más perjudicial eme no añadir nada, er vista del efecto tóxico de estos producto! químicos. Es, desde luego, prácticamentf imposible suministrar todos los oligoelementos por medio de productos sintéticos No hay otra manera práctica de lleval esto a cabo que la de reconstruir la fertilidad por medio de los microorganismo y dejar que éstos hagan la labor de producir plantas sanas y vigorosas, cosa que desde que el mundo es mundo, han venido haciendo de una manera tanTiérlecísí. Esto fue conclusivamente demostrado hace unos mil años por la agricultura máa perfecta que la historia registra, y de esto nos ocuparemos en el próximo artículo. Eric EWESON Ingeniero bioquímico