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Holanda tiene una estatua... N mis dos primeras visitas a este país no había caído en ello. 7 hoy, de pronto, lo he observado: en Holanda apenas hay estatuas. NI estatuas, ni grupos escultóricos, ni monumentos. He visto tres esta semana, y los tres me han llenado de asombro. Los dos primeros los vi hace tres días, con motivo de un rápido viaje que hice a Leeuwarden, la capital de Frisla. Allí se encuentra uno de los mercados de ganado vacuno mas famosos del mundo. En toda la ciudad no hay más que dos esculturas. Una representa al dios del Comer ció y la otra... lia otra representa a una vaca frisona. Pero el monumento verdaderamente asombroso y conmovedor no lo he encontrado en Frisia, sino en Spaarndam, a un paso de Haarlem. No está dedicado al dios del Comercio, ni a un tulipán, ni a Un personaje célebre. Representa a un muchacho, a Peter el hólandesito. ¿Quién era este Peter? Aquí es donde, de verdad, nos adentramos en uno de esos detalles, curiosos y profundos, con que a veces nos topamos, como en sueños, en la vida holandesa. Creo que ninguna ciudad del mundo puede presumir de tener un monumento con una historia tan inesperada y simpática. Para empezar por el principio, como es de rigor, hemos de retroceder hasta finales del siglo pasado. Fue entonces cuando la escritora yanqui Mary Mapes Dodge escribió un libro titulado Hans Brinker y los patines de plata Tuvo un éxito enorme en Norteamérica y fue. traducido rápidamente a diversos idiomas. En este libro se hablaba de un hólandesito amigo de Hans, el pequeño Peter, que de hecho se transformó en el verdadero héroe de la obra. Contaba la autora cómo en una noche tempestuosa las aguas amenazaban inundar las tierras de Spaarndam, Haarlem y sus alrededores. Embestida tras embestida, el agua había abierto un diminuto agujero en el dique. De no remediarlo Dios, el agujero se iría ensanchando, ensanchando, y la catástrofe, la temida, horrible catástrofe de la inundación, se les echaría encima. Así las cosas, he aquí que por allí pasó Peter. Vio el diminuto agujero y en un santiamén comprendió lo que podría suceder. Comenzó a gritar pidiendo ayuda angustiado. Pero nadie le oyó. Ni corto ni perezoso, sin pensar en el riesgo, Peter taponó con su dedo, y luego con la mano, el agujero en cuestión. Y llegó la noche; y pasó; y Peter seguía en vela, torturado por la inmovilidad, con su mano amoratada pegada al dique... Por la mañana le vieron unos campesinos, que acudieron en su auxilio y taponaron la brecha diminuta, Haarlem y la comarca se salvaron de E Monumanto a ti rtn no mayor de todo lo ohloo del mando. una Inundación que p u d ó ser terrible. La heroicidad de Peter fue aplaudida por miles de lectores. Se convirtió en un héroe de leyenda, en el ejemplo de las virtudes ciudadanas. Fue el hermano mayor de todos los chicos del mundo. Los padres y los maestros de escuela le ponían como ejemplo. Muchos extranjeros, en cuanto pisaban Holanda, sé Iban a Spaarndam y a Haarlem y preguntaban, curiosos y emocionados, si aun vivía Peter. Ilusionados, -preparaban sus máquinas fotográficas para tirar unas placas del monumento erigido al hólandesito. ¿Qué decirles? ¿Cómo Indicarles la calle o la plaza en que se había erigido una estatua a Peter? ¿Cómo indicarles el dique én cuestión o decirles si el muchacho vivía o había fallecido? Porque se daba la circunstancia de que la escritora yanqui había inventado esta historia desde el principio hasta el final. Y el pequeño Peter. el fabuloso héroe, el muchachito vallente. ni siquiera había existido. Al fin, las autoridades holandesas- -las mismas que, layt, levantaron en Leeuwarden un monumento al dios del Comercio y otro a la vaca frisona- -adoptaron una curiosa decisión. Erigirían un monumento a Peter! Y lo erigirían, además, en el lugar que la escritora citaba como escenario de su heroicidad. Fue como un lírico gesto de ofrenda simbólica. La estatua fue inaugurada en 1860. La princesa Margarita, tercera de las cuatro hijas de la Reina Juliana, fue la madrina, efectuando asi, públicamente, su primer acto oficial. Y ahí está ahora Peter, en Spaarndam, inmortalizado en bronce, con la rodilla izquierda éh tierra y taponando el agujero del dique con la mano derecha. Al pie hay una inscripción en holandés e inglés que dice: Dedicado a nuestra juventud como homenaje al muchacho que simboliza la perpetua lucha de Holanda contra el agua. Luis DE CASraESANA